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José Luis Corral: "Nunca existieron reyes de Cataluña o países catalanes, el historiador debe ser honesto"

El escritor y catedrático de Historia Medieval novela la vida de Jaime I, "un rey imprescindible para comprender la España contemporánea".

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José Luis Corral, escritor y catedrático de Historia Medieval, novela la vida de Jaime I en El Conquistador (Ediciones B), un libro con el que trata de contrarrestar los mitos asentados por los nacionalismos y que desmonta que alguna vez existiera una corona catalano-aragonesa. En este libro narra, desde su nacimiento hasta su muerte, la vida de Jaime I, "un rey imprescindible para comprender la España contemporánea" que gobernó más tiempo que cualquier otro soberano y que llegó a ser rey de Aragón, de Valencia y de Mallorca, conde de Barcelona y de Urgel, señor de Montpellier.

Corral se detiene en su aspecto político, pero pone el foco en su lado más humano, en sus sentimientos, su carácter, sus motivaciones y su larga –e importante para la historia– lista de amantes.

PREGUNTA. ¿Por qué decide escribir una novela sobre Jaime I?

RESPUESTA. En 2014 publiqué el ensayo La corona de Aragón: manipulación, mito e historia en el que es muy importante la figura de Jaime I. Es el rey de Aragón que realmente pone en marcha la expansión de la corona con las conquistas de Mallorca, Valencia y Murcia. Estaba un poco cansado y sigo cansado de la manipulación que se hace de la historia de la corona de Aragón, no solo desde el punto de vista de la interpretación, que eso es muy subjetivo evidentemente, sino de cómo se manipula para hablar de una corona catalano-aragonesa o una confederación catalano-aragonesa. Nunca existieron. Los reyes de Cataluña, la monarquía catalana o los países catalanes nunca existieron. Desmonté todos esos mitos en ese libro y ahora quería hacerlo en una novela.

P. Dice que Jaime I fue un rey crucial para entender la España de hoy, ¿por qué?

R. Porque buena parte de la división administrativa que hoy en día existe en España, por ejemplo la región de Murcia, la Comunidad Valenciana o los límites territoriales entre Cataluña y Aragón, fueron obra de Jaime el Conquistador. La configuración territorial de la España actual es fruto de aquellos pactos que llevó a cabo. Lérida y Tortosa son catalanas porque lo decidió él. Valencia tiene una entidad histórica propia porque lo decidió Jaime I.

P. ¿Y respecto a Francia?

R. Acabó con las pretensiones de los reyes de Aragón y los condes de Barcelona de expandirse hacia el sur de Francia. Firmó un tratado en 1258 con Luis IX de Francia que fue un desastre porque acabó con una frontera en los Pirineos. Fíjate si esto es importante para la historia actual de España.

P. En esta novela repasa la biografía completa de Jaime I, desde su curiosa concepción y su nombramiento como rey con 5 años. ¿Cómo son esos primeros años?

R. Tuvo una infancia durísima. Quedó huérfano con cinco años de padre y de madre, nunca tuvo ese cariño que necesitan los niños y siempre estuvo al abrigo de circunstancias políticas muy adversas. Durante toda su infancia estuvo educado en el castillo de Monzón por los templarios. Eso le marcó toda su vida, fue un niño templario y quizás, por eso, toda su vida estuvo necesitado de afectos.

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Castillo de Monzón | Wikipedia

P. ¿Se convirtió en el prototipo de caballero medieval?

R. La educación de los templarios era muy rígida, férrea. Eran monjes, pero también eran soldados. Luchaban por mantener la fe, por proteger a los peregrinos y, por tanto, había que tener una disciplina muy rígida. Él aprendió de los templarios a comportarse en la vida como un soldado, tanto en el campo de batalla como en las tácticas políticas. Prácticamente ganó todas las batallas porque tenía ese empuje, esa fortaleza de espíritu y de cuerpo que le había dado la Orden del temple.

