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Glosario de palabras y expresiones odiosas

Hay palabras y expresiones usadas como comodín pretendidamente cultista.

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Diccionario de ciencias y letras | LD

Colectivo. El mundo se ha llenado de "colectivos". Ya no hay "abogados", "conserjes", "divorciados" o "desempleados" a secas. Hoy lo que existe es el "colectivo de abogados", el "colectivo de conserjes" o el "colectivo de divorciados". En todos los casos el "colectivo" suele ser algo más que una suma de personas más o menos categorizadas. En realidad un colectivo que se precie debe quejarse de alguna afrenta presente, pasada, real o imaginaria y, sobre todo, debe reivindicar alguna indemnización, prebenda o subvención con premiosa ansiedad. El colectivo más abundante es el de los bobos y el de los corruptos, habitualmente coincidentes en un mismo colectivo también llamado rebaño.

Dantesto y/o kafkiano. Otro comodín pretendidamente cultista muy usado generalmente por quienes no habiendo leído a Kafka ni a Dante probablemente creerán que se trata de jugadores de la selección checa o italiana. Sin embargo, en su estricta literalidad si podríamos decir que "la Justicia española es kafkiana". Recordemos que el Sr. K. de "El Proceso" no logra averiguar en toda la novela de que se le acusa...

Emprendedor. El empresario o comerciante de toda la vida pero investido de un aura de magnificencia e innovación que se le niega a nuestro tendero de barrio por más que lleve toda su vida emprendiendo sin contar con ningún tipo de recursos ni apoyo institucional.

Marca España. ¿A qué mamarracho acomplejado se le ocurrió ese largo e innecesario rodeo para referirse a nuestro país, esto es, a España? Querer reducir España a una "marca" supone degradar nuestra larga y rica historia a un simple producto de supermercado. Y tal como están los supermercados hoy en día, tampoco eso parece un buen negocio. Y, digo yo, si España es una "marca"¿Qué fue entonces el Descubrimiento de América? ¿Una franquicia? ¿Un contrato de "Know-How"? ¿El montaje de una civilización "llave en mano"? ¿Una Joint-venture con las comunidades precolombinas? ¿Una Opa hostil?

Quizás la cosa empezó hace años cuando alguna mente preclara - recién salida de un caro M.B.A. y con ganas de distinguirse en su nuevo cargo de subdirector general de algo- comenzó a hablar de industrias culturales o del español como recurso económico. Nadie duda de que nuestro idioma y cultura son universales y si ello lo interpretamos según criterios economicistas es evidente que cuenta con millones de "clientes". Pero uno, que es algo clásico, prefiere seguir considerando a Cervantes como un genio de nuestras letras y no como un agente comercial.

Muy enriquecedor. A menudo suele ser un eufemismo elegante y piadoso del "ha sido aburridísimo" o "no me ha aportado nada de interés, salvo aprender a sofocar los bostezos". Dada su proliferación a diestro y siniestro, debe de ser usado con precaución y no conviene decir, por ejemplo, "la bomba de Hiroshima fue muy enriquecedora".

Poner en valor. ¿Cuándo y quien decidió cargarse "revalorizar" o directamente "valorar", "Reconocer (el valor de algo)" o "destacar" para sustituirlo a mansalva por ese chirriante galicismo de "poner en valor"? (nota: el Diccionario de Español moderno de Seco - que no es la RAE- lo acepta pero en muy restringido uso).

Políticas progresistas. Lo odioso de la construcción no es tanto su literalidad (cualquier ciudadano normal desea que las sociedades progresen) cuanto su uso abusivo - a modo de comodín o salvoconducto moral- para encubrir políticas absolutamente reaccionarias, tales como algunas ideologías totalitarias del siglo pasado (comunismo) o los "hechos diferenciales" del nacionalismo étnico (fundamentados en leyendas áureas de un pasado incierto). Parafraseando a Savater, ser progresista supone no solo innovar sino conservar lo bueno conseguido.

Restaurador. Aristocracia de la cocina. Ebanista que harto de restaurar muebles para no salir de pobre se ha pasado al negocio de la hostelería y de los fogones en donde con un poco de suerte terminara escribiendo libros tipo "mindfulness culinario", aconsejando a matrimonios en crisis o desfilando en la Pasarela Cibeles. El moderno restaurador es cómplice y colaborador necesario de la "cocina deconstruida", en virtud de la cual sus víctimas pueden morir de hambre al tiempo que se arruinan. A diferencia del restaurador de muebles de toda la vida, si su deconstrucción no es bien recibida siempre puede comérsela y morir con dignidad.

Sinergias. Palabra comodín, de regusto cultista, aunque a menudo su usuario no sabría cómo definirla por más que intuya su probable significado. Mezclada en la coctelera con "emprendimiento" y con "poner en valor" otorga a quien la esgrima un barniz de hombre moderno que le abrirá las puertas de cualquier colectivo.

Todas y todos. Basta imaginarse una re-edición de "Guerra y Paz" o "El Señor de los Anillos" adaptada al llamado lenguaje no sexista, para hacerse una idea del volumen que cobrarían las novelas, el tamaño ciclópeo de las bibliotecas y la subsiguiente mengua de todos los bosques del planeta. El lenguaje no sexista, aparte de ser en su mayor parte una forzadísima tontería, es anti-ecológico, anti-gramatical y sobre todo aburridísimo. Dicho esto desde mi convicción clarísima de que el hombre y la mujer son iguales en derechos y obligaciones y que ese derecho universal no debería atentar contra la gramática ni la economía del lenguaje. La sublimación de este uso no sexista y lo que cualifica para acceder a un nivel 7 Dan de este arte enrevesado es el uso intensivo de la @, por si no lo sabían, querid@s lector@s.

Yo es que soy así, como atenuante de algún vicio o enfermedad moral. Alguien haciéndose pelotillas, eructando o destrozando el mobiliario urbano con un bate de béisbol suele decir a continuación el salmodio que le exime de la marginación y repulsa social: "¡Yo es que soy así!". Y entonces el público lo mira comprensivo y hasta paternal. Es así, claro, y hay que entenderlo. Es un guarro, pero es que es así. Y es además sincero por decirnos que es un cerdo y lo queremos por ello. Tal afirmación a menudo desvela a un pedazo de carne con ojos poco proclive al cambio y a la mejora y, por lo tanto, un energúmeno en potencia.

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