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Isabel San Sebastián: "Niegan la Reconquista por esta cosa absurda de la izquierda de considerar lo patriótico facha"

La autora publica Las campanas de Santiago en la que narra el saqueo de las campanas de la basílica de Santiago por parte de Almanzor.

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La autora publica Las campanas de Santiago en la que narra el saqueo de las campanas de la basílica de Santiago por parte de Almanzor.
Isabel San Sebastián, en esRadio. | David Alonso

Se cuenta que Almanzor robó las campanas de la basílica de Santiago para quitarle la voz al apóstol. Este saqueo de gran simbolismo y profunda humillación sumó enteros para llevar a cabo la Reconquista, "la epopeya que forjó la España moderna". La escritora y periodista Isabel San Sebastián ha cimentado sobre este suceso una novela titulada Las campanas de Santiago (Plaza y Janés), una historia que pone en valor el sacrifico, el amor, la lealtad y el compromiso.

Las campanas de Santiago toman como punto de partida esa invasión de la ciudad gallega en el año 997 para contar una historia protagonizada por Tiago, un humilde herrero que se separa de su mujer, Mencía, embarazada. Él es capturado y forzado a cargar junto con otros prisioneros las campanas de la basílica hasta el sur. En esta aventura, el lector se traslada a la Córdoba califal, la ciudad más espléndida de Europa, con más de 500.000 habitantes y nervio político y cultural de islam -con una biblioteca que atesoraba más de 40.000 libros-, así como a la costa asturiana, destino de vikingos llegados de Escandinavia; y, por supuesto, al camino de Santiago.

PREGUNTA. ¿Esta leyenda tiene rigor histórico?

RESPUESTA. Sí. Está documentado tanto en crónicas cristianas como en crónicas musulmanas. Es legendario. Las campanas fueron robadas por Almanzor y devueltas por Fernando III el Santo. Se han convertido en un símbolo de la Reconquista.

P. La decisión de atacar Santiago, destino de miles de peregrinos cristianos, tenía un significado más amplio que el de saquear y crear el terror. ¿Era parte de una estrategia mayor?

R. Almanzor fue un caudillo despiadado que perpetró 56 aceifas contra el territorio cristiano, que se dice pronto. Fue un auténtico flagelo contra la población cristiana. Pero Santiago tenía un elemento añadido, no era solo una expedición de saqueo en busca de botín y cautivos, sino una expedición de castigo y humillación contra la cristiandad. El sepulcro del apóstol Santiago era el centro más importante de la cristiandad hispana y centro de peregrinación al que acudían de todas partes. Arrasar la basílica y llevarse sus campanas, la voz de Dios, pues no podía sonar más fuerte que el dios musulmán, era un acto de una humillación insuperable.

P. La figura de Almanzor tiene una doble lectura: es responsable de parte del esplendor andalusí y a la vez un ser de una crueldad extrema, azote de la cristiandad.

R. No fue el único responsable de ese esplendor, pero durante su gobierno –porque el califa era un pelele que vivía en su palacio convertido en guiñapo por su madre y el propio Almanzor– se amplió la Mezquita, se embelleció la ciudad, se construyeron más baños y jardines. Convirtió Córdoba en la mayor urbe del mundo occidental a gran distancia de cualquier otra y una auténtica bendición para Al-Ándalus. Por eso allí lo veneraban y lo llamaban el victorioso.

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Tropas de Almanzor en las 'Cantigas de Santa María'

P. Esta Córdoba esplendida se financió, en parte, gracias al botín de los saqueos y de los pagos procedentes de los reinos cristianos a cambio de la paz.

R. Efectivamente. Eso fue a costa de terribles episodios de saqueos en el norte cristiano para hacer acopio de botín y de esclavos, que fueron cientos de miles, con los que construir ese esplendor y mantenerlo. O pagaban altísimos tributos por no ser atacados o eran asolados. No lo digo como censura a Almanzor, eso era lo normal en aquella época. Luego fueron los reinos musulmanes los que pagaron taifas exactamente para lo mismo, se cambiaron las tornas.

P. Qué diferentes se perciben los dos mundos: uno acosado, acorralado; otro, centro político y cultural.

R. La superioridad andalusí sobre el reino cristiano era absoluta. El reino de León, de Pamplona o los condados de Barcelona y pirenaicos sobrevivían a duras penas. En cuanto intentaban levantar un poco la cabeza y manifestar la menor rebelión al vasallaje que tenían que rendir a Córdoba, eran aniquilados. Almanzor fue muy hábil alimentando divisiones entre cristianos y traiciones. Había cristianos luchando con Almazor.

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Mezquita de Córdoba

P. ¿Era hábil en la lucha y un buen estratega?

R. Era un habilísimo diplomático y estratega, astuto, inteligente, valiente y un fantástico general, precisamente por eso terriblemente peligroso. Murió invicto.

