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Jeosm: "La mujer guerrera o la mujer valiente ha existido siempre, no es una cosa de ahora"

El fotógrafo publica Ellas, su quinto fotorreportaje, y acerca de esa manera la realidad ignorada de las mujeres graffiteras.

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Jeosm: "La mujer guerrera o la mujer valiente ha existido siempre, no es una cosa de ahora"
Una de las imágenes que componen 'Ellas', el quinto fotorreportaje de Jeosm | Jeosm

Señala Jeosm —José J. Clemente (Talavera de la Reina, 1982)— que existe una paradoja curiosa dentro del mundo del graffiti: La gente que escribe y pinta sobre paredes lo hace para hacerse notar, para ganarse el respeto de sus iguales, y para que su nombre —su seudónimo— sea visto por cuanta más gente mejor; pero al mismo tiempo es consciente de que su trabajo es completamente efímero. Ninguna pintada dura eternamente. Forma todo parte de una lucha interminable contra la ciudad y sus servicios de limpieza, esos anticuerpos extraños que van eliminando las marcas no deseadas de las calles casi al mismo tiempo que aparecen. Las firmas de los graffiteros, por tanto, no son concebidas como obras de arte sempiternas, y sin embargo siguen participando enteramente de esa necesidad irracional del hombre por dejar una marca personal en alguna esquina olvidada de una página cualquiera de las memorias del mundo. Poco importa que lleguemos a intuir que esas líneas están condenadas a caer en el olvido. Tal vez por eso, el Graffiti es a día de hoy una de las metáforas más sinceras y apabullantes que existen de la vida.

Una de las principales consecuencias de ese uso del seudónimo y de esa pelea constante contra el tiempo, que todo lo borra, es que ese mundo se ha convertido en una suerte de escaparate hermético: Vivimos rodeados de graffitis, y sin embargo no conocemos casi nada de los graffiteros. Sólo así se explica que, muchas veces, la gente se sorprenda de cosas completamente normales, como que la pintada de debajo de su casa la haya hecho una mujer. Para enmendar ese error, y para acercar una realidad "que no se conoce, pero existe", Jeosm publica ahora Ellas, su quinto fotorreportaje: un particular intento por normalizar algo "de puertas para afuera", porque "de puertas para adentro nunca ha sido algo extraño".

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José J. Clemente, 'Jeosm' | Foto de Sergio Sánchez M.

PREGUNTA: Tengo entendido que tus comienzos con la fotografía están muy relacionados con el mundo del graffiti. ¿Cómo empezó todo?

RESPUESTA: Tal cual. De hecho yo empecé a fotografiar gracias al graffiti, porque necesitaba documentar mis pintadas. Y claro, lo habitual no era hacer una buena foto, de frente, a las once de la mañana y con una buena luz… Lo habitual era hacer fotos de noche, rápido, en sitios con poca luz, a veces incluso en túneles… Entonces, ahí me daba cuenta de que tenía unas carencias muy grandes: cuando llegaba con mis carretes, por ejemplo, y al revelarlos salían todas las fotos negras. Y yo en plan: Aquí pasa algo. Ya con el tiempo vi que había carretes de 400 y 800 asa; o que había diferentes objetivos que se podían poner en las cámaras. Porque claro, yo tenía la cámara de serie de la comunión, que venía con un 50, y había veces que la pintada no me salía entera… Y yo decía: ¡Pero esto no puede ser! ¿Pero por qué no me sale entera? Claro, no te sale entera porque estás con un 50. Luego, con los años me compré una compacta, que tenía un 28, y que tenía un flash que cargaba muy rápido, y aquello fue maravilloso. Pero contestando a tu pregunta, yo creo que esos obstáculos y ese tener, por fuerza, que aprender ciertos tecnicismos de la fotografía fue lo que me hizo interesarme cada vez más por ese mundo.

P: ¿Y cómo fue ese momento en el que decidiste dedicarte a ello a tiempo completo?

