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Iván Vélez: "Cataluña es tan federable como Cuenca. Es decir: nada"

El escritor publica Nuestro hombre en la CIA, un ensayo acerca de las injerencias norteamericanas en ciertos grupos antifranquistas.

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El escritor publica Nuestro hombre en la CIA, un ensayo acerca de las injerencias norteamericanas en ciertos grupos antifranquistas.
Iván Vélez | David Alonso Rincón

Cuenta Iván Vélez en la introducción a su última obra que en 2012 Pablo Martí Zaro era un perfecto desconocido para él. Desde entonces, sin embargo, ha ido confeccionando todo un ensayo basado en su figura, desde la que ha podido conocer algunas de las muchísimas luchas ideológicas que tuvieron lugar en España durante los años del franquismo. Entre todos los grupos antifranquistas que se reunían y elaboraban planes para confeccionar un país diferente, algunos de los principales nombres del panorama cultural del momento compartieron unas bases mínimas sobre las que construyeron una propia idea de Estado. Todos ellos eran igual de anticomunistas que de antifranquistas, y tal vez por eso llamaron pronto la atención de Estados Unidos. De esa manera, Vélez reconstruye en Nuestro hombre en la CIA (Ediciones Encuentro) el proceso mediante el cual el centro de inteligencia norteamericano, a través del conocido Congreso por la Libertad de la Cultura, trató de configurar una alternativa al franquismo oficial que no corriese el riesgo de atraer a España hacia el otro lado del Telón de Acero. Sin embargo, más allá de la dialéctica típica de la Guerra Fría, lo que se terminó desatando en España fue una batalla centrada en la propia concepción de la nación, y en la que comenzaron a cobrar fuerza algunas posturas como el europeísmo o el federalismo. Hablamos con el autor.

Pregunta: ¿Por qué Pablo Martí Zaro?

Respuesta: Bueno, Pablo Martí Zaro fue el secretario de todo el colectivo, por lo que todo el archivo pasa por él inevitablemente. Él era el que pagaba las facturas, el que redactaba las actas de las reuniones, y muchas otras cosas más. En ese sentido era la figura central, no porque fuese el que llevase la iniciativa del grupo, sino porque toda la actividad de los distintos integrantes pasaba por él. Este libro es fruto de muchos años de trabajo y de investigación, centrada en gran medida en la Fundación Pablo Iglesias y en una serie de documentos que, cuando comencé, estaban descatalogados. De hecho, he sido yo quien los ha bautizado como Fondo Martí Zaro. No es que existiera un Fondo Martí Zaro antes de esto.

P: Claro. Lo preguntaba porque a medida que avanza la lectura uno se da cuenta que Martí Zaro no es el personaje más relevante del Comité español.

R: Exacto. Él en realidad no es el protagonista. Podríamos decir que, básicamente, es la fuente principal de la que he bebido para construir el libro. Hay que reconocerle que tuvo el acierto de conservar toda la documentación debidamente. Su viuda la depositó después en la Fundación Pablo Iglesias. Pero también hay que destacar que existen trabajos de Martí Zaro integrados dentro del Comité español. Es decir, que él no era solamente un mero burócrata. A veces elaboraba informes, algunos de ellos bastante interesantes, como por ejemplo la clasificación que hizo de los grupos ideológicos del momento. Ese es Pablo Martí Zaro: no es el protagonista principal de la acción, pero sí es el espectador de todo lo que ocurre.

P: El libro viene a desmentir, de alguna manera, esa idea que parece imperar estos días de que para ser antifranquista había que ser comunista.

