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Pedro de Tena

Agapito Maestre o la razón histórica en vena a pecho español descubierto

No hace mucho que se ha publicado 'Razón en vena: conversaciones con Agapito Maestre', una recopilación de charlas con Jorge Casesmeiro Roger.

Pedro de Tena
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No hace mucho que se ha publicado 'Razón en vena: conversaciones con Agapito Maestre', una recopilación de charlas con Jorge Casesmeiro Roger.
Agapito Maestre | Youtube

No hace mucho que se ha publicado Razón en vena: conversaciones con Agapito Maestre, pensador español, conocido del público vinculado a Libertad Digital por sus colaboraciones tanto en estas mismas páginas como en esRadio. Por ello, no necesita mucha presentación, al contrario que este libro, que es una cascada de reflexiones, alusiones, insinuaciones, sugerencias y pinceladas sobre el pensar mismo, sobre la nación española, sobre la libertad y la democracia desde el propósito expreso de decir de verdad y con verdad. No puede ser más, ni menos, lo que es una conversación sincera, no un libro sosegado.

Las charlas sucesivas las sostuvo con su amigo y compañero periodista Jorge Casesmeiro Roger, con el que coincidí en Madrid a propósito del impulso de la resistencia democrática española. Ya entonces estaba ultimándose este libro en el que brillan con luz propia tanto el conocimiento de su interlocutor como la musculatura de las síntesis del entrevistador, nada simples dado el torrente vertiginoso que mana del pensamiento de quien resulta milagroso que pueda respirar entre palabra y palabra.

Su coautor no pierde la oportunidad de trazar una ruta biográfica e intelectual de su contertulio sistemático desde su doctorado y primeros pasos a los 24 años, su relación con Habermas y los de Fráncfort, su vocación hispanoamericana y su compromiso continuo con España, la realidad matriz a la que vuelve una y otra vez. Como en el caso de su admirado Ortega, todo lo que ha escrito y pensado ha tenido a España como raíz y motivo.

La trayectoria, que es lo que explica el sentido de la vida de una persona, es, a pesar de los cambios de dirección desde su juventud –algo natural dada la presencia de la Dictadura y la ingenuidad y falta de experiencia histórica de los jóvenes—, la de alguien que ha querido ser fiel a la verdad según fuese percibida en cada momento. Ha cambiado, cierto, pero siempre fiel a la independencia filosófica, siempre alejándose de los privilegios del poder y siempre aspirando a la autenticidad, vieja palabra pero de contenido apropiado, como meta.

Es abrumadora la experiencia vital y académica de Agapito. Su relación con los personajes, sobre todo filósofos, que han aportado ideas e interpretaciones a la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI, es directa, muy especialmente con la filosofía crítica del racionalismo y con el racimo de pensadores cercanos que progresivamente han ido meditando sobre la brillante tradición recuperada del pensamiento español.

España es, ciertamente, su circunstancia vital y en ella y desde ella, Agapito piensa. En su gran libro anterior, José Ortega y Gasset. El gran maestro, que ya comentamos en estas mismas páginas, Agapito Maestre había punteado uno de los grandes problemas de España, la indefensión de la nación, algo previo al Estado y a la democracia, ante quienes ni quieren nación ni quieren democracia digna, sana no morbosa, y respetuosa con ciudadanos que son personas y no masas.

El ataque a la nación española en la vertebración liberal y democrática que propugnaba Ortega fue similar y simultánea a la agresión sistemática a la conciliación de la versión católica de la democracia y el liberalismo que se ha perpetrado desde los primeros años del siglo XX. Los abanderados de ambas opciones, el gran maestro, y el cardenal periodista Herrera Oria, fueron derrotados por sus circunstancias, tal vez por haberse anticipado a sus épocas. Falta tal vez un estudio más a fondo de Julián Besteiro, símbolo del fracaso de una socialdemocracia patriótica española también en este caso destrozada por sus enemigos y las circunstancias.

Esa verdad, obstruida, penalizada o silenciada, o todo ello en su conjunto, es la raíz en la que se alimentan los problemas actuales de España como nación, a los que Agapito pasa revista de manera sistemática y sucesiva en estas conversaciones. Y lo hace desde una razón apasionada o desde una pasión razonada, como proclamó Unamuno, un pensamiento que siente y un sentimiento que piensa, inserto en la realidad y circunstancias de la vida y de la historia que se vive. No hay razón sin más, ni razón pura. Tras la crítica de la Ilustración y la de la razón metafísica, sólo queda razón histórica, raciovitalismo, razón en las venas de las circunstancias.