P. Por esta educación, ¿incluso emprendió una expedición a Tierra Santa?

R. Inició una cruzada a Jerusalén que fracasó por una tempestad, pero ese espíritu templario le impulsó durante toda su vida: a las conquistas, a los avances territoriales y, por supuesto, a esa cruzada fallida que tuvo lugar al final de su vida.

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Estatua ecuestre de Jaime I en Valencia

P. La valoración general del reinado de Jaime I es distinta según la procedencia del historiador. ¿Cómo puede influir tanto si es mallorquín o aragonés?

R. Tenemos una visión evidentemente muy sesgada de la historia. En función de muchos criterios: de nuestra ideología política, de nuestra formación profesional, de nuestra perspectiva nacional. Nosotros hablamos de la Guerra de la Independencia para referirnos a Napoleón, pero los franceses hablan de la Guerra de España. La historia es una materia humana y, por lo tanto, interpretable. Lo que yo denuncio una y otra vez es la manipulación de la historia con una perspectiva presencista. El historiador debe ser honesto y el novelista también. Con la figura de Jaime I hay muchas perspectivas, para los valencianos es un gran rey porque es quien les da identidad histórica. En Mallorca lo mismo y en Cataluña ni te cuento. En Aragón, la figura de Jaime I no está bien vista porque le dio Lérida y Tortosa a los catalanes, cortó la salida al mar de Aragón por el Ebro. Quedó reducido a un reino interior por su decisión.

P. ¿Qué valoración puede hacerse de esta participación de los territorios?

R. Como novelista, me pongo en el lugar de los nobles aragoneses y muestro cómo se rebelan contra Jaime I porque está cercenando la expansión, corta la posibilidad de la nobleza aragonesa de conseguir más tierras. Los catalanes, en cambio, tienen una buena visión, sobre todo los comerciantes.

P. Tras leer la novela, ¿concluimos rotundamente que no existió una corona catalano-aragonesa?

R. La monarquía en Cataluña o los países catalanes son inventos del siglo XIX, del siglo XX e, incluso, del siglo XXI. A este presente político le interesa proyectar una idea del presente en el pasado más remoto. Esas formaciones jamás existieron. Lo que hubo fue una corona de Aragón que integraba a varios estados que eran patrimonio del rey de Aragón.

P. ¿Cómo han conseguido estos mitos hacerse tan fuertes? ¿Qué elementos tiene su versión para que tenga tanta repercusión?

R. Cuando hay una fundación legendaria, mítica, eso tiene un preso extraordinario. La historia no puede competir con la literatura. Un historiador, contando lo que ocurrió en Troya 200 años a. C., no puede competir con la Ilíada. La fuerza de la literatura, la fuerza del mito y de la leyenda arraigan tanto en el imaginario popular que te desmontan la historia. Tendría que ser al revés. Los mitos están tan metidos en nuestra cabeza, se introducen en el imaginario colectivo con películas, literatura, con romances en la Edad Media y con cantares de gesta, que son invencible desde el punto de vista del historiador. La historia es un arma ideológica formidable usada por el nacionalista, y no solo en Cataluña. Tenemos que seguir combatiéndolo. Se siguen manipulando tópicos y mitos nacionalistas de todo tipo con intereses políticos del presente, y en Cataluña todavía más. Nos hacemos una idea política que nos interesa del presente, la proyectamos en el pasado más remoto posible, y ya está.

P. ¿Cómo se combate?

R. Lo que pasa es que casi nadie va a las fuentes originales y repetimos una y otra vez hechos sin cuestionarlos. Un historiador serio tiene que cuestionar las fuentes. Los historiadores no cuentan a veces la verdad y los cronistas medievales ni te cuento. Depende de la seriedad del historiador. Me canso de leer libros de Historia que no utilizan fuentes. Las fuentes son fundamentales, aunque sean subjetivas. Las crónicas medievales hablan de hechos de los reyes pero eran crónicas pagadas por esos mismos reyes.

