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¿De qué habla el libro que regaló Pablo Iglesias a Obama?

¿Sabe Pablo qué le ocurrió a la Brigada Lincoln? En otro de sus gestos de soberbia el líder de Podemos regaló un libro sobre una unidad militar de medio pelo de los años 30.

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Los regalos de verdad, hechos para una persona a la que se quiere o respeta, se escogen con la idea de agradarla y sorprenderla. En cambio, los regalos de compromiso o pensados para mostrar al compañero de trabajo, al cuñado, o a la audiencia —como ha hecho Pablo Iglesias en otro de sus gestos de soberbia— revelan los gustos del supuesto generoso.

Pablo Iglesias nos hizo saber que había regalado al presidente Barack Obama un libro sobre la Brigada Lincoln, una de las unidades que compusieron las Brigadas Internacionales, organizados por la URSS y sus esbirros en Europa y América para la guerra civil española. La Lincoln la integraban ciudadanos de Estados Unidos.

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Batallón Lincoln

El caso del Batallón Lincoln (llamado Brigada por motivos propagandísticos, como los nacionales llamaron Brigada Irlandesa a los voluntarios de este país, que sumaban los efectivos de un batallón, unos 700) es una muestra de la vinculación de la Komintern con las Brigadas Internacionales: la mayor parte de sus miembros provenía del PC de EEUU. La unidad participó en varias batallas (Jarama, Brunete, Belchite y Teruel), en todas de las cuales fue derrotada por las tropas nacionales. Como Dios, perdón, Stalin manda, tuvo la odiosa figura del comisario político: Harry Haywood, comunista a machamartillo.

El caudillo de Podemos podía haber escogido  Populismos, de Chantal Delsol, que explica los motivos del ascenso del populismo, como la ruptura entre las elites, abanderadas de los valores exacerbados de la Ilustración, y el pueblo llano, reacio a prescindir de su identidad y su arraigo. O La gran estafa, donde Miquel Puig desmonta la recuperación económica española alabada por Obama. Pero prefirió dar como su tarjeta de visita ante el presidente de la primera potencia del mundo un libro sobre una unidad militar de medio pelo de los años 30, encima vencida. La izquierda española, al igual que los separatistas, gusta de conmemorar derrotas propias o de sus mayores (la guerra de Sucesión, la revolución de octubre de 1934, las carlistadas, la toma de Granada…). Como hacían los abuelos franquistas, por cierto.

¿Qué revela Iglesias con el regalo de ese libro? Primero, ya lo he dicho, su vanidad. Y después su manejo del agit-prop, su manipulación de la historia y, para mí lo peor, su anclaje en el pasado, en un pasado de mentira y de guerra civil. Iglesias y su secta no descansan en su objetivo de adaptar la sociedad española a sus prejuicios, mientras la derecha sigue confundiendo la inteligencia con la capacidad de memorizar temarios para oposiciones y la política con cuadrar un presupuesto.

Al menos se ha producido un cambio en la percepción que tiene la izquierda de EEUU. Ya en la Transición el PSOE de Felipe González explicó su oposición al ingreso en la OTAN no sólo por el riesgo para la paz mundial, sino, también, porque la alianza militar no había traído la democracia a España. En 2006, Josep Borrell promovió en el Parlamento Europeo, que entonces presidía, una condena al franquismo a la que él añadió un reproche a EEUU por no haber intervenido en España. Seguro que el bravo Borrell se habría sentido orgulloso de que su pueblo de los Pirineos se hubiese convertido en cabeza de puente de los libertadores.

Al menos durante unos días, para la izquierda española del futuro, como la llama Jesús Laínz, EEUU no es el protector del dictador Franco, ni el invasor de Irak, sino la patria de la libertad y del progresismo.

¡Qué paradojas tiene la vida! El primer presidente de EEUU que visitó España fue Dwight Eisenhower, en 1959. Éste había sido el generalísimo de los Aliados en África y Europa occidental y había recibido la rendición del III Reich en Reims. En Madrid se abrazó con el general vencedor de la Brigada Lincoln. 

No es que la izquierda española ignore la historia, es que ignora la realidad y vive en una especie de Call of Duty, en que la humanidad, o sea ella, combate a una invasión extraterrestre franquista.

Lo malo es que con semejantes frikis, y semejantes derechistas, la sociedad española no puede construir un proyecto compartido por la mayoría.

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