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Leandro Pérez: "En la vida hay que perder muchas veces para poder llegar a ganar alguna"

El escritor burgalés regresa a las librerías con Kolia, la historia de un adolescente llamado a reinar en la NBA.

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Leandro Pérez: "En la vida hay que perder muchas veces para poder llegar a ganar alguna"
Leandro Pérez | Jeosm

Existe una cierta ambigüedad en Leandro Pérez (Burgos, 1972) que hace imposible describirlo sin utilizar, al menos, dos imágenes vastas. Es casi un oxímoron, pero en él nada se presenta como contradictorio: robusto, firme, de expresión tan seria como afable, su gran altura y su barba espesa imponen casi tanto como su mirada profunda; pero aun con todo hay algo en sus ojos, siempre amables, que suaviza los rasgos de un rostro que parece tallado en la madera. Una vez empieza a hablar, lo rotundo de su figura deja paso a la simpatía de su voz, y a medida que avanza la conversación uno no puede más que darse cuenta de que únicamente una persona así puede crear a dos protagonistas tan dispares como Juan Torca y Jon Kolic Kolia. Del primero, personaje principal de dos novelas negras, o grisáceas, como las describe su autor, no es el momento de hablar. El segundo es un adolescente talentoso y lleno de ambición, cuyo mayor objetivo vital es llegar algún día a competir en la mejor liga de baloncesto del mundo. Sus primeros pasos en las canchas han quedado recogidos en las páginas de Kolia (Planeta), la última novela de este escritor y periodista burgalés, director, entre otras cosas, de la web literaria Zenda.

PREGUNTA: ¿Por qué has decidido escribir un libro desde la perspectiva de un adolescente?

RESPUESTA: Porque creo que la historia de Kolia sólo la podía contar él. Es decir, mi sensación cuando el personaje estaba en mi cabeza era esa. Tenía que ser él. No podía contarse con una tercera persona, desde fuera, como había hecho ya en los libros de Torca o en otros relatos…

P: ¿Y por qué un adolescente? ¿Qué te atrajo de esa etapa vital? ¿Querías contar algo en concreto?

R: Me llevó a ello el propio personaje. Yo me imaginé a alguien que aspira a ser una estrella del baloncesto en la NBA. Y siguiendo esa secuencia me surgió en la cabeza un chaval de 14 años. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba metiéndome en la mente de un adolescente, pero desde luego todo eso no había estado premeditado. En el fondo la cosa es mucho más sencilla, no es una cuestión de profundizar en lo que es la adolescencia. Yo escribo una novela sobre un personaje que juega al baloncesto y que, en este preciso momento, tiene 14 años, nada más.

P: También es verdad que Kolia es bastante maduro para su edad…

R: Bueno, como todos… Yo creo que con 15 o con 16 años todos nos sentimos muy maduros. Y en el fondo lo somos en cierta forma. Es un momento de muchos cambios, de mucha vulnerabilidad, en el que uno puede ser muy formal, muy serio, y acto seguido ser muy gamberro. La adolescencia es una época de contrastes, yo creo, pero en la que ya tenemos todos, o la mayoría, cierta vocación definida.

P: ¿Qué dificultades te has encontrado a la hora construir un relato desde la piel de un chaval de 14 años?

R: Pues por un lado lo que he hecho ha sido retroceder en mi cabeza hasta el adolescente que yo fui. A mí con 14 años ya me gustaba escribir y leer, por ejemplo… Pero por otro lado, y todavía más, también me he fijado en los adolescentes que viven cerca de mí. He intentado adaptarme. No sé si lo he conseguido, pero es lo que he intentado.

P: ¿Tenías en la cabeza el intentar conectar con el lector adolescente mientras escribías, o simplemente te has dejado llevar?

R: Me he dejado llevar, pero también es verdad que yo en las dos novelas anteriores, que son negras, o grisáceas, tampoco estaba esperando que un lector de esas edades me dijese que le había gustado mi libro, pero es algo que me ha pasado… De la misma manera, pero a la inversa, ahora me he encontrado con que han seguido las aventuras de Kolia tanto adolescentes como adultos. Y es algo que me encanta. Me encanta que opinen, que hablen… Porque me interesa mucho saber qué les parece. Por ahora estoy muy contento, la verdad.

P: ¿Por qué escogiste escribir una novela sobre el baloncesto antes que cualquier otro deporte?

R: Pues por nada en especial. Porque la historia nació así en mi cabeza. En esta novela podría haber escrito la historia de un Rafa Nadal, o de un Iker Casillas, o de un ajedrecista o de un químico. Pero cuando surgió la idea de hablar de Kolia, surgió automáticamente también la idea del baloncesto. Supongo que es por todo lo que he vivido yo mismo en mi familia, tanto de chaval como ahora como padre… Llevo unos años muy metido en el mundo del baloncesto, así que ha surgido de forma muy natural que mi Kolia jugase a ese deporte.

