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'Madera de savia azul': aventuras en un medievo inventado… pero posible

José Luis Gil Soto publica su primera novela no histórica. Entre sus influencias, Tolstoi y Delibes.

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Portada de la obra | Ediciones B

A José Luis Gil Soto (Badajoz, 1972) le persigue la sombra literaria de Godoy desde que publicara, hace once años ya, su primera novela, La traición del rey, obra en la que el favorito y primer ministro de Carlos IV era el protagonista. Hasta ahora, la ficción –en mayor o menor grado– histórica ha sido la materia prima en la trayectoria bibliográfica de este ingeniero agrónomo y estudiante de Humanidades. Sin embargo, con su último libro, ha reventado –feliz y parcialmente– su historial.

Madera de savia azul (Ediciones B, 2019) es la primera novela no histórica de Gil Soto. En ella, el autor extremeño nos ubica en un reino imaginario que es destruido por un terremoto brutal. La población, guiada por un rey llamado Migmalión –el escritor se inspiró en Marco Aurelio para crear a este personaje–, emigra a una especie de tierra prometida. Entre estas gentes, un carpintero y su jovencísimo hijo protagonizan una historia de éxodo, dolor y pérdida, pero también de emociones, pasiones y esperanzas.

Con un pueblo guiado por un caudillo hacia un lugar mejor y el hijo de un carpintero marcando el destino de la tropa, LD pregunta a Gil Soto hasta qué punto ha bebido de la Biblia para escribir Madera de savia azul: "Será el subconsciente. Al final, aflora todo lo que uno ha leído a lo largo de su vida". Llama la atención que la sociedad de la novela, que se desarrolla en un escenario inventado, aunque reconocidamente medieval, sea politeísta –teniendo en cuenta que en la Edad Media se consolidó institucionalmente el cristianismo y surgió el islam–. "Mi primer impulso –cuenta el autor– fue el de contar un episodio histórico, pero la historia que quería hacer no me encajaba y, al final, desistí. Pensé: ¿por qué no abstraigo al lector? Por ello, primero quise hacer una Edad Media no europea, de ahí el politeísmo, y segundo, inventando los nombres de los personajes".

Gil Soto ubica al lector en una "fantasía histórica" que poco o nada tiene que ver con una distopía. Es "una Edad Media inventada pero posible", sin dragones, elfos ni derivados. Señala que le costó arrancar, que le daba vértigo escribir una historia, aunque verosímil, inventada en su totalidad. Sin embargo, al comenzar, el desarrollo no fue complicado: "Si tienes la historia en la cabeza, se escribe más fácilmente. Cuando los personajes nacen en tu imaginación, tú sabes cómo son. Me salía todo. No tenía que recurrir a los libros, a la documentación".

Finalmente, en cuanto a influencias, Gil Soto dice que en Madera de savia azul "hay mucho de la novela realista del siglo XIX". Reivindica a Tolstoi por el tratamiento psicológico de sus personajes y las descripciones de la naturaleza y a Delibes: "El camino es la novela que más me marcó". ¿Hay algún retazo de Juego de Tronos? Responde: "No he leído ni visto Juego de Tronos".

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