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Un 'Quijote' antiliberal del siglo XIX: La historia del valeroso caballero don Rodrigo de Peñadura

En su conjunto, aporta una visión interesante de la confrontación ideológica durante este periodo del reinado de Fernando VII

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Figuras de don Quijote y Sancho Panza en el paisaje español | Cordon Press

Si en el siglo XVIII el Quijote inspiró diversas novelas que se sirvieron de su esquema de personajes y aventuras o de su espíritu paródico para la sátira literaria —como en el Fray Gerundio de Campazas del Padre Isla— o social, en el siglo XIX fue el turno de la sátira política. Así, surgieron un grupo de novelas que, tomando como propósito la defensa del absolutismo y de la ortodoxia católica, atacaban la herencia filosófica de la Ilustración y la expansión del liberalismo. A este grupo pertenecen títulos como El liberal en Cádiz, o aventuras del abate Zamponi (1814) de Fray Ramón Valvidares y Longo; Historia del famoso caballero don Rodrigo de Peñadura (1823) de Luis Arias de León; Don Papís de Bobadilla, o sea defensa del cristianismo y crítica de la seudo-filosofía (1829) de Rafael Crespo; y El Quijote del siglo XVIII o historia de la vida y hechos, aventuras y fazañas de Mr. Le-Grand (1836) de Juan Francisco Siñeriz.

Quizás la mejor de ellas, desde un punto de vista literario, sea la segunda, aunque no por eso deja de ser una de las menos conocidas. Publicada en 1823 en Marsella, "en la imprenta de Carnaud y Simonin", la Historia del famoso caballero don Rodrigo de Peñadura aparece firmada por Luis Arias de León, seudónimo bajo el que se oculta su verdadero autor, del que nada se sabe. Lo único indiscutible es su ideología absolutista, pues ataca de manera despiadada a los liberales, cuya hegemonía política tras el levantamiento de Riego tocaba a su fin justo en el momento en que aparecía la novela. No debe descartarse, por tanto, que el autor se hallase exiliado voluntaria o involuntariamente en Francia y por ese motivo el volumen se publicara allí.

Característica también llamativa es su final abrupto, lo que ha llevado a pensar que se trata de una obra incompleta. De hecho, en su portada se anuncia como "tomo I". Sin embargo, no es la única obra de la época que aparece con ese rótulo de "Tomo I" y que no tiene continuación. Más bien cabe pensar que el fin del régimen liberal, justo cuando aparece la novela (en el prólogo se alude ya a la entrada en España de los Cien Mil Hijos de San Luis), hacía innecesaria su continuación, puesto que sus enemigos ideológicos acababan de ser derrotados militarmente.

En cuanto a su argumento, gira en torno a un hidalgo leonés, Rodrigo de Peñadura, que enloquece leyendo los libros de los filósofos ilustrados. Para alejarlo de sus lecturas y con la esperanza de que un cambio de aires le procure cierta mejoría en su enajenación, el ama y un vecino suyo llamado Roque Zambullo —trasunto de Sancho Panza— lo animan a que deje la ciudad y vaya a visitar a un sobrino canónigo que reside en Astorga. Tras unos preparativos en los que se pertrecha con una ridícula indumentaria que pretende imitar la de los griegos —el mundo clásico constituye otra de sus obsesiones—, parte acompañado de su criado Roque, en lo que él concibe como una empresa caballeresca para extender el liberalismo por su tierra. Durante el camino le sucederán diversas aventuras, algunas de las cuales son un eco de otras semejantes del Quijote.

Las andanzas del hidalgo leonés sirven de vehículo para la descalificación de la política del trienio liberal. Así, determinados lances y encuentros con otros personajes dan pie al autor para burlarse de la constitución, de los ritos masónicos, de las sesiones de la célebre "Fontana de Oro", de la retórica política de los diputados en cortes, de los alcaldes constitucionales, etc. El propio protagonista aparece retratado como partidario de la facción más radical del los liberales, los denominados comuneros. Además, tras un encuentro con unos frailes, a los que en su desvarío confunde con unos caballeros templarios, muestra su deseo de ingresar en la masonería, considerada, por cierto, por un personaje de la propia novela como la heredera histórica de la Orden del Temple.

Frente a otras obras de semejante intención política, la historia de Peñadura evita los discursos prolijos y farragosos —salvo algún pasaje muy señalado del que se sirve precisamente para satirizar los excesos retóricos— y nunca pierde su carácter propio de novela. En su conjunto, resulta de lectura amena y aporta una visión interesante de la confrontación ideológica durante este periodo del reinado de Fernando VII. Por otro lado, sus méritos literarios, como ya señaló en su momento Cotarelo y Mori, no son despreciables, sobre todo teniendo en cuenta el escaso nivel del género novelesco en el primer tercio del siglo XIX.

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