P: Por otro lado, me llama la atención cómo se tiende a admirar a los deportistas de élite por muchas razones, pero también a menospreciarles intelectualmente hablando. ¿Están tan separados el mundo del deporte y el mundo intelectual en la realidad?

R: Yo creo que hay muchos tópicos sobre eso. Es decir, cuando yo comencé a ver baloncesto jugaba Corbalán, que luego fue doctor; jugaba Iturriaga, que es un magnífico comentarista y presentador de televisión… Leyendo el libro de Gasol se descubre que quería estudiar medicina, y escuchándole uno se da cuenta de que es una persona culta y que tiene muchos intereses… Entonces… Hay un cierto tópico. También es verdad que puede haber deportistas a los que no les interesa mucho la cultura. Pero creo que es la actitud de estos últimos la única que se generaliza… Yendo a mi libro, a Kolia le gusta leer y escribir de una manera natural. No porque sea un empollón, sino como a tantos otros chavales de la misma edad. En ese sentido yo he intentado no seguir los tópicos… Aunque sí que es innegable que el mundo de la cultura y el deporte a veces caminan de la mano y otras veces no.

P: Otro aspecto interesante, que se puede intuir pero que pocas veces se conoce en profundidad, es la vida de un aspirante a deportista de élite. La cantidad de elecciones trascendentales que se ven obligados a tomar a edades tan tempranas…

R: Sí, claro. Lo que hay que pensar es que todos los aspirantes a estrellas deportivas son, en primer lugar, estudiantes. Tienen la rutina y la vida normal de cualquier chaval de su edad. Lo que pasa es que a la vez tienen otras obligaciones añadidas. Por ejemplo, ahora en mayo pueden estar un domingo disputando las finales de los campeonatos escolares y federados y el lunes por la mañana tener un examen. Igual llegan de un viaje y tienen que levantarse a estudiar. Esa es su realidad. Y todos ellos saben que es muy difícil que se llegue a cumplir ese sueño que tienen, pero también por eso tienen que seguir chapando día a día, por la cuenta que les trae…

P: Tampoco es lo mismo para ellos una lesión importante que para un profesional, claro… De hecho, la palabra que más odia Kolia en la novela es "casi".

R: Sí. Yo creo que en la vida todos estamos acostumbrados de una manera o de otra a ese casi. Casi conseguimos muchas cosas… Todos tenemos algunos éxitos, pero también todos vivimos muchos fracasos. Y a veces un simple tropezón, que parece casual, hace que no lleguemos donde nos proponíamos… En el caso de los deportistas, sean adolescentes o profesionales, esa es una situación a la que están mucho más habituados. Están muy acostumbrados al fracaso porque continuamente están perdiendo. Y tienen que aprender rápido a aceptar que van a perder muchísimas veces para poder llegar a ganar alguna vez. Eso es algo que he intentado reflejar en la novela. Quiero decir, es verdad que Kolia es muy bueno jugando al baloncesto, tiene una altura gigantesca y unas condiciones inmejorables, pero va a perder muchos partidos, y también va a lesionarse.

P: Es que ese es un tema que no sabía cómo tratar… El mero hecho de hablar de él ya destripa una parte de la novela…

R: Sí, claro… Y es difícil hablar sin ser preciso. Lo que hay que contar es que no es una novela donde todo es maravilloso. El personaje va a sufrir, como sufren todos los deportistas. Porque no hay deportista que llegue a los 20 o a los 25 años sin lesionarse o sin chupar banquillo… Hasta los más grandes han tenido que superar situaciones delicadas, y a veces cuando más arriba están, más inquietante es el abismo por el que temen precipitarse.

P: Entra en juego la presión famosa a la que se enfrentan, eso que muchas veces pasamos por alto a la hora de criticar sus fallos.

R: Por supuesto. La de fuera y la interna. Fallar un gol a puerta vacía sabiendo que se te va a caer el mundo encima en los medios y en las redes, que no vas a poder dormir durante días por tu propia autocrítica, y muchas veces teniendo que enfrentarte a ese tipo de situaciones con un futuro contrato que depende de ese fallo o ese acierto… Ellos son empresas en sí mismos y tienen una vida complicada. Con muchas satisfacciones, claro, pero también con muchos problemas.

P: De todas formas Kolia juega con más ventaja que el resto por el entorno que tiene también, ¿no? ¿Somos realmente conscientes de todo lo que influyen las personas cercanas en nuestro desarrollo?

