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Albert Soler: "A los independentistas se les condenó por sedición porque no existía el delito de gilipollas"

El periodista catalán publica su última recopilación de artículos: Barretinas y estrellas, un paseo por el esperpéntico circo del independentismo.

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El periodista catalán publica su última recopilación de artículos: Barretinas y estrellas, un paseo por el esperpéntico circo del independentismo.
El periodista Albert Soler | Planeta de Libros

Dice Albert Soler que no es capaz de tomarse a los políticos independentistas en serio. Que lo ha intentado, de verdad, pero que no le sale. A veces hace la prueba y comienza columnas sesudas, como si fuera Camus hablando del nazismo, pero a medida que avanza sus líneas se le tambalean y terminan desinflándose en una inevitable carcajada. Él le echa la culpa a los propios líderes catalanistas, "que no son serios", así que, resignado, se ha ido conformando con desvestir sus imposturas a base de sacarle filo a la ironía. Lo más curioso, sin embargo, es que de esa forma ha conseguido retratar las locuras del procés, devenido, para él, en un movimiento mucho más etéreo al que ha terminado por bautizar como "lacismo". Su última recopilación de artículos, Barretinas y estrellas (Península), llega ahora a las librerías. Y por eso, precisamente, hablamos con él:

Pregunta: ¿En qué consiste el lacismo?

Respuesta: Bueno, el lacismo es una forma de vida, como si dijéramos. Va más allá de llevar un lazo amarillo en el pecho. Es una religión que cree en las mentiras que la clase política farsante no para de repetir. Los lacistas creen que los presos están en la cárcel por sus ideas y no por sus acciones; que los fugados de la justicia son exiliados; y si mañana les dijeran otra vez que en dieciocho meses tendrán una república catalana, volverían a creérselo. Todo eso es el lacismo.

P: ¿Pero cómo es eso posible, si el procés está muerto? Al menos eso escribes en el libro.

R: Es que confluyen distintos factores. El primero es que estamos en plena campaña electoral y los partidos se juegan escaños, que es lo mismo que decir dinero. Eso no quiere decir que los líderes independentistas no sepan que todo lo que prometen es mentira, claro. Simplemente tienen que seguir diciéndolo porque hay una parroquia a la que contentar. Si me preguntas después cómo es posible que haya tanta gente dispuesta a votarles pese a todo, te diría, entre otras cosas, que creo que debe costar mucho reconocerse a uno mismo que ha sido vilmente engañado durante tantos años. Sería igual que reconocerse que es idiota. De todas formas, la clave de todo, para mí, es que si yo tuviese a mi disposición unos medios de comunicación públicos como los que tiene la Generalitat podría convencer a la gente hasta de que soy guapo. Imagínate qué no podrán hacer ellos entonces.

P: ¿Y merece la pena realmente arriesgarse a ir a la cárcel por una mentira?

R: Es que ellos no esperaban acabar en la cárcel. Eso explica también su grado de estupidez. Los han condenado por sedición porque no existe el delito de gilipollas. Simplemente debían pensar que lo que hacían les iba a servir para seguir medrando a costa del contribuyente. Porque me niego a pensar que creyesen realmente que esa vía les iba a llevar a algún sitio. No era más que otra forma de seguir viviendo del bote. Eso sí, una vez se han encontrado en la cárcel han podido añadir una nueva afrenta victimista al catálogo con el que vender su presunta causa al electorado. Llevan ya tres años en la cárcel, además, y saldrán en poco, de una forma u otra. Si no es con un indulto será con un tercer grado, que es un grado penitenciario de andar por casa. Una vez estén fuera harán una tournée por los medios de comunicación afines, supongo que cobrando, y poco más. La pena por sus delitos, entonces, se resumirá únicamente en tres años perdidos. Asumible. Antes la mili duraba eso, se lo pueden tomar de esa manera. Y ya recuperarán el dinero cuando salgan.

P: En el libro te preguntas también si Convergència llegó a existir alguna vez. ¿Existió?

