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'Espectros de la movida', una mirada crítica a aquellos "vacíos" años ochenta

El periodista Víctor Lenore revisa en su nuevo libro el discurso predominante sobre una movida madrileña no tan transgresora como se piensa.

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'Espectros de la movida', una mirada crítica a aquellos "vacíos" años ochenta
Nacha Pop | Wikipedia

Dijo Almodóvar en una ocasión que su mayor venganza contra Franco fue hacer como si nunca hubiese existido. La frase parece anecdótica, pero encierra una realidad mucho más significativa de lo que parece. Así lo destaca el periodista Víctor Lenore en Espectros de la movida (Ediciones Akal), el libro que acaba de publicar y con el que trata de revisar de manera crítica el discurso que tenemos de aquellos años ochenta "tan aparentemente transgresores como vacíos de contenido".

"Muchas veces pensamos en la cultura como un espacio de refugio; como una resistencia a los valores dominantes. Luego, cuando nos hacemos mayores nos vamos dando cuenta de que no es así del todo, y de que aquello que criticábamos se ha ido colando paulatinamente por los lugares más insospechados", explica Lenore en el coloquio convocado para presentar la obra. Junto a él, arrinconados en una pequeña y ladrillada esquina en las catacumbas de La Central de Callao, analizan las ideas del libro la periodista Lorena Maldonado y el cantautor Ismael Serrano. Yendo al meollo de la cuestión, la síntesis del libro podría ser esta frase de Lenore: "La movida se vende como contracultura y como algo transgresor cuando no lo es. En realidad es una cultura industrial, que suele entenderse como la apertura de España a la modernidad, pero que no es más que una parafernalia que reproduce los valores neoliberales de consumo e individualismo".

Para desarrollar su tesis, Lenore acude a la movida porque ve en ella el paradigma cultural de una época que ha sido malentendida. Lo que hoy se observa como transgresor en realidad fue un vaciamiento premeditado de todo componente de reivindicación y crítica a las políticas dominantes. Algo que ha ayudado, en definitiva, a desarmar a las nuevas generaciones, para que no puedan cuestionar el mundo en el que viven. "Los grupos de la movida vendían una idea muy simple que hacía pasar la desinhibición absoluta como una forma de oposición al sistema, cuando en realidad era lo contrario", explica Lenore. Según él esos grupos, gracias al marketing y a una anglofilia hueca y exacerbada, solo tomaban la carcasa de la modernidad, contribuyendo, con su ausencia de cuestionamiento, a que el sistema neoliberal de implantase sin ningún tipo de oposición, o al menos sin que las voces más críticas llegasen al gran público.

El fenómeno tampoco es exclusivo de España, y él mismo da cuenta de ello. "Lo llamativo es que es el mismo patrón que pudo ocurrir en los Estados Unidos de Reagan o en la Gran Bretaña de Thatcher, y sin embargo aquí le tocó implantarlo al Partido Socialista Obrero Español". En su opinión "el PSOE, que debido a las exigencias europeas no pudo diferenciarse demasiado de las políticas económicas y sociales de derechas, quiso al menos dar apariencia de modernidad". Y de esa manera, "utilizaron a estos grupos, en su mayoría compuestos por jóvenes económicamente acomodados, para que cantasen a la desinhibición con letras vacías que no hacían daño al Gobierno, pero que daban la sensación de que España se estaba abriendo al fin a los nuevos tiempos".

Los denostados de la movida

Al cabo de un rato la tertulia termina pareciéndose más a una entrevista a dos bandas. Maldonado, dando muestras de su oficio, lanza al aire preguntas dirigidas directamente a sus acompañantes. "Llama la atención que en un movimiento predominantemente musical no tuvieran cabida géneros tan populares como el del cantautor", dice ella. "Me refiero a que muy pocos cantautores gozaron de tanto escaparate, y los que lo hicieron, como Sabina, por ejemplo, lo consiguieron hasta cierto punto cuando dejaron de escribir letras políticas".

Aludido, Ismael Serrano recoge el guante e intenta expresar una opinión compleja: "Yo es que tengo un problema con eso. Porque tampoco me gusta nombrar a nadie… A mi Sabina me encanta, que quieres que te diga… ¿Que podría haber sido más como Krahe…? Posiblemente, yo que sé. Es que yo lo que creo es que un cantautor tiene que cantar sobre aquello que le emociona, y eso puede ser político o no". Dicho eso, añade: "Eso sí, entiendo lo que quieres decir, y tienes un punto de razón… La movida en cierto sentido fue algo tiránica… Al final formaba parte de una cultura de masas dominada por las empresas, que vetan y denostan a artistas que no cumplen sus requisitos… Es como esos cantantes que no se atreven a hablar de política porque, según ellos mismos dicen, viven de los ayuntamientos… No sé. Yo creo que cantar de política no hace tu música mejor o más valiosa automáticamente, pero tampoco peor".

Abierto ese melón, y preguntados acerca del posible peligro de una cultura demasiado ideologizada, Lenore responde: "Lo que pasa es que precisamente desideologizar la cultura es ya hacerle la política al neoliberalismo… Porque es lo que buscan: cultura vacía de política". Su frase resuena y deja una sensación extraña en el ambiente. La sentencia recuerda lejanamente a la postura de Danilo Kis, que era consciente de la necesidad de que el arte cuestionase las estructuras dominantes; pero con la diferencia de que el serbio también advertía de hasta dónde podía llegar el exceso de política en el mundo cultural. Como cuando dijo aquello de que "lo que se denomina compromiso en el plano literario ha traído más perjuicio y matado (en el sentido estricto de la palabra) a más personas y talentos que la literatura no comprometida"; o cuando citaba a Nabokov con esa frase tal vez exagerada: "Defenderé hasta la muerte que tan pronto como el arte entra en contacto con la política se degrada inevitablemente hasta alcanzar el nivel de basura ideológica". En definitiva, el peligro de dejar de lado esa otra función estética y metafísica del arte, tal vez fundamental: "El grito y la pregunta", según el propio Kis, "siempre nueva y siempre sin respuesta, de un hombre que mira fijamente a los aterradores espacios de Pascal, (...), para intentar razonar en el matadero de la historia, que no es ninguna 'maestra de vida', sino el grito, la rabia y el murmullo de un idiota".

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