R: Creo que partió de una de estas crisis que tenemos algunas personas inquietas… Hace como cuatro años yo trabajaba de encargado en un comercio, ahí, muy cerquita de la Gran Vía. Y estaba todo muy bien, me encontraba muy contento con mi trabajo, me valoraban… pero decidí que quería dar el salto a la fotografía. En aquel momento ya había publicado tres libros; había hecho bastantes trabajos; estaba como autónomo y a la vez contratado en la empresa… Tenía ahí como muchos frentes abiertos y llegó un punto en el que dije: Mira, si no me voy de aquí, no voy a poder crecer. Porque también tener la seguridad de ese sueldo fijo es lo que te ancla muchas veces, ¿no? A ver, cómo te explico… No fue un rollo Mr Wonderful en plan "sal de tu zona de confort". Nada por el estilo. Pero sí fue más un "tienes que luchar por lo que quieres". Entonces, o espabilas o con 40 palos te va a dar mucho más reparo hacerlo. Así que cogí, me fui, me puse a trabajar de freelance, y ahora después de 4 años tengo la suerte de vivir de ello. Un lujo, vamos.

P: Tengo entendido también que no te gusta que te llamen artista, y que tampoco te denominas fotógrafo. ¿Qué eres exactamente?

R: Pues exactamente soy yo. Así de sencillo. Sin que parezca ególatra lo que digo, entiéndeme. Lo que pasa es que creo que "artista" es de las palabras más manoseadas de este país. Ahora cualquiera que hace algo un poco diferente ya es un artista. Y creo que se le está perdiendo el respeto a la palabra… Parece que todo el mundo puede hacer todo y ser todo. Y no tío, creo que hay ciertas cosas dentro del mundo del arte que no se pueden ningunear de esta manera. Por otro lado, con el tema de llamarme o no llamarme fotógrafo, lo que pasa es que no me gusta encasillarme, no sé si me explico. La palabra fotógrafo es tan amplia y abarca tantas cosas que muchas veces me resulta complicado encontrar un punto de unión con otras personas que se dedican a hacer fotos… No sé, eso de que metan en el mismo saco a tantas personas que entienden lo que hacen de maneras tan distintas… Al final yo lo que hago es mirar, nada más. Y utilizo una herramienta, que es una cámara de fotos, para hacer eso. Quiero dejar claro también, para que no se me malinterprete, que no se trata de una cosa de egos o de superioridad moral… Es simplemente que no me siento cómodo en este entorno en el que hay gente que no tiene nada que ver conmigo. Tal vez estoy más cerca de un documentalista o algo por el estilo: Soy más alguien que cuenta cosas que alguien que crea algo de la nada para señalar un concepto.

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P: ¿Cómo lidia un fotógrafo que tiene cierto afán de veracidad con los propios límites de la fotografía, esa manipulación inevitable que se hace al enfocar y cortar la realidad?

R: Es que esa manera de enfocar y cortar la realidad que comentas es algo innato de todos nosotros. Quiero decir. Tú cuando sales a la calle te puedes ir fijando a lo mejor en las zapatillas de la peña; y a lo mejor otro se fija en los árboles, y otro en los balcones… Ahí no estamos manipulando nada ¿no? En este caso es lo mismo. Luego está el asunto de las poses que pueden hacer los retratados, que ahí hay de todo. Yo nunca voy a decirle a nadie que pase por delante de mí, rápido, de tal o cual manera, para hacer una foto que quiera parecer espontánea. No manipulo las escenas precisamente para que haya esa parte de realidad. También, lo que suelo hacer cuando retrato a alguien es una ráfaga de cuatro o cinco fotos al principio que no me van a servir de nada. Y lo hago un poco para que vayan perdiendo esa pose que ponen para sentirse seguros. A partir de ahí es cuando ya empezamos a negociar. Porque un retrato es una negociación. Decir: Vale, te voy a sacar como yo te percibo, pero tienes que ser tú mismo. A veces no tengo mucho tiempo para trabajar y las cosas se complican, pero lo que intento siempre es alcanzar un cierto nivel de complicidad, para que por lo menos la imagen sea sincera. Porque también te digo que una postura muy usada por una persona, en cierto modo, tiene que ver con cómo es ella. Por eso lo que intento más que nada es que la mirada sea franca. Luego, en ese tema confluyen otras muchas cuestiones que van desde el nivel editorial hasta el nivel del fotógrafo o el del propio personaje y lo que quiera o se deje hacer.