R: Yo creo que no… ¿Existió? Ahora que mencionas ese nombre, Convergència, me suena de algo. Pero no sé de qué. No termino de caer. ¿Tú lo sabes? Pues la realidad es así de estrambótica. Hablas con la gente y Convergència nunca existió. Debió ser algo que se inventaron los medios de comunicación. ¿Un partido corrupto en Cataluña? Eso es imposible, como todo el mundo sabe. No, no, definitivamente no. Convergència no existió nunca. Es una leyenda urbana. Es el Yeti. Se habla mucho de Convergència pero nadie la ha visto nunca. ¿A quién se le puede ocurrir que un partido político en Cataluña cobre comisiones? Eso es impensable.

P: Y ahora en serio: ¿el procés fue una huida hacia adelante para tapar la corrupción, como algún analista ha dicho alguna vez, o se trata de una simplificación un tanto burda?

R: A ver, es una explicación perfectamente válida, pero yo creo que es incompleta. Evidentemente tuvo algo que ver la corrupción de ese partido que ya no me acuerdo cómo se llamaba… ¿Convergència, dices? Pero también otras muchas cosas. Politiqueo, más que nada. Supongo que se juntaría de todo. Yo veo a algún político que ya no estaba muy bien de la cabeza y le apeteció pasar a la historia. Otros que querían cargos. Otros que vieron una forma como otra cualquiera de permanecer en el poder. Y después el votante, la base, que aquí sí que hay de todo. Entre el votante de a pie existe incluso el que se creyó de verdad lo de la independencia en dieciocho meses. Supongo que ya se habrá dado cuenta de que no, pero vete tú a saber.

P: ¿Hasta qué punto el tono satírico de tus textos hace que sólo te lea gente afín? ¿Puede llegar a ser contraproducente, si se busca que te entiendan también quienes no piensan como tú?

R: Pues igual es contraproducente, no te diré que no. Pero me sucede una cosa muy curiosa, y es que no me sale de otra forma. Yo admiro hasta el paroxismo a quienes son capaces de escribir un artículo sesudo y serio acerca de lo que está pasando en Cataluña. De hecho lo he intentado de mil maneras, la verdad, pero no consigo tomármelo en serio. Siempre que me pongo a hacer una crítica seria tengo que abandonar el propósito porque me entra la risa sin querer. Y lo digo de verdad, eh. Me encantaría poder hacer crítica seria de esta gente, pero es que no hay manera. Es imposible. Los ves en la televisión, en cualquier intervención, y parecen una parodia de sí mismos.

P: Lo decía también porque dedicas algunas páginas a los "lacistas" de fuera de Cataluña. Los describes como gente de buena fe, pero seducidos únicamente por el exotismo de las grandes causas.

R: Completamente. Debería calificarse como el Síndrome lord Byron. Un día descubres que en un sitio más o menos lejano, del que no conoces demasiado, ha estallado una revolución romántica y a ella que te sumas. Queda bien, claro. La apoyas, pero sin saber nada de ella. Y no lo critico, eh. Supongo que los medios de comunicación catalanes se han encargado de amplificar su mensaje convenientemente. Igual hay muchos españoles que se piensan realmente que aquí estamos oprimidos y nos pasamos las mañanas recogiendo algodón a latigazos. No sé. A mí esto me recuerda a una cosa que me contaron que sucedió en Francia. Hicieron una prueba y salieron a la calle varias personas con prospectos pidiendo la liberación de un pueblo inventado. Evidentemente, consiguieron miles de firmas. La gente no piensa mucho más allá cuando el supuesto oprimido está lejos. Ve una revolución romántica y en ella se embarca. Poco más.

P: ¿Son equiparables los exiliados republicanos con los políticos catalanes fugados?

