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J. D. Barker, el escritor norteamericano al que pide consejo la policía

Entrevista con el escritor J. D. Barker. Acaba de publicar El Cuarto Mono, todo lo que le pides a una novela de asesinos en serie.

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J. D. Barker | Editorial Destino

Rendimos culto al terror y hay otro Barker, además de Clive, que nos pone los pelos de punta. El Cuarto Mono (Ediciones Destino) es la segunda novela de J. D. Barker, un escritor que vive plácidamente en Pennsylvania con su mujer, su hija recién nacida y sus dos perros. Tiene cabeza para los asesinos en serie o los que se ensañan con su objetivo. El autor, en conversación con Libertad Digital, cuenta que en el año 2009 una amiga fue asesinada a puñaladas en Florida y su cuerpo multilacerado fue encontrado a los días semienterrado. La policía llegó a tirar la toalla con este caso pero él logró esclarecerlo en cuatro días. Desde ese momento, la policía norteamericana le consulta algunos casos peliagudos.

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En su nueva novela, adictiva, combina con maestría la psicología criminal, a través de un diario del asesino desde niño, la investigación policial y el viacrucis de la víctima en el cuarto oscuro. Una novela con referentes clásicos, como la figura del atormentado inspector encargado del caso, muy en la línea de Mankell y antes del matrimonio Söwall y Wahlöö, y con guiños a series y películas del género.

¿Quién es el Cuarto Mono? Revelaremos quienes son los tres primeros: los monos de WhatsApp, esos que te recomiendan que no mires, por tanto no necesitas los ojos, que no escuches, te sobran las orejas, y que no hables, me quedo con tu lengua...

Por cierto, los herederos de Bram Stoker han encargado a Barker la precuela de Drácula, que coescribirá con Dacre Stoker, el sobrino bisnieto del autor irlandés, y que publicará la Editorial Planeta.

LD: ¿Existe el mal? ¿Hay hombres o mujeres con maldad intrínseca? El pecado original...

J. D. Barker: Estoy seguro de que los hay. Los hemos visto a lo largo de esta historia, y no son más especiales que alguien considerado en el amplio sentido como "bueno". Aquí está la cosa. No creo que nadie sea "malo" o "bueno", creo que todos estamos en algún punto intermedio. No hay blanco o negro, todos vivimos en algún lugar de tonos de grises.

Si existe el mal en la raza humana, ¿se debe a la genética? En algún momento de la novela dices que de niño el protagonista no toma su medicación...

J. D. B.: Ese es el corazón de esta novela. En última instancia, trato de determinar si el entorno conforma al asesino. Conozco a personas buenas que crecieron en las situaciones más horribles y he conocido a personas malas que tuvieron todas las ventajas posibles desde pequeños. Entonces, ¿el medio ambiente es realmente un factor o viene de algún lugar más profundo, como la genética? Todavía tengo que responder eso, pero espero hacerlo.

¿Crees que la sociedad está acostumbrada a la maldad, que se necesita incluso un porcentaje de mezquindad para vivir?

J. D. B.: Tengo una hija de diez meses en casa y cuando la miro a los ojos, sé que no tiene ni idea de qué es realmente el mal, lo que es el odio. Todos comenzamos así, pero ¿en qué momento cambia? ¿En qué punto se vuelve tan común que aprendemos a ignorarlo para superar cada día? Encontrar la respuesta a estas preguntas es realmente el primer gran paso para cambiarlo. En lugar de alejarse de las cosas malas de la vida tenemos que mirar al infierno.

Hay muchas novelas sobre asesinos en serie, desde Capote hasta Elroy, y la tuya coge lo mejor de ambas. La parte del diario, el análisis psicológico de El Cuarto Mono, la pasión de la investigación policial y el sufrimiento de la víctima. ¿Era ésa tu intención?

J. D. B.: ¡Absolutamente! Escribí el tipo de libro que quería leer y no pude encontrar, uno que combina todo lo anterior.

Aclaras al final del libro que creciste en un entorno feliz (no como James Elroy), así que, ¿la novela es sólo el resultado de tu imaginación, de lo que has visto, leído? ¿Nos das un ejemplo de tus fuentes?

J. D. B.: En 2009 me enteré de que una amiga mía había sido asesinada en Tampa, Florida. Había sido apuñalada en numerosas ocasiones y su cuerpo quedó medio enterrado en un hoyo. La policía no tenía pistas y el caso se enfrió rápidamente. Yo lo resolví en cuatro días. Desde entonces, he trabajado con las autoridades en muchos otros casos e intenté ayudar cada vez que podía. Como autor, mi mente tiende a ir a los lugares a los que un verdadero detective no puede llegar. Aprendí a confiar en mi imaginación y a escucharla, una habilidad que tenemos de niños y que se tiende a perder a medida que envejecemos. Tiré de esas experiencias al escribir El Cuarto Mono.