P: Este libro parece una conjunción de tus dos publicaciones anteriores: Guerreros Urbanos y Mujer. ¿Cómo surgió la idea?

R: Pues precisamente, es una conjunción, como has dicho. La idea surgió además de cuando estaba sacando Guerreros Urbanos, porque muchos periodistas se sorprendían de que aparecieran dos o tres mujeres y me preguntaban todo el rato por ellas y por su vida en el mundo del graffiti. Parecía todo como un escándalo, ¿no? Y yo sin embargo lo veo todo muy normal, no sé… Para mí la mujer ha estado siempre en el mundo del graffiti. Desde que yo me he criado con ello hasta que veía documentales antiguos de los 80 y los 70 y la veía ahí también… ¿Era minoría? Sí, pero estaba. Es decir, era minoría como en muchos otros sectores de la sociedad, por desgracia, pero estaba. Así que eso, me llamaba mucho la atención cómo algo que para mí era perfectamente normal no era percibido de la misma manera por otra mucha gente. Eso es lo que he querido mostrar. Y he querido separarlo un poco de lo que ya hice en Guerreros Urbanos. Esto es un poco más documental, hay retratos, hay parte de reportaje y parte de detalles. También he querido mantener esa actitud de mi libro de Mujer: la mujer luchadora, fuerte, con coraje, independiente…

P: Esto me lleva a preguntarte por el tema del machismo y de la representación de la mujer. Hay gente que dice que parece que para representar a una mujer triunfadora hay que masculinizarla… ¿No sé tú qué opinas de ese tema?

R: No, si yo de hecho defiendo que cualidades como ser guerrera o como ser valiente son de la mujer desde siempre, no desde hace poco. Lo único que hago es mostrar esa valía de ellas al decir: mira, que esto lo hacen tías, no tíos. Y no estoy queriendo masculinizarlas, porque no lo necesitan. La mujer en el graffiti no necesita al tío para nada. En el libro se ven salidas de ellas solas. No salen acompañadas por ningún hombre. El tema este del machismo y el feminismo… O sea, me parece que evidentemente debe haber una lucha feminista por intentar equiparar de una vez a los hombres y a las mujeres en temas laborales y sociales. Pero en otros aspectos creo que al final es algo que o lo tienes o no lo tienes. Yo por ejemplo he crecido en una familia desestructurada en la que la cabeza de familia era mi madre; en el mundo del graffiti, ya te digo, hay un montón de mujeres con las que he compartido mi vida y con las que he crecido. No sé. Para mí es algo normal contar con que una mujer sea mi igual, y que tenga capacidades en las que es mucho mejor que un hombre. Esa es la realidad, vamos. Igual la gente dice que Angela Merkel triunfa porque es como un hombre, pero no se para a pensar que a lo mejor ella es así, y ya está. Porque luego otra mujer triunfa por todo lo contrario y también se la acusa… Joder, entonces las pobres cómo aciertan, ¿no? Que cada una haga lo que le dé la gana, igual que cada uno hacemos lo que nos da la gana, y ya está.