R: Puf. Además el que lo dijo no tiene la excusa de estar mal informado, claro. No. Cuando digo que hay gente de buena fe, pero que está mal informada, desde luego no incluyo a Pablo Iglesias. Él está perfectamente informado de lo que ocurre en Cataluña, y calificar a Puigdemont de exiliado es una atrocidad. La propia Manuela Carmena dijo hace unos días que en un Estado de derecho el que huye de la justicia no es un exiliado, sino un prófugo. Lo que ocurre es que Iglesias piensa que ahora que estamos de elecciones catalanas va a sacar más votos si dice este tipo de cosas. Y se equivoca, en mi opinión. Es al contrario. La gente de izquierdas en Cataluña está huérfana. Aquí no hay un partido que sea de izquierdas y que no tenga complejos para denominarse español o llamar a los delincuentes como lo que son. Muchísima gente de izquierdas no se siente representada aquí por culpa de personas como Iglesias. Y no digamos ya de Jaume Asens. Si me permites un consejo, malfíate siempre de alguien que se haya hecho un trasplante de cabello, como Asens. La calvicie tiene que llevarse con dignidad. Mala cosa si uno intenta ocultarla. También puede ser que las palabras de Iglesias vengan porque ha sustituido la Internacional comunista por la Internacional de los chalets. Ya se sabe, uno en Galapagar, otro en Waterloo. La gente que vive tan bien comparte una fraternidad enorme y se tiene que apoyar, como es comprensible. Al fin y al cabo cualquier día la chusma podría asaltarles el chalet.

P: Hablando de la gente de izquierdas que se siente huérfana, ¿qué hay del PSC? Ahora mismo se habla mucho del "efecto Illa".

R: A ver, lo que yo creo que ha pasado es que el PSC ha visto que tenía un ministro. Y un ministro es un ministro, por más que buena parte de su gestión sea bastante discutible. Falta ver cómo andará Illa ahora que ha dejado el ministerio y tiene que desenvolverse como candidato. De todas formas, repito, el gran problema de la izquierda en Cataluña es que mucha gente se ha visto desamparada durante muchos años. El PSC nunca ha sido independentista, eso es verdad, pero se ha mostrado bastante tibio, por lo general. Mucha gente de izquierdas ha echado en falta una mayor contundencia por su parte. Por eso yo creo que las primeras declaraciones de Illa sobre una cosa u otra van a ser fundamentales. Por otro lado, si Vox sube tanto como apuntan las encuestas, algo que yo creo que va a pasar, se debe también precisamente a que la izquierda se ha olvidado desde hace tiempo de luchar por las cosas que de verdad importan a la gente. Se ha dedicado, en vez de a eso, a decorar los monigotes de los semáforos.

P: Luego está el caso de Ciudadanos, que aglutinó bastante el voto no independentista en las últimas elecciones y ahora parece estar desangrándose.

R: Sí, completamente. Y es curioso su caso, la verdad. Porque aunque pueda pensarse que es como el del PSC, que la gente se ha sentido decepcionada por su falta de acción, lo que yo creo que ha pasado, más que nada, es que muchos de sus votantes se han sentido traicionados, directamente, porque Arrimadas se ha ido a Madrid. Es una cosa que no comprendo mucho. Yo pensaba que la gente votaba a los partidos por sus programas, pero resulta que no, que mucha gente votaba a Arrimadas por ser Arrimadas. Su marcha a Madrid ha sido tomada como una traición, ya te digo. La sensación que tienen muchos es que los ha abandonado a su suerte. Esto, claro está, es mi opinión personal. Pero es algo que observo en la gente. Sucede que el sentimiento de orfandad no es exclusivo de la izquierda, faltaría más. Lo que pasa es que al menos los de derechas tenían a quien votar, aunque fuese como un mal menor. Tenían a Ciudadanos, al PP, etcétera. Los de izquierdas no. Miraban a los partidos y veían a los comuns con Jaume Asens y al tibio PSC, con su "que si sí, que si no". Creo que la orfandad de la izquierda ha sido bastante más notable que la de la derecha.

P: Otra cosa que denuncias es que mucha gente no se atreve a expresar sus opiniones por miedo a ir en contra de la "verdad oficial". Depende a quien preguntes, hay quien te dice que las cosas son así y hay quien te dice que eso no son más que exageraciones de los medios. ¿Cómo es la cosa en realidad?

