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Lo nuevo de Pérez-Reverte: demasiado bélica, muy larga y con poca psicología individual

Andrés Amorós comenta en Es la mañana de Federico la novela Línea de fuego.

Los Libros: 'Línea de fuego'

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Arturo Pérez-Reverte había tratado la Guerra Civil como trasfondo de alguna de sus novelas, pero nunca había centrado la trama en ese conflicto bélico. Lo ha hecho en Línea de fuego (Alfaguara), una novela que ha despertado, precisamente por esto, mucha expectación.

Es una novela larga, de casi 700 páginas, centrada en "hazañas bélicas". Andrés Amorós ha tenido en cuenta dos criterios básicos para juzgarla. Por un lado, descubrir quiénes son, para Pérez Reverte, los "buenos", a quiénes defiende y a quiénes ataca; y, por otro lado, su valor literario.

La novela arranca en julio de 1938, fecha en la que miles de jóvenes combaten en la trágica batalla del Ebro. Durante la noche del 24 al 25 de julio de 1938, la XI Brigada Mixta del ejército de la República cruza el río para establecer una cabeza de puente en Castellets del Segre. En las inmediaciones del pueblo, medio batallón de infantería, un tabor marroquí y una compañía de la Legión defienden la zona.

La novela está contada desde el punto de vista de los dos bandos, con muchos personajes (no hay un protagonista), representativos de los distintos sectores ideológicos. En los rojos, hay dinamiteros, comunistas, estalinistas, anarquistas, Brigadas internacionales, periodistas extranjeros y mujeres de transmisiones. En los azules, hay requetés catalanes, legionarios y moros.

Las ideas básicas son que no hay un bando bueno y uno malo. En los dos, hay individuos buenos y malos: héroes, cobardes, incompetentes, idealistas...En los dos bandos se siente simpatía por los jóvenes, la llamada "quinta del biberón". Los peores son los comisarios políticos y en el fondo está la idea de que el ser humano es capaz de lo peor y de lo mejor; y que cuanto más firmes son las ideas, más dura es la batalla (pág.435).

Más que a favor, todos van en contra: los rojos, contra el fascismo; los azules, contra los que gritan "Viva España rusa" (pág.105), aquellos que "destrozan España" (pág.235).

Reverte cita una frase brillante de García Serrano: lo más duro de una guerra civil es que el enemigo usa las mismas palabras que tú para llamar a su madre y a su novia.

La novela puede resumirse en este párrafo: "Es una cuestión de cojones. De ellos y nosotros, de quién se atreve y de quién aguanta más que el otro. Muy español todo. Muy propio de ambos bandos. Un pulso bestial por unos cuantos metros de terreno cuya posesión no cambiará el curso de la guerra" (pág. 236).

La novela tiene muchos episodios bélicos, un terrero que el autor conoce bien, pero para un lector medio, pueden pesarle. Hay un friso de muchos personajes. Son simbólicos, representan sectores ideológicos, pero no llegan a tener pleno desarrollo psicológico ni individualizado. Debería llevar un censo de personajes, como Agatha Christie.

Todos los episodios responden a la historia, salvo los personajes que llama "las mujeres de trasmisiones", que ficciona para que haya personajes femeninos y pueda mostrar así lo que ellas pierden en la guerra, "un siglo de avances".

En resumen, es una novela muy documentada, demasiado bélica, con poca psicología individual, muy larga y que no escandaliza.

Arturo Pérez-Reverte. Línea de fuego. Madrid, ed. Alfaguara, octubre 2020, 683 págs, 22’90 euros. ISBN: 978-84-204-5466-5

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