En ese sentido creo que el mundo del graffiti tiene algo muy bueno, que es que da igual que seas mujer u hombre, seas alto, bajo, tengas dinero, no lo tengas, con estudios, sin ellos… Ahí lo único que cuenta es lo que haces. Al final es cierto que es un mundo marginal, pero también es un mundo con unas lealtades, unos valores y unos códigos que ya los quisieran otros muchos… Porque da igual todo, el dinero, el sexo, la posición social… Es algo a la vez tan primitivo y tan sencillo que es bonito.

P: Eso es algo que refleja el libro, sí. También ellas comentan que la sorpresa de la gente de fuera al ver a tías que pintan contrasta mucho con la normalidad que se respira dentro con respecto a ese tema…

R: Claro. Por eso creo que estos proyectos fotográficos están bien, porque acercan realidades que la gente no conoce, pero que existen. Es como el fútbol femenino, que parece que lo está petando ahora porque se está empezando a seguir más, pero es que esas chicas lo llevan petando desde hace un montón. En el graffiti pasa un poco igual. Desde los años 70 ya estaba Lady Pink pintando… Entonces, claro, que ahora te sorprendas porque hay una tía que pinta… No sé… Tampoco son bichas raras que han empezado a hacerlo ayer.

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P: Volviendo a la fotografía: A la hora de retratar mujeres ¿cambia algo?

R: Sí. Pero yo creo que es más a nivel social, por la presión femenina que tienen. Al final la mujer, por desgracia, parece que siempre tiene que salir bella, preciosa, atractiva… Incluso deseable. Y sin embargo el tío se puede permitir el lujo de que con salir interesante vale. Y el problema viene entonces cuando yo retrato a la mujer y quiero plasmarla tal y como es. Muchas veces tiene que haber una parte de negociación con ella. Decirle: tía, sé que a lo mejor esta no es la mejor foto que te van a hacer, sé que a lo mejor no es la foto en la que vas a salir más guapa, pero es que es la foto que tiene que ser, porque esta eres tú. A veces hay que pelear un poco ese exceso de confianza por mi parte para poder retratarla así. Y decirle: ¿Me ayudas en esto? Porque necesito tu ayuda. Si no yo no puedo hacerlo. Necesito que seas sincera y que me ayudes a pegarle un golpe a la mesa, o al sistema o a lo que sea para sacarte tal como eres. Porque así estás perfecta y preciosa. Mi trabajo no consiste en sacar a la gente guapa, sino en sacarla como es.

P: En el libro también dices que querías retratarlo todo en blanco y negro, aún perdiendo toda la gama cromática que tiene el graffiti. ¿Por qué?

R: Pues mira, la razón principal es porque yo ya vengo de ese mundo y ya estoy muy habituado a fotografiar todo ese color. Por otro lado, tenía miedo de que el color pudiera distraer al espectador. Y por último, quería dejar claro que no es necesario fotografiar el color para sacar la esencia del graffiti. Muchas de las fotografías son de noche, además. No sé. Uno de mis grandes referentes en las fotografías nocturnas es Brassaï. Y joder, ahí te das cuenta de que a él no le hacía falta disponer de muchas cosas para hacer fotones. En ese sentido todo esto es como un reto para mí. Quiero decir, mi lenguaje es muy de blanco y negro, me siento muy cómodo ahí, pero también quería eso: Hacer un libro sobre el graffiti, de la mujer, en blanco y negro, con el añadido de que muchas de ellas no enseñan el rostro…

P: Eso es algo que te quería preguntar. ¿Hay alguna razón especial para que algunas enseñen la cara y otras no?

R: Bueno, es sobre todo por dos cuestiones: Una, porque lo que hacen es ilegal; y otra, por la misma negociación de la que hablábamos antes. Yo a ellas les he preguntado si querían sacar la cara o no. Es su decisión, no la mía. Y ese es el único pacto que he tenido con ellas. Al final las que han decidido que sí, genial; y las que han decidido que no, lo entiendo perfectamente, porque no dejan de estar haciendo algo ilegal y si hubieran accedido estarían dejando su cara en un libro para siempre. Hay que tener en cuenta que muchas se dedican a algo que no tiene nada que ver con el graffiti.