R: Bueno, no sé si miedo es la palabra. Lo que sí que hay es excesiva prudencia a manifestarse cuando no eres adicto al Régimen. Es un hecho. Yo lo veo muy a menudo. Mucha gente me escribe o me para en la calle para agradecerme los artículos. Me dicen que expreso las cosas que ellos se tienen que callar. Incluso alguno me ha llegado a reconocer que no se atreve ni a ponerle un 'me gusta' a los artículos que cuelgo en las redes porque sería significarse. A lo mejor es gente que tiene un comercio, claro. Es bastante triste. Es algo comparable a ciertas cosas que sucedían en el País Vasco, salvando las distancias con el terrorismo de ETA, evidentemente. Ahí no podías decir libremente que te sentías español y de derechas, o de izquierdas pero español. Aquí hay un temor a que esas cosas te afecten en la vida privada. Y es un temor que seguramente no sea infundado. Yo vivo en Gerona, no en Barcelona. Es una ciudad pequeña. Y yo no critico a la gente que no se atreve a hablar. Posiblemente, si yo tuviera un comercio tampoco hablaría, no fuese a ser que me afectase al negocio. Pero sí, sí. Respondiendo a tu pregunta: por supuesto que existe de eso.

P: Un debate candente en los últimos tiempos está siendo el de la inmersión lingüística. No sé qué opinión tienes tú sobre el asunto.

R: Bueno, bastan las pruebas. No hay más que escuchar a los miembros del Gobernet catalán cuando intentan hablar en castellano para darse cuenta del nivel que tienen. Y eso que son gente de 30 años para arriba. Excepto el president que tenemos ahora, que parece que tiene quince. Y no estoy hablando de su acento, evidentemente. Estoy hablando de que no saben expresarse en castellano. Y escribirlo, menos. Lo chocante es que es gente adulta; que no estamos hablando de estudiantes. No sé. A mí me parece evidente que no se habla bien el castellano. Ahora bien, tampoco sabría decirte, porque el catalán está mejor que hace años. No sé hasta qué punto una cosa tiene que perjudicar a la otra. Lo que sí sé decirte es que la ley no se está cumpliendo. Ahora el TSJC ha puesto los puntos sobre las íes. Porque la ley no se cumple. Casi todo se hace en catalán. Y así vemos a los propios miembros del Gobernet, a consellers y conselleras, que a la hora de expresarse en castellano parecen analfabetos. Aunque lo jodido posiblemente sea que son analfabetos en las dos lenguas, y lo que pasa es que en castellano resalta mucho más.

P: Dices en el libro que el "lacismo" es un fenómeno eminentemente burgués, que beneficia exclusivamente a la burguesía catalana. Lo que no queda tan claro en tus textos es si en él predomina más el clasismo o la xenofobia.

R: Hombre, xenofobia hay. Eso es así. La sufre hasta el propio Gabriel Rufián en sus carnes. Si se le ocurre hacer la más mínima declaración "pragmática" en Madrid, de esas que no gustan al independentismo, en seguida se le echa en cara su apellido, sus orígenes y su charneguismo. En el lacismo el que no es un catalán lo suficientemente puro lleva una cruz encima. La famosa frase de "España nos roba" no era más que eso. Los lacistas consideraban que, como Cataluña es una región rica, todo lo recaudado de sus impuestos debía retornar a ella, en vez de ir a parar a otras regiones más pobres. Una idiotez que va en contra del propio principio de redistribución de los impuestos, y que indica que todo esto en realidad va de otras cosas. Lo que dicen con esas actitudes es que se consideran ricos y no quieren que su dinero vaya a parar al resto de españoles, que son pobres. Clasismo, como has dicho. Puede que predomine más el clasismo que la xenofobia, aunque son cosas que van un poco de la mano. Su actitud se resume en decir: "Nosotros somos buenos y vosotros malos". Aunque lo ocultan, claro. En su lugar, dicen: "No somos ni mejores ni peores, sólo somos distintos". Pero es mentira. Cuando alguien dice que es distinto lo que está queriendo decir es que es mejor, porque si se considerase peor no lo diría.

