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Luis Alberto de Cuenca

Albert Uderzo (1927-2020)

Un grande del Noveno Arte nos ha dejado en medio de una coyuntura pandémica que, sin embargo, no ha tenido que ver con su final.

Luis Alberto de Cuenca
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Un grande del Noveno Arte nos ha dejado en medio de una coyuntura pandémica que, sin embargo, no ha tenido que ver con su final.

Se nos ha ido al otro lado del espejo uno de los nombres imprescindibles del cómic mundial: Albert Uderzo. Siempre asociaremos su fallecimiento con la epidemia vírica que está devastando el planeta y que ha coincidido en uno de sus peores momentos con el óbito de Uderzo a los noventa y dos años de edad. Con la inestimable colaboración de René Goscinny como guionista, la creación dibujística más famosa de Uderzo es, sin duda, Astérix, cuya primera luz brilló el 29 de octubre de 1959 en el número 1 del semanario francés Pilote. Recuerden el lugar en que se desarrollaba la acción de Astérix: una minúscula aldea de Armórica (la actual Bretaña francesa), último baluarte libre de una Galia invadida por los romanos. Recuerden la poción mágica preparada por el barbudo druida Panorámix, que convertía a Astérix después de beberla en una especie de Übermensch nietzscheano, un poco a la manera en que las espinacas hacían invencible a Popeye en la saga inmortal de E. C. Segar. Convenientemente drogado, no hay quien pueda con el héroe armoricano, como saben muy bien, para su desgracia, los legionarios de Julio César.

Todo eso obedecía, en los últimos años cincuenta del siglo pasado, a la politique de grandeur del general De Gaulle, como ya señalaba el llorado Terenci Moix en su mítico libro Los cómics, arte para el consumo y formas pop (Barcelona, Llibres de Sinera, 1968), monografía pionera de la que bebimos con avidez los teenagers de los sesenta, emocionados ante la posibilidad de que se convirtieran los tebeos en un tema de estudio, exégesis y hermeneusis de toda índole, como cualquier manifestación artística que se precie de serlo. Como anécdota, y por mucho que Astérix representara el espíritu gaullista, hay que decir que el general y presidente de la República francesa manifestó en numerosas ocasiones que su bande dessinée favorita era Tintín, pese a que el intrépido reportero creado por Hergé era, como todo el mundo sabe, bruselense y no parisino.

Volviendo a Uderzo, debemos subrayar su increíble talento no solo dando vida plástica a Astérix y compañía en un dibujo de carácter cómico y caricaturesco, sino también creando otros personajes dibujados de forma realista, y aquí hay que mencionar los primeros álbumes de la serie Tanguy y Laverdure, aparecida también por vez primera en la revista Pilote en 1959 y desarrollada en veintisiete álbumes firmados por diversos dibujantes a partir de 1961. Pero la imagen de los protagonistas de la saga, los amigos inseparables Tanguy y Laverdure, es la que quiso darles Uderzo, de la misma manera que El Guerrero del Antifaz lleva la marca indeleble de Manuel Gago, aunque haya sido dibujado por otros, o El Capitán Trueno el sello inigualable de Ambrós.

Un grande del Noveno Arte nos ha dejado en una coyuntura pandémica que no habíamos vivido hasta la fecha. Lo ha hecho de un ataque al corazón mientras dormía, sin que su fin haya tenido nada que ver con el maligno virus chino (como lo llama, malévolamente, Donald Trump). Cuando murió Goscinny, en 1977, con solo medio siglo de vida a sus espaldas, Uderzo se hizo cargo también del guion de los álbumes de Astérix, lo que ralentizó la producción de la saga y tal vez no llegó a la calidad narrativa que exhibió siempre Goscinny en todo cuanto hizo, pero el hecho es que la saga mantuvo el tipo con Uderzo al mando y hasta dio a luz verdaderas obras maestras como La rosa y la espada (1991). El último álbum de cuyo guion y dibujo se hizo cargo Uderzo en soledad fue Astérix y Latraviata, aparecido en 2001. A partir de esa fecha se produjo un hiato en la serie hasta que llegó el equipo formado por Jean-Yves Ferri (guionista) y Didier Conrad (dibujante), que han publicado ya cuatro álbumes entre 2013 y 2019. Unos álbumes que no están, por cierto, nada mal y que siguen de cerca el estilo narrativo y dibujístico desplegado por los maestros Goscinny y Uderzo desde Astérix el galo (1961).

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