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Agapito Maestre

Diario de la epidemia. Por la libertad

No es el tiempo del “moralismo” sino de la responsabilidad política. Si es verdad que hay heridas en este sectario gobierno, una moción de censura testimonial serviría para curarlas de una vez por todas.

Agapito Maestre
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Miércoles, 20 de mayo.

Estamos al comienzo del fin. El estado de alarma llega sin fuerza pero con malas intenciones. Nadie debería escribir sobre este final del estado de alarma sin recordar que ha servido para tapar, o peor, dar cobertura a los errores de este Gobierno para atajar la epidemia de la Covid-19. Todos deberíamos hacer un esfuerzo para no olvidar. Es menester saber de dónde venimos para saber qué podemos esperar de este Gobierno. Yo tengo un archivo con más de cien opiniones sobre las barbaridades de este Gobierno. Se las pedí a otros tantos amigos resumidas en sencillos decálogos, que aquí publicó cuando llega la ocasión; hoy me toca citar la síntesis del bueno Jesús García Toledo, un probo, honrado e íntegro funcionario del Estado, quien enumeró, además de los económicos, los siguientes desmanes políticos y morales de Sánchez:

  1. Ocultación de la verdad de la situación real. Saltarse la legislación UE, recibiendo a la vicepresidenta de Venezuela.
  2. Poner la ideología del partido antes que la salud de los españoles. No informar bien, faltando a la verdad de lo que ya conocía el gobierno.
  3. Crear bulos y subvencionar a los medios de comunicación acólitos al gobierno.
  4. Tomar tarde la decisión de la Alerta Sanitaria y convertirla en un estado de excepción.
  5. No haberse proveído de material sanitario a todo el personal Sanitario, fuerzas Armadas, policía etc.
  6. Ineficacia y corrupción en la planificación y compras de Material sanitario y hacer Reales Decretos innecesarios e inapropiados a un estado de alarma.
  7. Mentir hasta la saciedad en las comparecencias de Pedro Sanchez, Pablo Iglesias, Illa, Simón, etcétera.
  8. La gestión que han realizado al frente del gobierno no ha estado nunca a la altura de las circunstancias por ineptitud, inutilidad, incompetencia… Ocultación de todas las cifras, contaminados, uvi, ingresados, muertes etc.
  9. La falta de planificación en todos los ámbitos de decisiones gubernamentales que nos han llevado a mayor mortandad de personas Mayores y a la ruina económica al España.
  10. El secuestro de todos los derechos Fundamentales otorgados por la Constitución Española en vigor, empezando por habernos quitado la LIBERTAD.
  11. Es obvio que mi buen amigo al escribir libertad con mayúscula ha tratado de resaltar cuál es el mayor bien a ejercer y, antes que nada, a reivindicar ante nuestros captores. Creo que algo de ese ambiente se reflejó en la sesión del Congreso de los Diputados dedicada a tratar la solicitud del Gobierno de la quinta prórroga del estado de alarma, que ha devenido un caos total. El Gobierno dice a la vez una cosa y la contraria. Está fuera de juego. Los últimos días se han puesto en evidencia todas las contradicciones de un gobierno romo y feroz. A la izquierda no le ha quedado otro remedio que simular quiebras en su gobierno, en sus órganos de agitación y propaganda, e incluso con sus socios terroristas. Eso no significa que Sánchez no consiga rehacerse. Quienes den por muerto este Gobierno, en mi opinión, se equivocan, y yerran más quienes crean que un par de editoriales de la gente de PRISA hará caer a Sánchez-Iglesias. Esta gente aún tiene mil resortes para sobrevivir. O sea para pisotear la libertad.

Sábado, 23 de mayo.

Ya hace calor en Madrid. Me levanto temprano, y no dejo de darle vueltas a la peregrina idea de que la supervivencia del gobierno socialista-comunista dependerá no tanto del sacrificio de las libertades sino de mi libertad. En verdad, no me preocupan tanto las libertades en plural como la de mi libertad. Confieso que soy demasiado egoísta. Bentham y, sobre todo, su ateo discípulo Stirner siempre me han ganado.

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El racionalismo del segundo es portentoso. Recuerdo que yo lo leí, en mis estudios juveniles de filosofía, movido por la curiosidad que me despertó una carta de Engels a Marx de 1844: "Probablemente habrás oído hablar, si es que aún no lo has leído, del libro de Stirner El único y su propiedad. El principio del noble Stirner es el egoísmo de Bentham, desarrollado por una parte con más lógica y por otra parte con menos. Con más lógica, porque Stirner, en su calidad de ateo, coloca al individuo por encima de Dios, mientras que Bentham deja subsistir a Dios en una nebulosa lejana, y porque, subido sobre los hombros del idealismo alemán, es un idealista materialista y empírico, mientras que Bentham es simplemente un empírico".

