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Ángela Becerra rescata en 'Algún día, hoy' la historia de Betsabé Espinal

La colombiana homenajea a la joven que lideró la primera huelga obrera de mujeres en Latinoamérica durante los años 20 del siglo XX.

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Solo se conocían un par de datos sobre su biografía: su fecha de nacimiento, su participación decisiva en una huelga y su prematura muerte. A partir de ahí, Ángela Becerra (Cali, 1957), la colombiana más leída después de García Márquez, ha construido una onírica y fascinante historia llena de sabores, olores y reflexiones sobre la condición humana que nació como un "canto a la mujer valiente, a la amistad y al amor". Algún día, hoy (Planeta) es el relato de dos hermanas de leche, amamantadas por la misma mujer, que quedarán unidas para siempre por un poderoso vínculo. Una es pobre y la otra es rica, pero ambas son repudiadas y aplastadas por la clasista sociedad de Medellín. Cuando apenas avistan la pubertad, son separadas por un destino incómodo para ambas. "Me permití darle un tratamiento épico a la novela, para magnificar los momentos claves y darle una magia y una exuberancia importante", explica la escritora a Libertad Digital.

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Betsabé Espinal

Esa niña pobre se llamaba Betsabé Espinal y fue una hilandera colombiana que con solo 23 años dirigió la primera huelga de obreras de Latinoamérica en la Fábrica de Tejidos de Bello. "Tuvo una niñez muy triste. Es hija de padre desconocido y menospreciada por ello. Su madre acabó internada en un manicomio. Se vio ninguneada y de su debilidad sacó su fuerza".

La novela nos traslada a la Colombia de las primeras décadas del siglo pasado, a donde llegaron los ecos de los primeros movimientos sociales en Europa. El país está tratando de dejar atrás la Guerra de los Mil Días que diezmó la población masculina y forzó a las mujeres a buscar trabajo en fábricas para mantener a sus familias. "Los grandes patrones se aprovecharon de eso. Betsabé fue testigo ocular y vivió en carne propia esas injusticias. Las mujeres eran obligadas a ir descalzas –los hombres no–, les retrasaban los relojes para que trabajasen más tiempo sin quejarse, abusaban de ellas...Con ella, por primera vez, las mujeres se organizaron para reclamar sus derechos laborales".

Ángela Becerra, afincada en Barcelona, tiene un peculiar estilo, que ella misma describe como "idealismo mágico", en el que baña todas las descripciones de una poesía enternecedora. Considera que es la fórmula perfecta para lograr que la escritura esté al servicio de las emociones. Algún día, hoy es mucho más que una historia de lucha obrera. La autora colombiana ha creado un ramillete de personajes con los que explora vacíos existenciales, pasiones, frustraciones, el sentido de la providencia, los caprichos del destino y las distintas formas de encarar la vida. "Me gusta buscar emocionar a través de la magia y la naturaleza, quiero recuperar esa capacidad de asombro que se tiene cuando se es niño y recuperar la capacidad de llorar cuando un personaje está sufriendo. Los sentimientos no tienen época, aunque, en esta época tan tecnológica, las emociones están pasando a segundo plano. La inmediatez está matando la ilusión".

La autora se permite la licencia de crear para Betsabé una gran amiga, con la que crea "un monumento a la amistad más pura" y, con la que, al mismo tiempo, puede "mostrar que aún viniendo cada una de una clase social con diferencias bestiales, el sometimiento y el aplastamiento a la mujer era igual". Ella es Capitolina, la octava niña de una familia adinerada destinada a ser el varón que manejase el capital. Ese es su primer inconveniente pero, además, sufre el estigma de ser coja en una sociedad de señoritas perfectas. Con ella, el lector descubre una máxima que se repite: "Hemos venido a este mundo a aprender".

"A las mujeres nos tocó lo peor"

Betsabé repite que "a las mujeres nos tocó lo peor", una frase que la autora escuchó durante mucho tiempo de su madre y su abuela. "Llegó un momento de mi vida en el que pensé que ya no se podía pensar más así, me di cuenta de que había que romper esa cadena de maleducaciones. En mi escritura, trato de mostrar en cada personaje femenino la fuerza, la rebeldía y tenacidad para salir triunfadora".

"Ahora se están destapando muchos casos de mujeres que, desde la antigüedad, fueron más influyentes que los hombres que gobernaban. Es el momento de destapar a esos hombres que robaron la inteligencia de una mujer y sus valores. Hubo escritoras y pintoras que firmaron con nombre de hombre para ser aceptadas. En este momento ya ha habido una evolución, el germen está instalado y es imparable".

Becerra rodea a las protagonistas de la novela de libros y cierra el libro asegurando que "el mundo que viene solo se podrá construir desde el verdadero humanismo". "Todos tenemos que creer que somos capaces de cambiar el mundo. Cada uno desde su ámbito tiene el deber con la sociedad de aportar su grano de arena para una sociedad mejor", reitera. "El humanismo está ligado a la filosofía, que indaga en el ser humano y en el porqué de las cosas. Con cada libro que abres, te estás adentrando en el alma de una persona. Este libro pretende ser un regalo para abrirlo y degustarlo muy poco a poco". Y tanto. El lector tiene por delante más de 800 páginas.

Algún día, hoy le ha valido a Ángela Becerra el Premio Lara de Novela, convirtiéndola en la segunda narradora sudamericana en hacerse con el premio tras Zoe Valdés en 2003. Su carrera está salpicada de galardones: El penúltimo sueño (2005) fue Premio Azorín de Novela 2005; Lo que le falta al tiempo fue Latin Literary Award y Ella, que todo lo tuvo (2009) fue Premio Iberoamericano de Narrativa Planeta-Casamérica. Su obra se ha traducido a veintitrés idiomas y publicada en más de 50 países.

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