¿Cuál fue el momento que más te sorprendió mientras escribías? ¿Cuál es tu parte favorita de la novela?

J. D. B.: Es complicado elegir. Creo que la del final del diario, cuando el asesino (de niño) encuentra algo que le hace reconsiderar todo lo que creía saber. En ese momento particular, es difícil no sentirse mal por él, ponerse de su lado. Necesité reescribir y corregir varias veces esa parte.

Algunas de las partes más oscuras de El Cuarto Mono me hicieron pensar en la novela negra japonesa. ¿Conoces Sopa de miso de Ryu Murakami?

J. D. B.: No, no lo conozco, tendré que comprobarlo.

¿Cómo se sintió al escribir las escenas de sadismo? Le alabo el valor de ser tan explícito en algunas escenas, porque nuestra sociedad tiende a la autocensura (más peligrosa que la censura externa).

J. D. B.: Hubo muchas ocasiones en las que escribiendo El Cuarto Mono aparté mi ordenador asustado y asombrado por lo que acababa de salir de mi cabeza. Mi editor quería cortar algunas de esas escenas y luché para mantenerlas en la novela, por ejemplo la de las ratas. Estas escenas tienden a ser las más discutidas. Crecí leyendo los trabajos de Stephen King o Thomas Harris, y cosas por el estilo, y que sepa nunca se cortaron, se reprimieron. A veces no puedes ver lo mejor de un personaje a menos que también hayas visto lo peor. No creo que un autor deba eludir algo pensando en cómo otros van a reaccionar ante ello. Cuenta la historia como debe ser contada y prepárate para luchar por mantenerla así.

¿El mejor libro de asesinos en serie, el que nos recomendarías?

J. D. B.: Uno de mis favoritos es El coleccionista de John Fowles. Lo he leído varias veces, es uno de los libros que inspiró a Thomas Harris para crear a Hannibal Lecter.

El personaje más perturbador es Bishop de niño. ¿Cómo lo construiste?

J. D. B.: El truco de cualquier historia es conocer a tus personajes por dentro y por fuera. No podría comenzar una novela a menos que los personajes fueran tan reales para mí como alguien que estuviera a mi lado en la misma habitación. Con Bishop, cuanto más lo conocía, más entendía de dónde venía y más horrorizado me sentía. Haces lo mismo que harías para conocer a una persona real, hacerle preguntas. Pelar capas. Si escribes una novela y tu personaje principal tiene treinta años, necesitas saber cómo era a los veinte, a los quince, a los diez, a los cinco... Si no lo haces, ¿será muy real? Conozco la infancia de cada uno de mis personajes, que no siempre queda reflejado en el papel, pero en el caso de Bishop sí lo hizo.

¿Dónde está el terror en este momento? ¿En el fanatismo religioso? ¿Qué es lo que más te asusta?

J. D. B.: Cuando era niño, mis amigos y yo fuimos a la escuela, jugábamos en el bosque de detrás de nuestra casa y a veces íbamos en bicicleta a un parque local. Incluso alguna vez cogimos solos, sin padres, el tren a Chicago para ver partidos de béisbol. Aquí en los Estados Unidos, ya no es posible. Si un adulto ve a un niño o varios niños corriendo sin supervisión, llamará a las autoridades. En algunos casos, las autoridades presentarán cargos contra los padres y en los casos más extremos, les quitarán la custodia. Es terriblemente extremo y me preocupa cómo será el mundo para mi hija y los hijos de mi hija.

¿Por qué nos sentimos tan atraídos por el miedo, por qué nos gusta leer cómo están sufriendo los demás?

J. D. B.: Creo que nos gusta todo lo que provoca una reacción emocional. Bueno o malo. Disfrutamos de sentir miedo, y cuando ese miedo proviene de un buen libro, sabemos que podemos cerrar la tapa si se excede. Por supuesto, si el libro es realmente bueno, ese miedo te encontrará de todos modos, con la cubierta cerrada o no. Se arrastrará en tus pensamientos, tus sueños. Creo que eso es lo que nos impulsa a terminar de leer la historia, a pasar esas páginas. Necesitamos saber cómo termina para mantener a raya el miedo.

En el género del crimen, ¿hay algo que inventar o se trata de mejorar lo que ya está inventado?

J. D. B.: Siempre hay algo nuevo. Como autor, ahí está la mitad de la diversión: encontrar algo que no se haya hecho antes. Con mi serie de El Cuarto Mono los lectores encontrarán algunas figuras clásicas pero con giros únicos. Algunos recursos se han usado tan a menudo que, como lectores, tendemos a pensar que sabemos lo que viene. Nos sentimos cómodos sabiéndolo. Nunca te sientas cómodo.

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