Creo que todo es extremo Stirner. O lo rechazamos en bloque o lo aceptamos como una enfermedad. Cuesta mucho zafarse de sus razonamientos. Este fracasado del siglo XIX siempre me pudo. El egoísta, el "único" de Stirner es el superhombre de Nietzsche. Mira que le he hecho objeciones, pero siempre vuelvo a él. Despreciado por los anarquistas por no ser comunitario, o sea por ser un egoísta sin ningún apego a un tú si no "puede servirse de él", y temido por los nihilistas por su excesivo apego al dinero, que creyeron la caricatura que de él hizo Marx: "El dinero hace la felicidad", no sé que admirar más si su candor egoísta o su fantasmagoría en favor de la desaparición de la vida pública. Nadie como Stirner para atacar el Estado. Nadie con más coraje e inteligencia que Stirner ha aparecido en nuestro tiempo para cambiar el Estado por la propiedad privada. Y nadie, entre los liberales y libertarios de todos los tiempos, ha ido más lejos que Stirner a la hora de luchar por que solo exista una vida puramente privada. Una idea menos plausible, por no decir utópica, que aquella otra que aspira a que solo exista vida pública. Una posibilidad cada vez más real e infinitamente, según está el patio, más amenazadora y peligrosa que la primera…

Dejo el libro y leo la prensa. Es una manera de salir de mis elucubraciones libertarias. Y observo que frente a los simulacros de rupturas en el principal bloque de poder, porque el Gobierno ha firmado con los terroristas la derogación de la Ley de Reforma Laboral, el panorama de los partidos políticos, o mejor, la relación entre el PP y Vox dista de ser clara y distinta. Se me difumina el PP a la hora de definir su proyecto y más aún de cómo llevarlo a cabo. Es como si estuviera dejando pasar una ocasión fantástica para sus intereses. Nada que objetar al discurso crítico de Casado en las Cortes, pero mil observaciones habría que hacer a un PP que sigue sin trazar un plan firme y riguroso de actuación en las instituciones, en los medios de comunicación y en la calle. El PP parece que espera, casi como un don Tancredo, entre quienes trivializan el poderío de la enfermedad de la Covid-19 por un lado, y quienes todo lo fían a la protesta en la calle por otro. La derecha no traza un plan político firme para enfrentarse con determinación al Gobierno.

Vox sigue siendo la única fuerza política que no juega al tacticismo cortoplacista. Su batalla por la libertad está dando resultados. Las manifestaciones del sábado en favor de la libertad y contra el gobierno han sido todo un éxito. Pero sigue sin superar su gran problema: la demonización que la mayoría de los medios de comunicación ha hecho de un partido, que es, sin duda alguna, liberal en lo económico, nacional y puntillosamente constitucionalista, en lo político, y firme en la defensa de los derechos individuales. ¡Resulta curioso que el partido con mayor coherencia argumentativa del Congreso de los Diputados sea desconsiderado en la esfera pública política! Esa situación dice más, o mejor, nos ilustra, por desgracia, más sobre la brutalidad y analfabetismo de los medios de creación de opinión pública-política que sobre la inteligencia de un partido político, que defiende el proyecto democrático sobra las bases de la unidad nacional. ¡España siempre extraña en cuestiones de sabiduría política! Se dirige más por los prejuicios que por la inteligencia.

Vox, en todo caso, haría bien en conservar su ideario político de principios y, sobre todo, no caer en ingenuidades políticas al calor de sus triunfos en la calle. Por ejemplo, no creo que sea oportuno ahora plantear una moción de censura, como algunos de sus líderes han apuntando. Salvo a los testimonialistas, no creo que esa acción le guste a muchas personas con prudencia política. Serviría, sí, para ahondar y mostrar aún más las miserias del Ejecutivo; pero, si no cuenta con la mayoría para derrocar a Sánchez, quedaría reducida a un lamento moral. No es el tiempo del "moralismo" sino de la responsabilidad política. No sólo no se ganaría esa moción de censura, sino que quizá le daría alas al "frente" de los socialistas, comunistas y separatistas para reforzar sus lazos ideológicos y económicos. Si es verdad que hay heridas en este sectario gobierno, una moción de censura testimonial serviría para curarlas de una vez por todas.

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