P. ¿Y en los libros escolares?

R. Las autoridades deberían ser más honestas y evitar que la Historia se utilice como arma política. Además, la historia no justifica el presente, sino que lo explica.

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Retrato de Jaime I.

P. Aparte de esta concepción territorial que ya hemos comentado, a Jaime I le debemos el primer código de costumbres marítimas o el impulso dado a las instituciones generales. ¿Cómo puede definirse su reinado?

R. Es un reinado muy largo, dio para mucho. Fue un gran legislador. Puso en marcha reformas legales muy importantes en toda la corona de Aragón. Dio fuero propio a Valencia, construyó en Mallorca un reino. Tiene una faceta muy importante como político y como jurista, aunque a mí me ha interesado muchísimo en la novela la figura de Jaime I como hombre, como ser humano. Era el perfecto caballero medieval. Era un hombre de dos metros, una altura imponente y un físico prodigioso, rubio con ojos oscuros. Debía de ser absolutamente extraordinario.

P. Era un hombre de fe pero bastante pecador en cuanto al matrimonio se refiere.

R. La Iglesia les consentía todo a los reyes, también las relaciones extramatrimoniales. Sencillamente, un rey que fuera muy potente en la cama, que tuviese muchos hijos y muchas mujeres, era símbolo de fuerza, de poderío, de energía… Al fin y al cabo, un rey tenía que ser todo eso, un hombre poderoso que protegiera al reino.

P. Es fácil perderse entre sus amantes y su descendencia. ¿Los bastardos reales tuvieron también su peso en la historia?

R. Vive en una lucha constante por el poder, primero con la nobleza aragonesa y después con los hijos de varios matrimonios. Además, tenía muchos bastardos y eran una parte importantísima de la Corte. Casi se enfrentó con todos sus hijos legítimos y, en cambio, tuvo hijos bastardos que fueron fieles a su padre de una forma realmente extraordinaria. Sufrió ese conflicto de un padre que cree que un hijo ilegítimo sería mejor rey pero la ley lo impedía. Es un conflicto personal que vive en la cabeza y en el corazón de Jaime I.

P. ¿Qué cualidades morales tenía?

R. Era un hombre de su tiempo, quería poder, fama y fortuna. Quería llevar a cabo sus ideales de cristiandad, de reconquista, de unificación de los territorios cristianos para tener un objetivo común de lucha contra el musulmán, pero también tenía una concepción muy alta de su persona y de su cargo.

P. ¿Qué cree que pensarán los políticos nacionalistas de esta novela?

R. No creo que la lean, principalmente porque los políticos en general no leen. El político ultranacionalista que cree tener una idea clara política no va a cambiar por leer un libro.

P. Los que sí leen son los ciudadanos. ¿Sigue en buena forma la novela histórica?

R. Hoy hay un aluvión de autores de novela histórica. Goza de buena salud o por lo menos de buena abundancia. Hay algún autor y autora que deberían documentarse desde distintos puntos de vista para no hacer el ridículo, aunque hay grandísimos autores como Santiago Posteguillo, Juan Eslava Galán, José Calvo Poyato, y muchos otros.

El lector español demanda conocimientos de la historia al margen del ensayo histórico. Una cosa que han hecho muy mal los historiadores españoles y aquí me incluyo, ha sido divulgar la historia. Nos hemos centrado en hacer méritos, hacer currículum, y nos hemos olvidado de que la historia es un instrumento fundamental para entender lo que somos. Eso no ha ocurrido en Alemania ni Estados Unidos o Inglaterra. La gente que quería saber ha recurrido a la novela histórica, no ha sido un mérito de la novela histórica sino un demérito de los historiadores.

José Luis Corral. El conquistador. Ediciones B, 2020. Páginas: 720 PVP: 22,90 €

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