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Jorge Molist: "La historia del Mediterráneo es una epopeya digna de 'Juego de Tronos', pero real y española"

El escritor catalán publica La reina sola, una novela histórica protagonizada por Pedro III el Grande y Constanza II de Sicilia.

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El escritor catalán publica La reina sola, una novela histórica protagonizada por Pedro III el Grande y Constanza II de Sicilia.
Jorge Molist, escritor | Asís Ayerbe

En 1262, Pedro, hijo de Jaime I el Conquistador y heredero de la Corona de Aragón, se casó con Constanza de Hohenstaufen, de trece años, hija y heredera de Manfredo I de Sicilia. Esta unión suponía la alianza entre Aragón y Sicilia, el impulso que hizo que la influencia aragonesa abarcase el Mediterráneo central restando fuerzas a los franceses. En 1282, al día siguiente de ser coronada reina de Sicilia, Constanza se quedó sola, obligada a defenderse de los tres mayores poderes del siglo XIII: Francia, Carlos de Anjou y la Iglesia con el papa Martín IV al frente. Mientras Pedro III el Grande se lanza a batirse en duelo en territorio enemigo. El escritor Jorge Molist (Barcelona, 1951) recrea esta epopeya en La reina sola (Planeta).

"La historia del Mediterráneo es una epopeya digna de Juego de Tronos, pero real y española", asegura a Libertad Digital el escritor catalán. "Me apasiona la historia y estaba leyendo un libro de Sir Steven Runciman sobre el Mediterráneo y Sicilia cuando me di cuenta de que estaba hablando de mi propia historia, de la historia de España, que para mí está realmente ignorada. Runciman decía que Ricardo Corazón de León, al que todos conocemos, fue un mal rey. Sin embargo, elogiaba a Constanza y a Pedro, de los que apenas había escuchado hablar".

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Pedro III el Grande.

Las hazañas bélicas y políticas de Pedro III y Constanza de Sicilia, junto a las del almirante Roger de Lauria, asombraron al mundo de entonces, pero hoy las ignoramos. La novela arranca "en un momento crítico". Constanza se queda sola en Sicilia porque Pedro debe ir a Burdeos requerido por uno de sus grandes rivales, el emperador mediterráneo Carlos de Anjou. "Constanza se siente abandonada, asustada porque no tiene experiencia de gobierno. Su marido le dice que debe hacer rodar cabezas, cuando ella tiene una educación franciscana donde los crímenes los cometían otros. Está en una situación desesperada".

A pesar de que todos tratan de hacerle ver a Pedro que se encamina hacia una trampa, él acude porque "es un hombre de armas, con un espíritu aventurero, caballeresco y trovadoresco, el prototipo del caballero de la época". "En toda la historia de España, no ha habido un personaje más audaz y atrevido", asegura Jorge Molist. "Lamenta dejar a su mujer, pero en el fondo es una prueba de confianza. Él se va a correr su aventura. Le han retado, le han insultado, le han llamado cobarde y tiene que defender su honor porque su honor está por encima de su vida".

Constanza se quedará con dos aliados importantes: "Roger de Lauria, su hermano de leche, un hombre de gran fidelidad. Es el almirante más brillante que hemos tenido en España. Ganó seis grandes batallas navales, aparte de conquistar islas y otros territorios. También contaba con Juan de Procida, que ya había servido a su familia desde la época de su abuelo, el emperador Federico II".

La respuesta de los sicilianos

"Pedro llegó a Sicilia como salvador. Los sicilianos se habían sublevado contra Carlos de Anjou por su tiranía y el desprecio que mostraba hacia ellos. Solo les permitía hablar en francés y pagaban unos impuestos altísimos porque Carlos de Anjou quería el imperio bizantino y estaba montando un súper ejército. Pedro era un individuo muy carismático y admirado. Impresionó a los sicilianos, era un líder, pero otra cosa muy distinta sucedió cuando se quedó su mujer sola en la isla, a pesar de que era siciliana".