R: Sí, a ver. Te podría responder varias cosas a eso. Para empezar, el primer error es considerar que el franquismo es una etapa de cuatro décadas absolutamente homogéneas y de bloques estáticos. Tanto dentro del régimen como fuera lo que había eran muchas familias ideológicas. En el libro se ve cómo varias de ellas estaban unidas contra el franquismo, como es lógico, pero al mismo tiempo compartían su anticomunismo. Provenían de todos los lados: algunos de los integrantes del Comité español eran funcionarios que habían comenzado a distanciarse del régimen. O el mismo Ridruejo, por ejemplo, con toda su labor en la Falange. Gente anticomunista, en definitiva, al igual que Franco, pero que quería una España diferente. Luego, por otro lado, hay que tener en cuenta que incluso dentro de ese grupo antifranquista y anticomunista convivían a su vez multitud de familias ideológicas distintas. No todos eran liberales. La complejidad es absoluta en todos los bandos. Aunque al final podríamos distinguir, grosso modo, tres bloques: Por un lado el franquismo, con todas sus evoluciones; por otro la oposición formada por el Partido Comunista de España, también integrado por varias familias distintas; y por último una oposición que podría denominarse como liberal y socialdemócrata. En esta última es en la que se encuentran integrados todos los miembros del Comité español. Yo, personalmente, he bautizado a este bloque como el federalcatolicismo, porque buscaba una España federal y europeísta, pero con coordenadas católicas.

P: Me llama la atención que, siendo muchos de sus integrantes destacadas personalidades del mundo cultural español de aquella época, se mojasen de forma más o menos explícita contra el régimen. ¿Cómo sorteaban las represalias por sus acciones?

R: Bueno, Pablo Martí Zaro, por ejemplo, perdió su puesto como funcionario en el Ministerio de Agricultura, y como él muchos otros. A raíz sobre todo del Contubernio de Múnich. Ese fue el episodio que desató las mayores represalias contra los integrantes del Comité español. Fue algo que le sentó muy mal al régimen, entre otras cosas, porque Franco ya tenía su propio plan para entrar en Europa, y el Contubernio lo obstaculizó. Eso hay que decirlo claramente. Es una cosa que me dijo Juan Velarde. Entonces, claro, los miembros del Comité español sufrieron represalias, por su puesto, pero también es verdad que no fueron en absoluto tan bárbaras como las que sufrieron otros. ¿Por qué? Pues porque no eran comunistas. Eran una oposición… ¿cómo decirlo? No tan frontal. Posiblemente también por sus conexiones con el mundo financiero. Sí que es cierto que algunos perdieron su cátedra, como Aranguren, por ejemplo. Fueron expulsados de la vida académica, como Tierno Galván, también. Pero el Congreso por la Libertad de la Cultura los amparó y los cuidó. Les permitió seguir viviendo dignamente. En términos generales no sufrieron demasiado ensañamiento. Como mucho, en esas reuniones que ellos celebraban para ir articulando la idea de una España autonómica y federal, recibieron algún toque de la policía. Pequeños avisos que les daban como para decirles: "Cuidado, no os excedáis". Pero eran tolerados hasta cierto punto.

P: Por no dejarlo pasar, ¿cómo obstaculizó el Contubernio la entrada de España en Europa?

R: Pues, a ver. El Contubernio lo impulsa el Congreso para la Libertad de la Cultura. O sea, es un proyecto yanqui. Lo que pasa es que lo que hace es evitar la relación bilateral España-Europa. Ellos estaban preocupados de que tanto Europa como Estados Unidos pudiesen terminar de legitimar de alguna manera a Franco. Por eso, en Múnich argumentaron que la comunidad europea no podía relacionarse con regímenes dictatoriales. Lo que se abre entonces es la vía de una España que entrará en la comunidad europea una vez alcance la democracia. Velarde me explicó, en ese sentido, que probablemente el plan trabajado por el franquismo oficial colocaba a España en una posición de fuerza mayor en Europa que la que tuvo después, cuando se incorporó. Porque no es lo mismo ser un actor único que negocia directamente con toda una comunidad, que ser un miembro más de toda esa comunidad, en la que inevitablemente vas a ver disueltos tus intereses particulares.

P: Entrando más de lleno en el propio Congreso por la Libertad de la Cultura, es interesante ver la partida que se jugó en España durante la Guerra Fría.

