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Agapito Maestre

Contra Harold Bloom

El crítico sajón no pudo apreciar la literatura hispánica porque no sabía español. Su canon es un fracaso para nuestra literatura.

Agapito Maestre
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El crítico sajón no pudo apreciar la literatura hispánica porque no sabía español. Su canon es un fracaso para nuestra literatura.
El crítico literario Harold Bloom | Archivo

Así tituló José Emilio Pacheco, Premio Cervantes en 2010, uno de sus más famosos poemas de su libro Tarde o temprano, que decía:

Al doctor Harold Bloom lamento decirle
que repudio lo que él llamó "la ansiedad de las influencias".
Yo no quiero matar a López Velarde ni a Gorostiza ni a Paz ni a Sabines.

Por el contrario,
no podría escribir ni sabría qué hacer
en el caso imposible de que no existieran

Zozobra, Muerte sin fin, Piedra de sol, Recuento de Poemas.

Recuerdo bien ese poema, porque fue una de las piezas que utilicé para presentar al escritor en su última conferencia pública. Fue en abril de 2013, en la ciudad de México, y lo invité a participar en una mesa redonda sobre la obra de Gabriel Zaid, sin duda alguna, el humanista vivo más grande de México. Hacia tiempo que José Emilio Pacheco no participaba en actos públicos. Lo llamé por teléfono y me impresionó su determinación: "Por Gabriel voy hablar donde haga falta. En esta casa todos lo adoramos". Enrique Krauze, Javier Sicilia, Minerva Margarita Villarreal y Julio Hubard, junto al que les escribe, acompañaron a José Emilio Pacheco en el acto de reconocimiento de la vida y obra de Gabriel Zaid.

Yo recogía esos versos contra Bloom para mantener que los allí reunidos compartíamos unas mismas tradiciones culturales. Una inmensa tradición cultural, en lengua española, que está vigente es tanto como reconocer que pertenecemos a un recinto enorme donde todos están de alguna manera impregnados por una forma de pensar, de sentir, y, en fin, de Ser. Nuestro ser hispánico es obviamente diferente del ser sajón, y que había tantas razones para sentirse orgullosos como sin-razones tendrían los sajones para sentirse avergonzados de hablar de lo que no sabían. El crítico poema de José Emilio Pacheco contra el gran crítico norteamericano nos representaba a todos, porque nos hacía formar parte de esa inmensa tradición de pensamiento, de cultura, de tradición, que es, al fin, una experiencia de vida.

Bloom había criticado la originalidad de José Emilio Pacheco sin saber que estaba ante uno de los poeta más importantes de nuestra época sobre la reflexión sobre el arte y la creación artística. Para José Emilio Pachecho la noción peregrina de "originalidad" no pertenecía a los poetas sino a "críticos" como Harold Bloom. La poesía de José Emilio Pacheco no sabe de límites, de épocas o de escuelas. Su discurso poético es una trama compleja de intertextualidad entre poetas de diferentes épocas y lugares. El poeta, sí, bebe consciente o inconscientemente en las aguas en que bebieron otros poetas. Claro queda, por ejemplo, en su Escolio a Jorge Manrique:

La mar no es morir
sino la eterna
circulación de las transformaciones.

Pero no es la noción de crítica poética, tema sin duda apasionante, el tema del que les quiero escribir, sino de la sencillez y claridad impecable, en realidad, de la elegancia de José Emilio Pacheco para cuestionar al crítico sajón más importante de nuestra época, que tanto celebran los muchachotes de la derecha y de la izquierda literaria como el mejor de todos los tiempos. Cuando cité esos versos contra Bloom, esto fue lo que me respondió José Emilio Pacheco: "Cuando Harold Boom, en 2003, recibió el premio Alfonso Reyes me mencionó. Era lo mejor que podía hacer él para que yo me sintiese avergonzado de haberlo atacado. Harold Bloom es un hombre muy culto, con una capacidad de lectura inmensa. El problema es que no lee en español y se dejó aconsejar por gente que tiene cerca, sobre todo por los cubanos. De este modo, su noción de literatura hispánica se reduce a los cubanos".

Y eso, dicho sea de paso, cuando la propia literatura en lengua española tiene otro par de problemas que es preciso destacar. Uno es que, quizá, ustedes lo hayan notado, como decía Luis Buñuel: la literatura española, o la literatura hispánica, es muy buena, el problema es que no ha sabido hacerse publicidad como la francesa. Y el otro consiste en que de todas las lenguas europeas, la más difícil de traducir y la que peor se traduce, es la española. Creo que esto se debe en gran parte a la arrogancia anglosajona, que considera el español una lengua muy fácil y que se aprende muy fácilmente. Sí, se aprende muy fácilmente para decir "¿Dónde tomo un taxi?", pero el sistema verbal del español es terriblemente complicado. Aún más: es el más difícil de cualquier idioma conocido y la prueba es que nosotros mismos nos equivocamos constantemente en las conjugaciones. Hay veces cuando una letrita puede causar unas confusiones espantosas, si uno no conoce bien la lengua, sobre todo, las palabras que no están en el diccionario. No olvidemos que un diccionario es un repertorio de palabras, pero nunca será capaz de recogerlas todas. Es menester citar el caso de un poema mío que hablaba de la nada y que, de repente, se convierte en algo. El caso es que de "la nada" está traducido como la tercera persona del verbo nadar. Estas son las razones porque hay muy, muy pocas buenas traducciones del español. En el fondo, si uno no conoce la lengua, es muy difícil que la aprecie.

En efecto, ese fue el gran problema de Bloom con la literatura en lengua española. No pudo apreciarla porque no sabía español. Su canon es un fracaso para nuestra literatura.

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