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Eric Jiménez, de Los Planetas: "Hay más chorizos en la música que en una carnicería"

LD conversa con el baterista a propósito de la autobiografía que acaba de publicar: Cuatro millones de golpes (Plaza y Janés, 2017).

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Eric Jiménez posando para LD | David Alonso Rincón.

A Ernesto Jiménez Linares (Granada, 1967) lo empezaron a llamar Eri –de "erizo"– por cortarse el pelo al estilo cepillo. Desde entonces, al baterista se le conoce como Eric. "En los créditos de cada disco –cuenta– me lo siguen escribiendo de mil maneras distintas: Erik, Eric, Erick". Nació en una ciudad todavía "enturbiada" por la muerte de Federico García Lorca. Su padre, un caballero de confesión permanente, nunca fue el marido de su madre y nunca dejó a su esposa pese a las –típicas– promesas. Jiménez creció, se rodeó de Makinavajas y la música evitó que se convirtiera en un delincuente. Se casó con 16 años y vivió la cara más sanguinaria del amor. Se drogó. Se hizo un nombre en el circuito musical granadino y fichó por Lagartija Nick y Los Planetas. Conoció a Enrique Morente y formó parte de Omega. Siempre buscó la paz; la encontró no hace demasiado. Todo esto lo repasa –y mucho más, es evidente– en la autobiografía que acaba de publicar, Cuatro millones de golpes (Plaza y Janés, 2017), y que sirve a LD como pretexto para conversar con el músico.

P: Es todo un desafío conversar con alguien que piensa que las entrevistas "son una parafernalia comercial que no tiene mucho sentido".

R: Yo he dicho que las entrevistas son esas cosas en las que… (piensa) cuenta uno y gana el otro (risas). Lo que no tiene mucho sentido es hacer entrevistas con medios digitales que, a veces, utilizan los like, se salen del contexto y se meten en algo sensacionalista para que su artículo sea más visitado.

P: ¿Ha tenido malas experiencias con periodistas?

R: No malas experiencias. Sencillamente, es parecido a los estudios de grabación, con el corta y pega. Escuchas una canción y, probablemente, el grupo no ha tocado esa canción y, con el corta y pega, los productores han hecho otra. Van cortando partes, metiendo arreglos en un sitio y en otro… Yo creo que, desde hace bastante tiempo, el corta y pega lo hacen muchos periodistas para que, al final, quede la visión que el periodista quiere dar. Por eso, muchas veces me he cagado en algunos periodistas, porque utilizan tus palabras fuera de contexto.

P: Señor Jiménez, ¿qué es el arte?

R: Uff… (piensa) Para mí, el arte es cualquier expresión artística que salga totalmente de dentro, desde muy dentro, y en la cual no haya que forzar nada a la hora de sacarla. Es fluida, directa. Es una manifestación de sentimientos expresados de muchísimas maneras: puede ser verbal, puede ser bailando, puede ser pintando… Es como un desnudo con muchas texturas y diferentes paletas de colores.

P: ¿Por qué odia la palabra "artista"?

R: Porque la palabra "artista", sobre todo, se la autoconceden los artistas. Cuando yo hablo de gente que hace arte, no tengo ningún reparo en decir que es un artista; pero cuando se habla en primera persona, me parece un egocentrismo de tres pares de cojones: "mi arte, mis flores, mis cosas". Es como cuando la gente habla en tercera persona: "Eric es…". ¡Por Dios y por la Virgen! ¡Odio, detesto eso! En esta profesión hay mucha tontería y mucha gilipollez. Hay mucha gente que, antes de hacer el grupo, se crea el personaje: se marca unos roles, se lee unas biografías… Se acaban creyendo unos códigos y se meten en un papel de payaso, o de lo que sea, y se tienen que quedar toda su puta vida con ese papel de payaso porque, si no, la gente se da cuenta de que no son artistas, sino un fraude. La mayoría de los artistas son un fraude.

P: Qué bueno eso que decía Morente de que "es muy importante escuchar a la gente para hacer lo contrario".

R: Totalmente. Si todos estuviéramos haciendo lo mismo, si tuviéramos el mismo punto de vista, sería aburridísimo. Yo siempre he dicho que los Rolling Stones y toda esta gente que llena estadios tienen que ser malísimos: cuando a tanta gente diferente le gusta lo mismo, eso es malo, eso es muy asequible. A mí me preocupa el momento en que empiezas a llenar con cantidades masivas: estás haciendo algo muy malo.

P: ¿Usted ha hecho siempre lo que ha querido?

R: Por desgracia, sí. Ojalá hubiera hecho, muchas veces, lo que han querido otros. Me hubiera ahorrado muchísimos disgustos.

P: La música no le salvó la vida, pero sí le apartó de la delincuencia.