Constanza no lo tuvo nada fácil. Se queda sola en el trono con la asfixiante amenaza del poderoso emperador Carlos de Anjou y con la Iglesia en contra. Cada victoria sobre el francés era para ella "un acto de justicia divina". "El Papa estaba en contra de ellos, metido hasta el cuello en asuntos terrenales por su ambición de poder. Ella pensaba que si Dios da la victoria o la derrota en las batallas, y ellos estaban ganando, significa que Dios estaba con ellos y el Papa estaba equivocado. La iglesia azuzaba una guerra entre cristianos. El Papa, que era un nacionalista francés, se preocupaba de su poder terrenal. Decía que Sicilia y todas las islas del Mediterráneo eran suyas y las concedía a quien él quisiera".

"Siento admiración por Constanza", confiesa el autor. "Aunque no protagonizó directamente hechos de armas, es alguien a la que se le pone en una situación que le supera y que afronta con valentía. Por muchos temores que tenga, es capaz de dar la cara e ir creciendo como persona, es admirable. Por todo lo que he estudiado de ella, así ocurrió. Es una pena que no se haya contado más de ella en las crónicas. A las mujeres se las escondía y el esplendor que tuvo su marido y Roger de Lauria, la ensombrecieron. Ella cumplió la misión que se le encomendó".

Macalde de Scaletta, una mujer de armas

Además, la nobleza conspiraba en su contra y ponía en entredicho su trono. Aquí aparece su gran antagonista, Macalde de Scaletta, un personaje "que incluso hoy nos sorprendería por su audacia". La baronesa de Ficarra "es una mujer sorprendente para este siglo por su ambición y su capacidad. Era una gran jugadora de ajedrez, tenía sus propias tropas a las que le gustaba comandar en armadura y en los salones era una gran seductora".

La corona de Aragón contó con el apoyo de los almogávares, "un clan que nació y creció con la Reconquista española, que no se resignaban a servir de esclavos a los señores dentro del feudalismo, buscaban su supervivencia en las armas". "En el Mediterráneo causaron pavor y sorpresa. Fueron uno de los ejes principales de la expansión mediterránea de la corona de Aragón. Hoy nos sorprende que, en el otro extremo del Mediterráneo, en el imperio bizantino, en Grecia, los almogávares establecieron estados españoles que duraron cien años. Atenas fue española, y fue gracias a los almogávares", explica Molist. En la novela, Súria es un personaje ficticio que condensa esa cultura, una líder almogávar fiel a los principios de su clan, vista como salvaje por los enemigos, luchadora y combativa.

Exhaustiva documentación

"El 95 por ciento de los que cuento sale de las crónicas", defiende Molist, que ha incluido un apartado de bibliografía para evidenciar la exhaustiva documentación manejada. "Han sido años de estudio, no quiero que existan dudas. Hay ficción porque los cronistas no cuentan las escenas de alcoba o no narran las historias de las clases humildes como los almogávares. Los personajes que aparecen, si no existieron exactamente, existieron muy parecidos", asegura.

Asimismo, en un anexo final, aclara –a petición de más de un lector– que usa la palabra "España" porque así aparecía en las crónicas de la época. "España existía desde la época de los romanos, como lugar geográfico e incluso, si me apuras, hasta político. Uno de los cronistas catalanes cuenta el duelo que aparece en la novela y dice que el rey de Aragón va a defender el honor de España a Francia. Eso quiere decir que había un sentimiento, que generalmente acogía solo la España cristiana. Como lugar geográfico, los cronistas hablan de España.

La admiración por la figura de Pedro III el Grande está presente hasta en la Divina Comedia, pero en España –dice Molist– nos hemos olvidado de nuestra historia en el Mediterráneo. "En Palermo me encontré con una puerta muy bonita con el escudo del imperio español y a los lados cuatro gigantescos turcos con el torso descubierto. Al investigar, resultó ser el arco del triunfo de Carlos V por la conquista española de Túnez. Y eso ni nos suena. Si con un libro nos lo pasamos bien pero además descubrimos nuestra propia historia, tiene un valor mucho mayor".

Jorge Molist. La reina sola. Editorial Planeta, 2021. 620 páginas. 22 euros.

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