Esta razón no es una razón pasiva, ni contemplativa. La Iglesia católica, a la que debemos mucho de nuestro vocabulario, llama militante a la parte de la Iglesia que existe en esta vida, no en la otra vida y que, por ello, está obligada a pelear por su salvación. En el movimiento obrero, la palabra "militante" adquirió una gran preponderancia al designar a quienes luchaban por la mejora de las condiciones de vida y el ascenso a la ciudadanía en igualdad de oportunidades.

El filósofo militante es un rasgo característico del filósofo ciudadano, bien lejano del filósofo rey, aliado del poder y administrador de categorías oficiales. No se puede buscar la verdad con pasión y fidelidad y guardar silencio. No se puede ser crítico y callar. Ser filósofo de la política es ser filósofo en la política sin miedo a las consecuencias del pensamiento y de la libertad y a sabiendas de que cualquier poder, el que sea, nunca será ni comprensivo ni generoso con quienes lo cuestionan.

En este libro, escrito antes de la pandemia de coronavirus, se comienza con Venezuela, síntoma de esa otra epidemia decadente pero contagiosa de comunismo reversionado cada vez más alejado de la pretensión de racionalidad hegeliana del marxismo primitivo. Tal vez de haberse escrito un poco después se hubiera comenzado por las notas distintivas y el carácter de una crisis general que se avecina: ni la naturaleza es humanista, ni los hombres somos Dios, ni la historia ni la libertad están escritas, ni estamos a salvo a pesar de nuestro poderío científico y tecnológico, ni hemos logrado el progreso moral que se esperaba. Podemos volver al salvajismo político en cualquier momento.

Pero es un libro pegado a España. Si alguien quiere conocer a los filósofos españoles más destacados de los últimos ochenta años, tiene que pasar sus páginas. De ese modo, puede conocer mejor a Unamuno, a Ortega sobre todo —al que bautizamos una tarde como "bueno y mártir" parafraseando a Gonzalo García Pelayo que le llama "santo"—, a Xavier Zubiri, María Zambrano, Julián Marías, Gustavo Bueno, a Gabriel Albiac, a Fernando Savater, a Carlos Díaz —ninguno de ellos significado por su amor a las poltronas—, y darse una vuelta por pensadores y escritores hispanoamericanos como Gabriel Zaid, Alfonso Reyes, Víctor Farías, el desvelador del nazismo filosófico de Heidegger gracias en parte al propio Agapito Maestre...

Al tiempo, este libro puede ser considerado como una introducción a la historia y el valor del del pensamiento occidental, naturalmente Kant, Hegel, Marx, Camus, Habermas, Adorno, Foucault, Marcuse, Gadamer, Rawls, el canadiense Charles Taylor, "Tugo", Ernst Tugendhat y una larga relación de nombres que son comentados y anotados en estas conversaciones.

No quiero dejar fuera el papel del periodismo en la razón pasional de Maestre. La presencia en las venas de la realidad ya fue una constante de Ortega y Gasset, o del propio Unamuno. Ambos destinaron no pocas páginas a un tipo de periodismo filosófico que no rehuía ninguna de las cuestiones candentes de la circunstancia española, europea o universal. Agapito ha seguido fiel a esa senda desde El Mundo, Libertad Digital y otros medios. Y sigue y seguirá mientras le dejen. Ningún acontecimiento decisivo está fuera de estas páginas desde mayo del 68 al golpe de estado separatista catalán, desde los asesinatos de ETA a la preeminencia de las víctimas.

Una de las reflexiones más llamativas de este libro, si es que es posible privilegiar a alguna, es la referida a la heterodoxia y a su historia, iniciada por Marcelino Menéndez Pelayo, al que se considerada injustamente tratado por una parte de los supuestos intelectuales patrios. De hecho, da a entender que, entre sus próximos proyectos editoriales, además del por venir Las entretelas de España, donde se recogen sus reflexiones sobre la nación española y su hasta ahora permanente incapacidad de conciliación en un marco liberal compartido, está la redacción de una historia de la heterodoxia española reciente desde Antonio García Trevijano pasando por Aquilino Duque o César Alonso de los Ríos o Manuel Sacristán además de muchos otros ya nombrados. Todos ellos alejados de los mandarines al servicio del poder.

En una muy relevante introducción a su capítulo quinto, titulado Memoria no es historia, Jorge Casesmeiro escribe: "Lleva en las venas, Agapito Maestre, la invención de los griegos y al Dios de los Judíos, la ciencia moderna y el fundamento de nuestras libertades. El principio del verbo. La radical democracia de saber a imagen y semejanza del vecino. Todos igualmente condenados a ser libres".

Para quienes crean que todo en filosofía es capricho, metáfora u ocurrencia, digamos que Agapito también lleva en sus venas el rigor documental e investigador, la racionalidad argumentada de sus expresiones y la apuesta decidida por una trayectoria vital que le mantenga fiel a lo que se presenta como verdad ante su mirada crítica. A todo ello nos introduce este libro, que no es poco.

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