R: Sin duda. ¿Y por qué era atractiva España para Estados Unidos? Pues porque era netamente anticomunista, además de que geoestratégicamente seguía siendo importante por su situación en el mapa. En su debe, sin embargo, estaba el hecho de que no fuese una democracia. No se ajustaba en ese sentido a las estructuras imperialistas norteamericanas. No obstante, ese tipo de reparos ideológicos en seguida fueron superados. Hay que pensar que a principios de los años 50, mucho antes de configurarse este grupo del Comité español del Congreso por la Libertad de la Cultura, ya se habían establecido los famosos pactos militares. También, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial hay un montón de españoles becados por instituciones norteamericanas para atraerlos a su atmósfera. Es lógico. Al final el Comité español es sólo uno de los proyectos. No es, ni mucho menos, toda la estrategia norteamericana. Podríamos decir que se trata únicamente del sesgo cultural e ideológico. Luego había otros, como el militar que hemos comentado, y otros más.

P: En otro orden de cosas, es llamativo ver a muchos de esos integrantes del Comité español aceptando las tesis nacionalistas catalanas en los encuentros Castilla-Cataluña que organizaron.

R: Absolutamente. En el año 64 se celebra ya el primer encuentro Cataluña-Castilla en L’Ametlla del Vallés, en el caserón de Félix Millet Maristani, padre de Félix Millet Tussell, el del Caso Palau. Por entonces, para ellos Castilla era lo que los catalanistas actuales llaman España, es decir, toda la España que no es Cataluña. Y ahí ellos, todos, incluso los que estuvieron bajo el sello "Castilla", Ridruejo incluido, asumieron las tesis de autodeterminación. Hablaban por supuesto de nacionalidades, e incluso de Cataluña como pueblo conquistado y oprimido. Vamos… En la documentación que hay de esos coloquios perfectamente podría estar Torra metido. Así de claro. Por explicar fácilmente el nivel de ideología nacionalista que aceptaban en ese momento los miembros del Comité español. De sus encuentros se pueden leer aseveraciones igual de racistas que las de Torra o las de Junqueras. Es decir, eran gente que se mantenía en el racismo, en el mito de la cultura y en la hispanofobia más radical. Y los llamados castellanos se tragaron el cuento catalanista entero. Es lo que te digo: admitieron el derecho de autodeterminación. Estamos hablando del año 64. Es algo increíble.

P: En el libro mencionas una ligera incomodidad con ese tema de Julián Marías. ¿Hasta qué punto hubo discrepancias en el Comité español por ese asunto?

R: No hubo demasiadas, en realidad. Ten en cuenta que ellos manejaban la idea de las comunidades diferenciadas. Desde luego, lo que estaban haciendo ahí era prefigurar la España autonómica y apostando decididamente por la vía federal. Evidentemente, no todos tragaron tanto, pero en líneas generales aceptaban prácticamente todas las tesis catalanistas. Otro ejemplo: las tesis lingüísticas. Ellos decían que los niños catalanoparlantes sufrían perjuicios cognitivos si se veían obligados a estudiar en español. Y sin embargo ahora no dicen lo mismo de los niños castellanoparlantes que se ven obligados a estudiar en catalán. Eso estaba ahí ya en el 64, como el tema de las razas y las etnias, de la conquista, de la autodeterminación… Estaba todo, ya. Y en el 65, en el que se incorporó Ernest Lluch a los coloquios, se empezó a hablar incluso de las balanzas fiscales. Es decir: todo lo que hemos oído en los últimos diez años se hablaba ya hace sesenta.

P: ¿Hasta qué punto pudo jugar un papel el antifranquismo compartido por todos con la aceptación sin demasiados remilgos de todas esas tesis?

