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'Stalingrado', lo que la censura esconde

Se publica en español la edición más ambiciosa de la primera parte de Vida y destino, de Grossman, esquivando los cambios de los censores soviéticos.

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Se publica en español la edición más ambiciosa de la primera parte de Vida y destino, de Grossman, esquivando los cambios de los censores soviéticos.
Vasili Grossman | Cordon Press

Es bien conocida la historia de cómo Vasili Grossman murió sin haber conseguido ver publicada su obra maestra. En 1959, pocos días después de haberla entregado en la redacción de la revista Znamya, la KGB entró por la fuerza en su apartamento y requisó cualquier hoja de papel que pudiese tener relación con ella con el único pretexto de que era "demasiado peligrosa" para la Unión Soviética. El ideólogo del régimen, Mijail Suslov, le explicó después que desde el politburó la consideraban más dañina que el Doctor Zhivago de Pasternak, advirtiéndole además que no podría ser leída hasta que no hubiesen pasado, por lo menos, doscientos años. Pero Grossman no se resignó. Trató de propiciar un cambio de criterio por todos los medios, llegando incluso a escribirle una carta al mismísimo Kruschev en 1962: "Pido que le devuelva la libertad a mi libro, pido que mi libro se discuta con editores, no con los agentes de la KGB. ¿Qué sentido tiene que yo sea físicamente libre cuando el libro al que he dedicado mi vida es arrestado?... No renuncio a él... Pido libertad para mi libro". Falleció dos años después de aquello, sin obtener respuesta, y con el convencimiento tácito de que Vida y destino, su mayor esfuerzo literario, no vería jamás la luz.

Lo que vino entonces podría servir de guión para cualquier historia inspirada en la Guerra Fría. Pasadas más de dos décadas desde su redacción, en 1980, la novela apareció en las librerías suizas gracias a la labor clandestina de distintos disidentes soviéticos, que lograron fotografiar los manuscritos conservados por el escritor Semyon Lipkin y sacar las películas del país. En Rusia nadie pudo leerla hasta 1988, un año antes de la caída del Muro de Berlín y del posterior desmembramiento de la URSS.

Desde el principio, Vida y destino fue enormemente alabada por la crítica mundial. De una crudeza llamativa, la novela se sirve del estilo del realismo socialista para trascenderlo, desenmascarando abiertamente el carácter autoritario del régimen estalinista. Grossman consiguió hacerlo, entre otras cosas, evitando el estilo épico y centrándose en individuos antes que en la masa rusa como protagonista. De esa forma supo reflejar el sino desgraciado de una serie de personas que fueron barridas por la historia al verse atrapadas en un conflicto que enfrentó directamente a dos totalitarismos igual de condenables. Por las dimensiones del texto y la ambición en la elección del tema, así como por su carácter bélico, su obra ha llegado a ser considerada la Guerra y paz del siglo XX.

Stalingrado

Lo que es menos conocido es que existe una primera parte que sí se publicó en vida del autor y que se mostraba mucho más afín a los ideales propugnados por Stalin. Por una causa justa gozó incluso del respaldo de la crítica soviética durante un tiempo, antes de caer en desgracia debido a un cambio de criterio arbitrario, como le pasó a tantas otras obras antes que a ella. Aunque la cosa tiene su miga. En realidad, aunque fue publicada por primera vez en 1952 a través de los diferentes números de la revista Novy Mir —la misma que llevó a imprenta Un día en la vida de Ivan Denísovich, de Solzhenitsyn—, había sido escrita entre 1943 y 1949, y rehecha en repetidas ocasiones debido a la rígida censura que maniataba la labor de los editores. Precisamente esa es una de las razones que explica por qué durante todo este tiempo ha tendido a ser considerada una obra menor, demasiado complaciente con la versión histórica que interesaba a la Unión Soviética, e incluso plana en algunos aspectos concretos de su trama. Pero no todo es tan sencillo. Por fortuna, Galaxia Gutenberg acaba de publicar en español la versión más fiel a lo que pretendió el propio Grossman desde un principio. De esa forma, empezando por el título —Stalingrado—, el lector tiene ahora la oportunidad de adentrarse en un libro completamente nuevo, trabajado a lo largo de una década y concebido como parte indisoluble de la prestigiosa Vida y destino.