P: Ya hemos mencionado la normalidad que existe en el mundo del graffiti con respecto a la mujer… ¿Pero ha evolucionado el tema algo en estas últimas décadas?

R: Claro, ha evolucionado mucho. Ahora hay muchas más y está más normalizado si cabe. Por ejemplo, a mediados de los noventa era muy raro ver a mujeres pintando trenes. Muy pocas lo hacían. Ahora hay ya muchas que lo hacen, por suerte. Y luego, algo que me parece maravilloso es que ya salen grupos sólo de tías a pintar. Creo que lo comenta alguna en el libro. Y es que antes, simplemente porque había menos, siempre tenían que ir en grupos con tíos… Ahora no. Ahora al menos hay la cantidad suficiente para que puedan salir ellas solas. Eso a nivel de independencia del graffiti es brutal.

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P: Para ir cerrando ya, ¿quiénes son tus maestros?

R: Sobre todo los clásicos. Me quedaría con Elliot Erwitt, con Richard Avedon, con Mapplethorpe, con Brassaï, con Irving Penn… Básicamente estos son un poco los referentes a los que más miro. Luego, claro, hay gente mucho más contemporánea. Pero esta generación es a la que siempre vuelvo. Porque las modas pasan de moda, pero los clásicos se mantienen.

P: ¿E influencias de alguna otra disciplina?

R: Pues hombre… En cine Tarantino. O Hitchcock o Buñuel… Y en pintura tampoco te voy a decir nada rompedor, la verdad. A ver, gente como Picasso o como Miró me atrae mucho por lo que arriesgaron y lo que innovaron. Me hicieron entender que te puedes soltar la melena y que no pasa nada, que incluso se valora. Luego, así más a nivel práctico, te diría los típicos: Un Velázquez o un Greco. O así más actual un Augusto Ferrer-Dalmau, que encima tengo la suerte de conocerle y de ser su amigo. Cuando hablo con él, además, siempre comentamos cómo saca los matices, los cielos, las temperaturas de color… Le digo: ¡Tío, es que le has dado la luz del atardecer, tal cual! ¡Que cabrón! No sé. Esos serían mis referentes pictóricos a nivel de imagen. Para entendernos.

P: ¿Has pensado alguna vez en realizar algún proyecto en el que el peso del reportaje pase de las personas al entorno?

R: No, pero porque para mí los paisajes siempre han sido como un lugar de paso. Por ejemplo en el libro de Guerreros Urbanos hay una foto que me sirvió muy bien de transición, que eran unas vías de tren, solas. Como complemento está genial, pero luego necesito siempre que haya alguien ahí, porque es lo que quiero contar. Creo que en las personas se ve de una manera más sincera el paso del tiempo. Es decir, dentro de veinte años, mucha gente a la que he retratado hoy flipará. Y las propias modas, la forma de vestir. Retratar eso ayuda a ajustarse mejor al tiempo concreto que estás fotografiando.

P: ¿Y algún proyecto nuevo, completamente distinto, que tengas en la recámara?

R: Sí, por supuesto. Hay dos cosas concretas que me gustaría hacer: Uno, fotografía de guerra. Lo que pasa es que soy consciente de la dificultad del trabajo, y tampoco lo haría a cualquier precio. Porque viendo las condiciones que hay ahora, ¿qué quieres que te diga? Si voy a cobrar más en Zenda por hacer lo que hago que yéndome a Siria… No sé. De momento me vale como estoy. Y otra de las cosas que siempre me ha gustado y que tengo pendiente sería hacer algo con perros. Pero no de perros como mascotas, sino de perros como animales de los que podemos aprender mucho. Me gustaría hacer un reportaje de perros tullidos. De perros supervivientes. Esos perros con cicatrices que viven igual de contentos y felices, sin darle mayor importancia a sus discapacidades… Al final esa simpleza les hace grandes.

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