R: Pues yo creo que tuvo bastante que ver, desde luego. Pasaba un poco como ahora con el FRAP. Como se decía antifranquista, todo vale. Todavía hoy, que han pasado 45 años de la muerte de Franco, si te dices antifranquista todo vale. Se trata de una falta de análisis vergonzosa. En su caso concreto, además, habría que añadir que los conceptos de autodeterminación, ligados a la raza y a las etnias, todavía se aceptaban fácilmente porque muchas de las ideas del nazismo, aunque habían sido vencidas en el campo de batalla, aún estaban latentes por aquel entonces.

P: Al final sus ideas acabaron fructificando más o menos en la Transición, pero ellos no fueron los principales artífices políticos del cambio.

R: Yo creo que a este grupo, por cuestiones biográficas, se le hizo demasiado largo el franquismo. Ten en cuenta que, si hoy viviesen, todos ellos tendrían cien años más o menos. En ese sentido el fin del franquismo les llegó demasiado tarde. Ridruejo murió antes que Franco, incluso. Ridruejo, que una vez terminó de convertirse a la socialdemocracia podría ser tomado como el símbolo político aglutinador de todo el Comité español, falleció muy poco antes que el dictador. Eso sirve casi como metáfora para entender cómo llegaron de agotados a la recta final. En los setenta aparecieron otras generaciones, más en concreto la de Felipe González y el socialismo, que también tenían ínfulas europeístas y tentaciones federalistas; y que además estaban financiadas por Alemania. Así que sí, por resumir, podríamos decir que a los miembros del Comité español se les hizo largo el franquismo. Por eso no llegaron a la cúspide del poder. Aunque hay que reconocerles que su influjo es evidente. Para que te hagas una idea, José Luis Sampedro aparece en el 15M todavía. O sea que podríamos decir que el alcance ideológico del Comité es bastante más profundo que su influjo directo en la política real. Es verdad que algunos de ellos llegaron a ser senadores, o incluso a ostentar cargos, como Tierno Galván, pero si te das cuenta, hasta la figura de Galván era vista como la del Viejo Profesor, como la de alguien que había llegado un poco tarde. Su legado sin embargo es evidente: la España autonómica está ahí, sin ir más lejos. Han conseguido tener éxito en el terreno ideológico.

P: ¿Cómo catalogarías ese éxito, ahora que podemos ver los frutos cuarenta y cinco años después?

R: Pues te diría que, desde luego, se trata de un éxito bastante amplio. El mero hecho de que en el golpe de Estado ocurrido en Cataluña hace dos años se esgrimiesen argumentos que ellos utilizaban hace sesenta ya dice bastante. En ese sentido creo que la parte no catalanista del Comité no supo ver la trascendencia real de lo que se estaba allí discutiendo. Pero vamos, todos son responsables, a fin de cuentas, porque todos se mantuvieron más o menos en esas mismas coordenadas. El éxito ideológico que han tenido es muy grande. La idea, por ejemplo, de una España opresora de pueblos ahora es admitida por muchísimos españoles; los sistemas educativos; la fragmentación autonómica. Todo eso ya lo prefiguraban ellos y se acabó llevando a cabo en grandísimo grado. Eso ha llevado no sólo a que en Cataluña haya habido un golpe de Estado hace poco, sino a que tanto allí como en el País Vasco la presencia del Estado sea residual.

P: Pero algunos federalistas de hoy, sin embargo, critican también duramente a diversos grupos regionalistas y les recriminan que sólo reivindiquen la idea de federación para reclamar más derechos, pero no para asumir más responsabilidades. En ese sentido, también critican el sistema autonómico, pero no por la fragmentación nacional, sino porque no ha sabido configurar una verdadera federación. ¿Tú qué opinas?