"Stalingrado es una de las novelas del siglo pasado, pero no existe ningún texto definitivo de ella", escriben Robert Chandler y Yuri Bit-Yunan, editores responsables de que esta versión viese la luz en inglés hace un año. "La historia del texto y su publicación es, de hecho, aún más enrevesada que la de Vida y destino". Aparte del hecho de que Grossman tuvo que reescribirla varias veces a lo largo de tres años para contentar a sus editores, durante los siguientes cuatro se sucedieron otras tres ediciones que, para más inri, difieren bastante entre sí —una en 1952, otra en 1954 y otra en 1956—. El autor de la primera monografía sobre Grossman, Anatoli Bocharov, resumió parte de ese proceso. "En reuniones de los consejos editoriales y a partir de los comentarios de un gran número de reseñistas y correctores, editores y mandamases literarios de todo tipo, entre 1949 y 1952 el texto sufrió toda suerte de cambios. Sólo un milagro hizo que el autor lograra salvar aquel texto maltratado, agotado, lleno de parches y hecho a retales de la destrucción a la que buscaron someterlo la demagogia, la estrechez de miras y la precaución excesiva".

La cosa es todavía más llamativa cuando los investigadores aseguran que tanto Konstantin Símonov (editor jefe de Novy Mir hasta febrero de 1950) como Aleksandr Tvardovski (su reemplazo) y Alexander Fadéyev (secretario general de la Unión de Escritores Soviéticos) parecían "haber admirado realmente Stalingrado", pero que eso no evitó que su "publicación fuese pospuesta repetidamente". "La razón de la extrema precaución que mostraron los editores de Grossman estribaba en la condición de mito sagrado que había adquirido la victoria soviética en Stalingrado, un mito que legitimó el gobierno de Stalin. (...), no había lugar para el más mínimo error político", añaden. El hecho de que considerasen necesario pedir la aprobación de tantos organismos diferentes —el Sindicato de Escritores, la Sección Histórica de Estado Mayor, el Instituto de Marx, Engels y Lenin, y el Comité Central del Partido Comunista— apunta bastantes cosas. "Temían ofender a generales de alto rango. Tenían miedo de ofender a Jruschov, que en las primeras versiones aparecía en su papel de principal comisario político en Stalingrado. Sin duda, estaban aún más preocupados por la reacción del propio Stalin".

El Archivo Estatal Ruso de Literatura y Arte (RGALI) tiene registradas hasta catorce versiones diferentes de la novela, "algunas completas y otras parciales". La primera legible es la tercera de ellas. "Es una copia mecanografiada bastante limpia, con revisiones hechas a mano, y no parece diferir mucho del manuscrito original. Esta versión también es más audaz y más intensa que las versiones posteriores y merece ser publicada en su totalidad". La cuarta y la quinta introducen modificaciones, y la sexta "es la que más se atiene a la ortodoxia soviética de todas". Del resto, la única que resalta un poco es la novena, que contiene "una docena de capítulos que se agregaron, en 1951, a las galeradas de 1950". El texto confeccionado por Robert Chandler, por tanto, ha tenido que beber de muchas de ellas, ateniéndose en todo momento al criterio que quiso imponer Grossman aunque no le dejaran. "Grossman fue tan atrevido a finales de la década de 1940, cuando pensó que podía publicarla, como lo fue a finales de la década de 1950 creyendo que podría publicar Vida y destino. Sería completamente imperdonable que continuáramos omitiendo muchos de los mejores pasajes". Ha surgido por tanto un libro extraño, engendro de los pedazos que fueron extirpándole a la creación original, pero nacido en todo caso de la pluma exclusiva de su autor. Nunca se podrá saber con exactitud cómo sería la versión definitiva que habría deseado el propio Grossman. Por el momento, al menos, está disponible una novela diferente, más acorde a su intención inicial, y editada de tal manera que el lector pueda reconocer perfectamente los fragmentos añadidos, para juzgar por sí mismo las intenciones de la censura soviética a la hora de manipular una obra que, ahora sí, algunos se atreven a equiparar a su segunda parte.

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