P. ¿Por qué se pone en cuestión la Reconquista?

R. La historia está llena de pruebas que demuestran que España había existido antes de la invasión musulmana. Evidentemente, no era una nación en el sentido moderno de la palabra, pero sí era una unidad política, territorial y religiosa. Tenía todas las características de un estado: capital, corona, moneda, ley única, fronteras, ejército… Esa unidad fue lo que intentaron recuperar los reyes de Asturias primero, luego los de León y luego Castilla. La Reconquista fue una reconquista y no conquista.

P. De hecho, en esa época hubo incursiones de vikingos a lo que, curiosamente, llamaban Spanland.

R. Sí, llamaban a la península Spanland porque había sido la Hispania romana y la Hispania visigoda. Se trataba de recuperar algo que ya había existido. Es una prueba más.

P. ¿Qué les molesta más a los que niegan la Reconquista: hablar de unidad o hablar de cristianismo?

R. Es una magnifica pregunta para la que no tengo respuesta. Yo no entiendo por qué hay este empeño en negar la realidad de España y en acusarnos a quienes lo vemos claro cristalino en la historia de España. Ha estado presente en la historiografía durante siglos, es evidente. Lo niegan por esta cosa absurda que hay en la izquierda española de considerar todo lo patriótico facha y de identificar España con el fascismo. No lo puedo comprender. Curiosamente, también les parece que lo progresista es el islam y lo reaccionario y carca el cristianismo, pero, al mismo tiempo, se declaran feministas. Tienen una empanada mental.

P. En esa época, Córdoba era referente europeo en el mercado de esclavos. Ahora que vivimos tiempos de reivindicaciones y de búsqueda de responsabilidades, ¿se condena a Almanzor?

R. En 2017, Podemos exigió que fuera restituida en su pedestal una estatua de Almanzor en Algeciras. Ellos derriban estatuas de Fray Junípero Serra y Cristóbal Colón y erigen estatuas a Almanzor, que fue un gran caudillo andalusí pero el más esclavista de su época. Si condenamos la esclavitud, habrá que condenarla toda. O, si los esclavos eran del norte cristiano ¿bien esclavizados estaban? Que me lo expliquen, no lo entiendo.

P. ¿La España de hoy bebe de esta Reconquista?

R. Es un territorio occidental, democrático, de estirpe romano-cristiano-visigoda y perteneciente a la Unión Europea gracias a la Reconquista. Si el islam se hubiera asentado en el territorio de la península ibérica durante siglos, probablemente Europa terminaría en los Pirineos. Fuimos nosotros los que repelimos con ocho siglos de lucha esa invasión islámica y los que recuperamos nuestra identidad. Gracias a eso, hay libertad, democracia y los hombres y las mujeres son iguales. Yo no politizo la historia, pero sí evalúo las consecuencias políticas de la historia y, evidentemente, sin la Reconquista nuestra situación sería muy distinta. Estoy muy agradecida a Don Pelayo y a todos los que vinieron después.

P. Y, concretamente, este episodio del robo de las campanas que aparece en la novela, ¿cómo influyó en la Reconquista?

R. Este episodio, junto con el de Guadalete, fue la mayor humillación que sufrió la cristiandad durante la época de Al-Ándalus. Supuso un mazazo terrorífico, pero al mismo tiempo fue un impulso para resistir y restituir esas campanas. Nunca hubo una sumisión total.

P. Este complejo momento lo vivimos a través de dos personajes. Tiago y Mencia. ¿Cómo son estos personajes?

R. Son gente normal y corriente, sin capacidad para decidir los grandes destinos ni las grandes políticas. Empiezan su vida juntos llenos de ilusión y todo queda arrollado por la aceifa de Almanzor a Compostela. Se ven obligados a sobrevivir. Yo creo que así sería la vida de millones de personas durante esos años, pero la historiografía oficial no habla de ellos, habla de obispos, condes, abades, prelados, reyes... Yo en mis novelas intento contar la historia a través de los ojos de esa gente.

P. En la novela, aparecen las escuelas de emasculación. ¿Era una forma de castigo?

R. Los eunucos formaban parte de una casta determinante para el funcionamiento de las ciudades andalusíes. Constituían una gran parte de los funcionarios reales, estaban en los harenes… Eran personajes muy poderosos, pero había que fabricarlos. En las mejores escuelas, durante esa operación sobrevivían solo dos de cada diez. No era un castigo, pero la mayoría de los niños eran cautivos. No era algo que se buscase como una salida profesional, digamos.

P. En tu siguiente proyecto, ¿seguirás con la Reconquista?

R. Yo creo que sí porque esas campanas volvieron a Santiago. Son como una metáfora de la Reconquista, marcan las distintas etapas. Habrá que seguirles la pista.

P. Tienes ya un buen bagaje como escritora, ¿qué libro te ha dado más satisfacción?

R. Probablemente, la primera novela, La visigoda. Jamás pensé que sería escritora y fue tan bien que después vivieron siete novelas más. La peregrina ha sido la primera traducida al italiano. Con todas aprendo mucho y, gracias a la bondad de los lectores, se han leído mucho. La editorial dice que soy la escritora de novela histórica más leída en España.

Isabel San Sebastián. Las campanas de Santiago. Plaza y Janés. Páginas: 464 PVP: 22,90€

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