R: Claro… Él tiene casi todos los elementos para triunfar, pero luego la realidad es la que es. De todas formas no deja de ser una situación bastante normal. Aquí en Madrid tenemos a la familia Gento, que ha dado muchísimos jugadores tanto de baloncesto como de fútbol. En la NBA están los Curry… Nadal tienen a un tío que fue un excelente futbolista y a otro tío que es un entrenador excepcional… Yo he construido un personaje que tiene alrededor a otros muchos que le pueden ayudar de la mejor manera posible. Por lo menos en esta fase de su vida. Luego, claro, a Kolia le van a pasar cosas, y va a tener que superar sus propios obstáculos… Sin destripar demasiado la trama…

P: Desde luego, Kolia parece hecho de otra pasta a la hora de afrontar los problemas…

R: Yo, más que un jugador de baloncesto en concreto, al deportista que más admiro es a Nadal. Tampoco he buscado copiar sus actitudes, evidentemente, pero sí que me gusta mucho cómo reacciona ante las derrotas o ante las lesiones. Es que llevamos años y años viendo cómo combina momentos de lesión con triunfos. Y el mérito es que sigue compitiendo pese a todo. Yo con mi Kolia he intentado eso, y que el lector viva lo que le pasa.

P: Otra cosa que me resulta interesante es la lucha interna diferente de cada persona… Me explico: no es lo mismo luchar contra la adversidad sabiendo que eres muy bueno, como Kolia, que luchar contra la eterna duda de si realmente eres bueno o no…

R: No es tan diferente una cosa de la otra, en realidad. Él sabe que es bueno, es cierto, pero tampoco sabe si va a ser tan bueno como los mejores jugadores de su edad, o luego, cuando ya compita contra los más grandes. Hasta los más excelentes profesionales tienen miedos e inseguridades, porque siguen caminando día a día… La vida no es llegar a la cumbre del Everest y quedarse ahí. En el deporte se ve muy fácil porque hay un partido cada fin de semana. Puedes levantar una copa un día, pero es que al día siguiente tienes que volver a entrenar para seguir compitiendo. Es parte del juego: no pararse.

P: Hablando de estos temas uno se acaba preguntando hasta qué punto puede llegar a ser peligroso que un objetivo muy ambicionado se pueda convertir en un fin en sí mismo…

R: Hombre, claro. Existen cosas mucho más importantes que meter una canasta o que ganar un premio. Nosotros en esta sociedad actual admiramos mucho a los deportistas que encarnan unos valores que nos gustan. A veces no admiramos todos a los mismos, es verdad, pero por ejemplo, creo que la gran mayoría podemos hablar bien de Nadal. ¿Por qué? Pues porque encarna esos valores tanto en la victoria como en la derrota. El deporte, como cualquier otra actividad, nos muestra mucho de la gente.

P: Cambiando de tema, la novela también aborda otros grandes temas literarios: el amor y la ambición. ¿Los ves tan excluyentes el uno del otro?

R: No. Pero claro, en la adolescencia todo es muy excesivo… Uno se enamora locamente y se piensa que su vida depende de ese enamoramiento que tiene, e igual al minuto siguiente recibe un desengaño horrible, pero se vuelve a enamorar al poco tiempo… Yo en la novela he intentado mostrar esos vaivenes emocionales. Aunque también es verdad que los chavales que aspiran a ser deportistas muchas veces se ven obligados a elegir. Y esas elecciones conllevan ciertos sacrificios. El mero hecho de trasladarse de ciudad ya hace difícil que un amor adolescente pueda prosperar… Son situaciones plagadas de futuro, esos momentos de elección que a cualquiera de nosotros nos emocionan y nos inquietan a partes iguales.

P: ¿Va a haber segunda parte de la historia de Kolia?

R: Pues no lo sé. Es una posibilidad que está ahí, claro. Es lo que te he dicho antes: yo no quería hacer una novela de adolescencia y ya está. Yo tenía en la cabeza a un personaje que en ese preciso momento de su vida tenía 14 años. Ahora estamos en 2019 y él, también en mi cabeza, tiene 16. Entonces, quizás, y digo quizás, si me pongo a escribir este verano sobre Kolia, tendrá 16 para 17 y su camino hacia la NBA habrá avanzado un par de temporadas… Pero eso lo digo ahora, claro. Tengo otro proyecto literario en mente y este verano decidiré por qué camino tiro.

P: Para acabar, llegamos a la pregunta más seria de todas. ¿Va a ser Rookie del Año Luka Doncic?

R: ¡Ojalá! Yo creo que se lo merece, porque es un premio a toda la temporada. Y Young, que es un Curry, aunque no tan especial desde mi punto de vista, hizo un primer tramo de temporada más irregular. Doncic ha sido una máquina todo el año. Se lo merece.

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