R: Sí. Yo nací en una familia en la que había cierta cultura y que no era de esa condición. Pero sí es cierto que, de pequeño, me moví con gente que empezaba a hacer cosas bastante graves. Entonces, me di cuenta de que me estaba juntando con gente que daba el perfil de películas como El vaquilla o Perros callejeros. A mí siempre me había gustado la música. Había estado en un coro de salesianos, tocando la guitarra; mientras, esta gente no tenía inquietudes por nada. Sólo era un rollo de "soy machito, me peleo", ese tipo de cosas. Esa no era mi condición, pero sí es cierto que me movía con ellos. Escuchaba mucha música y me metí en KGB. Fue maravilloso: tantas horas de ensayo, soñando con comprarte una batería y, en vez de estar en la calle, estaba haciendo canciones, estaba haciendo cosas. Realmente, me apartó de algo en lo que yo no creo que hubiera caído, porque tienes que tener unos parámetros, en tu personalidad tienes que tener ciertas tendencias a la violencia que yo nunca tuve, pero era un factor de riesgo que estaba ahí. Perfectamente, podría haberme metido en un follón o haber acabado de mala manera.

P: Dice que hay mucho chorizo en la música.

R: Es lo que más hay. Hay más chorizos en la música que en una carnicería. Yo creo que en la música todo es mentira, coño. Lo único que es verdad son las cuerdas de la guitarra, pero todo lo demás… Es impresionante cómo una expresión artística tan bonita como la música, que te puede transmitir tristeza, melancolía, te puede hacer reír… la jodemos quienes la hacemos. En cuanto tienes un poco más de popularidad, empiezas a levitar, vas a un palmo del suelo, te crees todo lo que te dicen y es una gilipollez. Probablemente, en todos los polleros o verduleros que hay en una ciudad, el 10% tenga más talento que los mejores artistas que hay aquí, pero no han tenido la suerte de estar en el momento para descubrir que tienen ese talento. Y en el momento en que alguien descubre que tiene ese talento, se cree un iluminado. Y luego, la industria se encarga de hacerlos pijos, exclusivos… ¡todo es mentira! Ahora, que se jodan los que se marcan un rol y luego, cuando se les acaba la popularidad, tienen que seguir con ese rol, hasta que se mueran, porque, si no, descubren que nunca fueron artistas porque no salió de dentro: fueron prefabricados por ellos mismos.

P: Cuando narra cómo Lagartija Nick ficha por Sony, escribe: "Hay un mito en el que cuentan que las multinacionales te manipulan. Sólo manipulan a quien es manipulable".

R: Evidentemente. Estamos en una década, como en los setenta o en los ochenta, que hay una abundancia brutal. Entonces, había una herencia de "niña, súbete la falda, cántale a este hombre". Y el tipo, con el puro: "A ver, niña, súbete la falda, me interesa tu voz". Y va, y le ponen "Manolita la del Coño". Luego salen los de Parchís, otros a los que se han follado… ¡Coño, a mí no me ha follado nadie, ni me han cambiado el nombre, me lo he cambiado yo: me llamo Ernesto, y me dicen "Eric" por "erizo"! La manipulación está mientras tú te dejes manipular. Por supuesto, de las multinacionales no te puedes fiar, pero tampoco de las independientes. La política se corrompe con el dinero, y el arte también. Cuando te ofrecen un contrato, lo lees y lo firmas o no. Los que te ponen de primeras son leoninos, pero estás tú para decir "sí lo hago" o "no lo hago". Por supuesto que las multinacionales engañaban a todo dios: venía la madre con la niña, la manipulaban, la vestían… pero ¿cómo un tío con una cultura musical, alternativa, que sabe de varias corrientes, que lee libros, que se preocupa, dice: "ay, me han engañado"? ¡Eres gilipollas! Vas de listo diciendo que escuchas discos que no se localizan, que ves películas que no se localizan, ¿y ahora dices que un tío, que es un vendedor de lavadoras, te ha engañado? ¡Fíjate si serán gilipollas los de las discográficas, que fueron ellos los que vendieron las tostadoras de CD! Ojo, también ha habido mucha gente en las multinacionales que tenían gran talento y amaban la música, románticos, pero también mucha otra que vendía el producto como cualquier cosa.

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Eric Jiménez durante la entrevista. | David Alonso Rincón.

P: Usted ha vivido el "rock and roll de verdad, no como muchos artistas de ahora que están todo el día con el rock en la boca y nunca lo han experimentado ni saben a qué huele o a qué sabe".

R: Por desgracia, he tenido rock and roll desde que era pequeño. Todos hacen un grupo de rock para vivir un poco la vida al límite; yo la he tenido desde pequeño. No me hace falta vivir el rock and roll: mi vida, de por sí, era así. No me hacía falta leer biografías de gente tortuosa para coger el clon. Todos los que cogen ese clon han tenido una infancia maravillosa y no les faltó absolutamente de nada. Siempre, lo que he buscado, ha sido amor, estabilidad y conseguir ser el tío más feliz del mundo. Quien ha tenido amor en su casa, los padres, y todo eso… quiere salir del cascarón; yo, al revés: he tenido situaciones muy fuertes, de pequeño y en la adolescencia, y he buscado la estabilidad.

