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'Elevación': Stephen King aparta el terror en su novela más humana

La novela es sencilla, lineal y breve. Funciona, sobre todo, por su protagonista, un héroe puro, como el de los viejos western.

La novela es sencilla, lineal y breve. Funciona, sobre todo, por su protagonista, un héroe puro, como el de los viejos western.
Portada de 'Elevación' | Penguin Random House

El lector constante de Stephen King encontrará en su última novela, Elevación (Suma de Letras, 2019), la naturalidad, la fluidez narrativa de la que carecen algunos de sus últimos títulos, como El instituto (Plaza y Janés, 2019), que no pasa de ser un remake entretenido de la ochentera Ojos de fuego, o la confusa Bellas durmientes, escrita junto a su hijo Owen bajo el signo morado de los tiempos.

Elevación es sencilla, lineal y breve –tiene 170 páginas–, una antítesis de –las magníficas– It, Apocalipsis o 22/11/63, más complejas, enrevesadas y mastodónticas. El terror es nulo y el misterio es mínimo: el informático Scott Carey –que comparte, intencionadamente, nombre con el protagonista de la película de 1957 El increíble hombre menguante–, de la noche a la mañana, empieza a perder peso sin ver reducida su masa muscular. El tipo, lejos de preocuparse, asume su anomalía –y prevé su muerte– con estoica felicidad y dedica el resto de sus días en hacer las paces primero y ayudar después a sus vecinas, una pareja de lesbianas casadas marginadas por los habitantes de Castle Rock, unos "republicanos de la rama dura": "En 2016, tres de cada cuatro eligieron a Trump y creen que ese gobernador nuestro que tiene petrificado el cerebro camina sobre las aguas".

La novela funciona, sobre todo, por la simpatía, la nobleza y la humanidad que Carey inspira y contagia al resto de protagonistas. King ha retratado a un hombre bueno, "en el buen sentido de la palabra", como escribió el poeta. Es un héroe puro, como el de los antiguos western. Sus aristas morales/éticas están perfectamente definidas. No posee rincones oscuros, ni dilemas ni remordimientos. Tiene por objetivo irse en paz consigo mismo y con los suyos y, para ello, hace el bien a su escala. Así, conquista al lector hasta conducirle a un final amargo, emocionante y también hermoso.

Por lo demás, señalar que King vuelve a Castle Rock, la ciudad ficticia de Maine en la que transcurren, por ejemplo, La zona muerta, Cujo o La tienda; que hay un guiño a It –"una banda de rock de la localidad, Big Top, se rebautizó como Pennywise y los Payasos"–, y que la trama del tipo que pierde peso sin parar recuerda vagamente a la divertidísima Maldición –de una forma más terrible, eso sí–, publicada con el pseudónimo de Richard Bachman. Además puede que la carrera relatada en Elevación recuerde al "lector constante" a otra novela bachmaniana: La larga marcha.

En definitiva, si bien Elevación no se encuentra entre los diez mejores trabajos de King, es una obra bien hecha, efectiva y blanca que hará pasar a quien la lea una muy buena tarde –se ventila en un ratín–.

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