P: ¿Te parece ajustado decir, como algunos han dicho, que la política española se ha "catalanizado" en los últimos años?

R: Es posible. En todo caso yo diría que habría que escuchar aquel refrán que dice que cuando veas las barbas del vecino afeitar pongas las tuyas a remojar. Mirad cómo nos ha ido en Cataluña por culpa de pensar que sólo podían existir dos bloques y por tratar a la política como si fuera una religión o un equipo de fútbol. Ver la política como una cosa de buenos y malos nunca es buena idea. Lo ideal debería ser votar con la cabeza, sin tener tan en cuenta los dogmas ideológicos. Yo a los votantes en clave española les diría que no sean tan palurdos como somos aquí.

P: Y en clave catalana, ¿lo volverán a hacer, si ganan las elecciones?

R: No, no. Claro que no. Ni pensarlo. Es lo que he comentado antes. No es más que un eslogan electoral. Tienen que contentar a su parroquia. En ello les van los garbanzos. Pero no lo van a hacer. Lo saben los de Esquerra, que ya hasta lo reconocen sin ambages; y lo saben los de Junts per como se llamen. Lo que les pasa es que qué van a decir, si llevan viviendo de eso los últimos años. Tienen que decirlo. Aún así, saben de sobra que hay una línea roja que no pueden pasar; y que no van a pasar. Ya desde hace años en el Parlament se dedican a hacer declaraciones rimbombantes pero sin acercarse un sólo milímetro a la línea roja. El Vivales (Puigdemont) y la Borràs pueden decir misa, pero saben, ellos más que nadie, que no son más que eslóganes electorales.

P: Y si el procés es un cadáver, como dices en el libro, ¿cuándo será enterrado?

R: A ver, sucede una cosa. Cuando yo digo que el procés es un cadáver me refiero a que yo no veo el conflicto que se vende que existe. Se habla del conflicto catalán, y yo cuando lo escucho me paro a pensar de qué conflicto están hablando. Porque no veo ninguno. Yo lo que veo es a una gente en la cárcel, otra que se ha fugado al extranjero y otra que va colgando lazos amarillos por las calles y se manifiesta de vez en cuando reclamando libertad. El conflicto, en todo caso, lo tendrán los delincuentes que están en la cárcel o que se han fugado, pero Cataluña con España no tiene absolutamente ningún conflicto. Intentó algo, de aquella manera tan idiota, salió mal, y ahora ya no tienen nada. El único conflicto lo tienen quienes pretenden sacar de la cárcel a los políticos presos. Pero España ¿qué conflicto tiene con Cataluña? Es que me da mucha risa. Algunos catalanes tienen un problema, no un conflicto. Un problema con la justicia.

P: Hombre, pero hace tres años se puso en entredicho la Constitución y todavía a día de hoy hay un amplio porcentaje de la población dispuesto a votar a quienes prometen que lo volverán a hacer. ¿Eso no es un conflicto?

R: Sí, bueno. El caso es que no lo van a volver a hacer. Yo no creo que exista ningún conflicto por el hecho de que muchos catalanes voten a partidos independentistas. Siempre y cuando esos partidos cumplan la ley. Si realmente son independentistas, que intenten llegar a la independencia siguiendo los cauces establecidos. Lo que no se puede hacer es pasarse por el forro la Constitución, el Estatut y la voluntad de la mayoría de catalanes. A mí me importa un bledo si un día, dentro de doscientos años, España y Cataluña llegan a un acuerdo y se establece una independencia de forma legal. Pues enhorabuena. Mi vida no cambiará mucho. Lo que me importa realmente es que los que gobiernan se ciñan a la ley. Porque la ley, al fin y al cabo, sirve para proteger a los débiles de las tonterías de los que mandan.

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