R: A mí me parece que a los federalistas de hoy habría que preguntarles cuáles son las unidades federables. Que las definan con nombres y apellidos. Que Pedro Sánchez nos diga cuántas naciones hay en España. Y en virtud de qué unos territorios son nación y otros no. Que nos lo expliquen, porque, evidentemente, políticamente no lo son. A mi modo de ver, el federalismo es una mera excusa para que los secesionistas y sus aliados españoles acomplejados sigan privilegiando a unas regiones frente a otras. Porque es que no hay naciones. No hay nada federable. Políticamente, Cataluña es tan federable como Cuenca, es decir: nada. Lo llamativo de todo es que los federalistas regionalistas no tienen ningún tipo de sentimiento de fidelidad con España. ¿Cómo van a creer realmente en una federación? Lo que pasa en realidad es bastante más sencillo: España ya es un estado. No tiene más estados dentro. Ya está. Porque al final seamos sinceros, lo de las comunidades diferenciadas lo que persigue, en el fondo, es la desaparición de España y la división de los españoles. Y es que es evidente que no se vive igual en Coruña que en Andújar, nadie lo niega, pero eso de que parezca que hay más distancia entre un andaluz y un gallego que entre un andaluz y un bantú pues hombre, ya cansa.

P: Por cambiar de tercio, ¿cómo repercutió la evolución paulatina del PCE en las relaciones de los miembros del Comité con ese partido?

R: Pues se fue atenuando su rechazo, desde luego. Sobre todo cuando el PCE abrazó las tesis del eurocomunismo, que ya eran más compatibles. Además hay que tener en cuenta que los comunistas también aceptaban más o menos la idea de las comunidades diferenciadas. Tenían ciertos puntos comunes. No hay que olvidar que en el origen del Comité estuvo Julián Gorkin, extrotskista. Y como él otros.

P: Otro capítulo interesante del libro es el que narra la crisis que se desata cuando varios periódicos estadounidenses destapan la relación directa entre la CIA y el Congreso por la Libertad de la Cultura.

R: Sí. Cómo reaccionan todos ellos, que llevaban tiempo no queriendo saber que estaban siendo financiados por Estados Unidos, pero sabiéndolo. Porque en realidad sí que lo sabían, más o menos. Cela, que estuvo en el inicio, aunque se supo distanciar enseguida, ya había dicho que todo eso era dinero de los americanos. O, por ejemplo, a Pablo Martí Zaro le llamaban Pablo Martí y Cía, ¿no? Evidentemente, ese dinero tenía que venir de algún lado. Lo interesante es que en Estados Unidos lo destapan primero los periódicos católicos, y después ya lo cubrió todo el New York Times. En España lo llevaron tres diarios: Triunfo, Pueblo y El Español.

P: Por otro lado, llama la atención que desde muy pronto, a los pocos años de acabada la guerra, ya existiesen ciertas iniciativas como el homenaje a Machado en las que se juntaron personas ideológicamente muy dispares que comenzaron a hablar de reconciliación. Contrasta un poco con lo que se vive hoy en día.

R: Es una cuestión complicada. Vamos a ver… Del mismo modo que las interpretaciones que hacían de Machado eran diversas, también es verdad que todos compartían el enemigo común del franquismo. Franco era el mal absoluto para todos, pero por razones distintas: para unos era un obstáculo para una España comunista; para otros lo era para una España liberal; para otros lo era para una España desgajada en regiones soberanas… Entonces claro, Franco era el objetivo a batir de todos. Estaban unidos contra Franco, pero no necesariamente con proyectos compatibles.

P: Recuerda de alguna manera a lo que sucede en el bloque independentista catalán ahora mismo.

R: Exactamente. A ellos les pasaba lo mismo que a las fuerzas secesionistas catalanas de hoy: que todas odian a España y todas quieren arrebatarle parte de su territorio, pero que realmente no miran más allá de conseguir ese objetivo. Posiblemente, si lo lograsen, comenzarían a tener luchas internas entre ellos. De alguna manera, Franco sirvió para armonizar posturas incompatibles. Luego sin embargo hay que decir que no todos los que se decían antifranquistas lo eran realmente. ETA por ejemplo no era una organización antifranquista. Era meramente una organización terrorista secesionista. La prueba está en que después de que muriese Franco no dio por terminada su labor, y continuó matando.

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