P: ¿Ha dejado de ser independiente el indie?

R: El indie son los 40 Principales del siglo XXI. Es una feria de altos montajes que llevan circos, leones, junto con los festivales, que son Disneylandia, y se está perdiendo el amor por las canciones. Vamos a los festivales a ver qué traen, qué confeti me echan, qué globo es el más grande. Si hiciéramos festivales sin esa grandilocuencia, y en los que la gente se limita a cantar las canciones, la gente dejaría de ir a los festivales. ¿Por qué? Porque los grupos de hoy día son como la fábrica de Coca Cola: saco disco-promociono-hago gira-descanso-saco disco-promociono-hago gira… No hay alma, es como ticar. Siempre estás pensando en qué quiere la gente y nunca piensas en tu estado anímico o en si quieres preparar canciones. Entonces, yo, desde hace tiempo, viendo el percal, he decidido que no quiero pertenecer al movimiento independiente, porque no me siento identificado. Eso no quita que yo respete a la gente, que cada uno haga sus cosas como quiera.

P: Dice que Los Planetas es el grupo más radical que ha habido en España.

R: Creo que en el mundo. Sí, sin duda. Son radicales porque no están pensando en si sacar o no sacar, siempre se dejan llevar por su estado anímico. No piensan en hacer arte para cumplir unas expectativas. De hecho, mil veces se han elegido set-lists que apetecían al grupo y cientos de fans decían "me borro". Pues bórrate.

P: Volvemos a Morente.

R: Claro. Yo, lo que más respeto en mi vida es el público. Intento tocar cada vez como si fuera la última. Pero que yo respete al público no significa que tengo que contentar a toda la gente. Estaría engordando algo tan gordo que luego me comería a mí mismo. Si te dedicas al arte, debes dejarte llevar por la corriente que tú creas, y asumir los riesgos.

P: ¿Está la cultura anémica de radicales?

R: (Piensa) Muy anémica. Y además, muchísimos empiezan radicales pero, en cuanto empiezan a cotizar, el radicalismo se va a tomar por culo. Tampoco vas a hacer algo radical si no lo sientes, sería una falsedad. La cultura está anémica de conciencia artística. La gente dice "he metido 3.000 personas, soy un pedazo artista". Vuelvo a decir que los Rolling son una mierda: si llenan un estadio, son un producto convencional, no me interesan.

P: Dice que siempre ha sentido curiosidad y que ha leído mucho. Comulgo con usted cuando escribe que "hay mucha gente que tiene estudios y su nivel cultural es realmente penoso".

R: Hay muchísima gente que hace una carrera pero no se preocupa por nada. Para mí, el mayor ejemplo de superación es Enrique Morente, que nace en el Sacromonte, un barrio un poco marginal. Ese hombre aprende a leer con libritos de western. Luego empieza a cantar y a codearse con poetas, y estudia a Miguel Hernández, y a Lorca… Un curioso. La curiosidad te hace crecer, siempre preguntando. Ahí está la cosa. Yo pregunto sobre lo que me interesa e intento comprenderlo.

P: Cuando señala que confundió durante muchísimo tiempo estar enamorado con estar enfermo, me acordé de Ortega, cuando decía que "el enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza".

R: Hay una frase, que es de mi hermano Carlos, que dice: "¿Estás enamorado? ¡Vas a morir!" (risas). Y es verdad: toda la gente que se ha enamorado alguna vez ha muerto. El amor es una enfermedad en la que si se es correspondido, es maravillosa. Tiene que haber un pacto, es una negociación entre dos personas. Pero cuando tienes carencias, te enamoras de alguien y, cuando crees que lo tienes, te corta en seco y te rechaza, te da un derechazo que te quedas tocado, ya te tiene ahí. Te toca de manera tan grande que tienes una dependencia, pero no puedes estar enamorado de alguien que te corta tanto, con "sí", "no"… Y hay mucha gente que adopta esa posición para coger y enganchar a la pareja desde el principio. Eso es muy peligroso, es un juego totalmente psicológico para que tú dependas cada vez más de una persona. Yo creo que lo que es estar enamorado de verdad, es ahora. Y me siento correspondido y el hombre más feliz del mundo.

P: Finalmente, señor Jiménez: ¿sigue desarmando cosas que luego no sabe volver a armar?

R: No. He desarmado tantas que me ha costado muchísimo trabajo o volverlas a armar, o armarlas bien. Casi siempre desarmaba cosas que no eran mías. Lo mío lo desarmaba, pero no me importaba. Por ejemplo, tenía una moto, desarmaba una rueda, y luego, al armarla, me sobraban seis piezas. Bueno, pues si luego la hostia me la pego yo, es mi problema. De todas las cosas que he desarmado siempre me han sobrado piezas, y he tenido consecuencias graves. Ya no tengo tiempo para desarmar.

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Eric Jiménez. | D.A.

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