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Orgullo de editor: "Tengo 40 premios Nobel, pero también tengo a Tintín"

Aprovechando la noche de los libros, la Fundación Ortega-Marañón homenajeó los noventa años de Tintín con una ponencia repasando su trayectoria.

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Orgullo de editor: "Tengo 40 premios Nobel, pero también tengo a Tintín"
Tintín y Milú en una avioneta | Archivo

Generalmente se reconoce la grandeza de un homenajeado por la magnitud del sacrificio que alguien está dispuesto a hacer para homenajearle. De ese modo, la imagen de Luis Alberto de Cuenca irrumpiendo de repente en la ponencia sobre Tintín que se celebró el viernes por la tarde en la Fundación Ortega-Marañón cobra especial relevancia si se atiende a su explicación: "Siento el retraso, estaba en un acto en la Academia de la Historia en honor a Ramón Menéndez Pidal", se excusó, "pero Tintín ha podido más que don Ramón".

El poeta jamás ha escondido su devoción por el personaje de Hergé, y de hecho siempre que ha podido la ha declarado a los cuatro vientos en artículos y entrevistas; por eso, tampoco es de extrañar que el acto –programado con motivo de la noche de los libros– le haya servido de excusa perfecta para reiterar su pleitesía. Junto a él, otros reconocidos "tintinófilos" como Fernando Rodríguez Lafuente, Juan Manuel Bonet y Fernando Castillo conversaron y fueron desentrañando la trayectoria del intrépido reportero de tebeo.

"Me pregunto qué pensaría Ortega y Gasset si levantara la cabeza y contemplase este homenaje a un personaje de viñeta", se preguntó en voz alta Rodríguez Lafuente. "Pero estoy seguro que le habría encantado, ya que Tintín, igual que él, atendió siempre con lupa en mano los grandes temas de su tiempo". Este año se cumplen 90 años de la publicación de la primera de sus aventuras, Tintín en el país de los soviets, y esa ha sido razón más que suficiente para la celebración del acto, así como para que la Revista de Occidente le haya dedicado su número de este mes.

Lo que más destacaron cada uno de los ponentes fue "el olfato fino de periodista del propio Hergé", según palabras de Castillo, "que supo escoger muchos de los grandes acontecimientos históricos del siglo pasado y, si bien se adentró en ellos de manera algo superficial, demostró en todo momento una capacidad narrativa apabullante y una calidad de dibujo que no necesita calificativos". Para Bonet, Hergé era tan buen narrador que "hay momentos en los que no sabemos si estamos hablando de un artista plástico o de un talentoso escritor". Pero su gran aportación, la más conocida, al menos, sigue siendo su deslumbrante dibujo "de línea clara", término que el propio De Cuenca reconoce que influyó en su poesía, y que recogió del propio dibujante para definir la tendencia poética a la que se adscribe.

Como anécdota ilustrativa de la grandeza del tebeo, tanto a nivel cultural como comercial, Bonet mencionó una frase del propio Gallimard: "Tengo a 40 premios nobel, pero también tengo a Tintín".

Tintín y la política

Otro de los puntos centrales en los que se centró la conversación fue la sátira aguda que el dibujante realizó de los sistemas políticos de su tiempo, reflejada explícitamente en los dos países imaginarios que inventó: "Syldavia, con su monarquía parlamentaria al estilo belga por un lado", comentó Castillo, "y Borduria, esa representación de los totalitarismos tanto nacionalistas como socialistas, que sirvió a Hergé para denunciar esos regímenes que tanto despreciaba".

"Sin embargo", quiso añadir después, "también es interesante diferenciar entre el pacifismo de Hergé y el de la Tercera República francesa, muchos de cuyos representantes terminaron abogando por una aproximación franco-alemana y, en último término, acabaron siendo colaboracionistas. Hergé, en ese sentido, realmente estuvo al borde del abismo. Y de hecho es bastante controvertido su álbum La estrella misteriosa, en el que aparecen representantes de todos los países alineados con Hitler y en el que al final el malo es el judío".

A ese respecto, Rodríguez Lafuente ha querido destacar sin embargo la necesidad de "mirar el mapa de Europa de esos momentos y de entender el contexto histórico". "Estaba plagado de dictaduras y, realmente, nadie sabía muy bien lo que iba a pasar". "Por suerte Hergé no acabó cayendo en el abismo".

Preguntados entonces acerca del episodio de corrección política que denunciaba recientemente cierta apología del colonialismo en Tintín en el Congo, Rodríguez Lafuente volvió a tomar la palabra y fue claro: "Si aplicáramos esos criterios a toda la literatura infantil, nos la cargaríamos entera; y si después lo aplicáramos al resto de las artes terminaríamos cargándonos a Balthus o a Nabokov. Desde luego, hay ciertas cosas que, más que absurdas, acaban siendo patéticas".

Como colofón de la conversación, y a modo de resumen somero de lo expuesto en ella, De Cuenca despidió el coloquio con una impresión personal "que no es necesario que sea compartida". "Para mí", dijo, "más allá de otros personajes políticos, artísticos o deportivos, las tres personas que retrataron de manera más genuina el siglo XX fueron Tolkien, Disney y, cómo no, el propio Hergé". Ya se ha dicho que lo que siente el poeta por el reportero belga –y por su creador– es absoluta devoción.

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