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García-Margallo: "Los partidos estamos en el puro movimiento táctico y Gibraltar es un tema de fondo, de nación"

Entrevistamos al exministro de Exteriores sobre su nuevo libro con el que quiere poner sobre la mesa la cuestión de Gibraltar.

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La casa de José Manuel García-Margallo es una de esas en las que muchísimas cosas y docenas de fotografías hablan de una vida larga y llena de acontecimientos e hitos. Su despacho, con un aire decimonónico y un viejo retrato de un antepasado, tiene estanterías rebosantes de libros y de más objetos exóticos e históricos y una vitrina sobre la puerta agrupa una veintena de medallas de significado completamente desconocido para el que esto escribe.

En el salón una pantalla de televisión más bien pequeña para los estándares actuales parece venida de otro planeta entre muebles antiguos y algunos cuadros de calidad, especialmente un excelente retrato del propio García-Margallo, atrapado en una pose muy característica. Bajo esa televisión los DVD de House of cards nos recuerdan de alguna forma que estamos en una casa en la que la política tiene un papel fundamental.

'Gibraltar, la segunda rendición'

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La portada del libro.

Nos sentamos en dos amplios sofás, aprovechando un rato de tranquilidad entre las muchas entrevistas telefónicas que el exministro de Exteriores y actual eurodiputado está concediendo para promocionar Gibraltar, la segunda rendición, el libro que ha escrito con Fernando Eguidazu.

¿Por qué un libro sobre Gibraltar? ¿Por qué afrontar una cuestión que no parece importar a nadie y frente a la que sólo un partido —y que no es el suyo— parece darle importancia? Más allá de la actualidad del tema —hace menos de dos meses que España y el Reino Unido han llegado a un principio de acuerdo sobre el futuro de la Roca—, para García-Margallo hay razones profundas: "Gibraltar es un síntoma de la noluntad nacional, por eso empiezo el libro con cita de Unamuno, la falta de misión histórica de España", nos dice, una falta de pulso que, según él, explica por qué "la opinión pública parece no alterarse si se renuncia a reclamar la soberanía" de la colonia aprovechando la oportunidad histórica que suponía el Brexit o, en otro orden de cosas, nadie parece alarmarse "si en Cataluña –la entrevista tiene lugar poco después de las elecciones catalanas del 14F– se colocan encima de la mesa dos temas como la amnistía o la autodeterminación, que son dos torpedos en la línea de flotación de la Constitución".

Un desinterés que, según el exministro, se da "fundamentalmente en la izquierda" pero que en realidad es una anomalía relativamente reciente: "Gibraltar ha sido una constante de la política española desde el siglo XVIII y en la Transición era un anhelo compartido por todos los partidos", nos dice, poniendo un ejemplo: "Cuando Calvo Sotelo plantea la entrada de España en la OTAN Peces Barba, portavoz del PSOE, dice que para ello el PSOE exigía tres cosas: no integrarse en la estructura militar, desnuclearización de todo el territorio y, por último, que sería una vergüenza entrar en la Alianza sin recuperar Gibraltar".

"Gibraltar fue un interés permanente de España", dice García-Margallo recordando una frase de Lord Palmerston, "hasta que se pierde la idea de España, entonces todo esto carece de sentido, se sustituyen soberanía e integridad nacional por conceptos como prosperidad compartida y cosas por el estilo, que no quieres decir absolutamente nada más que una renuncia a aprovechar el Brexit para recuperar la integridad territorial".

En este punto el eurodiputado, recuerda a un político bastante menos ilustre que Lord Palmerston: "Cuando partes de que 'nación es un concepto discutido y discutible', pues ya todo da igual".

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"Único país del mundo que no controla su frontera"

¿Qué es lo que realmente ha pasado en Gibraltar y qué ha hecho el Gobierno? García-Margallo explica que el primer tratado al que han llegado los gobiernos de España y Reino Unido es un acuerdo fiscal y después, el 31 de diciembre y sobre la campana, "llega un principio de acuerdo que fija las líneas de lo que tendrá que ser el acuerdo entre la UE y el Reino Unido" en este campo. Un acuerdo que el exministro define "como el nihil obstat de los obispos" y en el que España ha renunciado a prácticamente todo: "No planteamos la soberanía, queremos que se apliquen normas como Schengen para la movilidad de las personas y la unidad aduanera para las mercancías", con lo que vamos a ser "el único país del mundo, y hay 193 en ONU, que no va a controlar sus fronteras".

Sin embargo, al menos en cierto sentido, no está todo dicho: "Creo que la UE no va a tolerar que haya un paraíso fiscal en su frontera", asegura el exministro, "la obsesión de los negociadores europeos era que el Reino Unido no se convirtiese en un Singapur al otro lado del Canal de la Mancha, es decir, que no albergase empresas mercantiles y sociedades que tuviesen acceso al mercado interior en desigualdad de condiciones", explica, "y no parece lógico que vaya a tolerar unas Islas Caimán en la verja".

"De hecho", recuerda que "el acuerdo fiscal habla de algunos impuestos pero no del impuesto de sociedades y las sociedades en el Peñón no pagan impuestos por los beneficios obtenidos fuera del Peñón, que normalmente son todos, eso no lo puedes hacer porque a ver qué sociedad se va a establecer en el Campo de Gibraltar".

La solución para Gibraltar…

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García-Margallo, en su despacho | Almuzara

Hay en Gibraltar, la segunda rendición, todo un programa para solucionar el problema de Gibraltar de una forma que podría satisfacer a todas las partes: con una fórmula de cosoberanía que "no es un invento mío, pero ahora tenía más sentido que nunca", pues es la única posibilidad real y legal de que el territorio de la Roca siguiese dentro de la Unión Europea.

Y lo peor es que un pacto basado en esa cosoberanía, compartiendo la gestión de las relaciones exteriores y defensa, eliminando los conflictos en las aguas territoriales y en una frontera muy difícil de gestionar y con "instituciones de autogobierno y doble nacionalidad" para los gibraltareños, es razonable, viable y probablemente podría haberse alcanzado: "Si hubiésemos apretado, lo habrían aceptado, no tengo ninguna duda, la ocasión era ahora", asegura García-Margallo, que lamenta que será "muy difícil que a largo plazo se recupere la soberanía de Gibraltar porque han entregado todas las armas".

…Y la solución para España

Pero quizá lo importante de verdad sea la solución a la situación española, para la que el exministro, que ve un paralelismo claro en la situación actual y la de 1898, sólo ve un posible arreglo: "Que reaccione la sociedad, lo que hay que hacer es recuperar la idea de España y hacer un estado de las autonomías eficiente", ya que para él "es obvio" que la epidemia ha demostrado que el sistema no está funcionando: "Hemos pasado del centralismo a que cada comunidad haga lo que le de la gana, a tener 17 modelos".

¿Hay alguna forma de conseguirlo? Sí, aunque nadie dice que sea fácil: "España tiene que cobrar consciencia y tiene que ser la sociedad civil la que reaccione —insiste— porque los partidos políticos estamos todos en el puro movimiento táctico, conduciendo con luces cortas, pendientes de la encuesta del día siguiente y esto es un tema de fondo, de nación".

No obstante, no parece que García-Margallo esté muy esperanzado de que pueda ocurrir algo significativo: "Nadie reacciona con nada, aquí se habla de que una parte del Gobierno quiere ir a una España plurinacional como Bolivia y confederal y a nadie parece extrañarle", nos dice, "a la gente no le importa, están en su partidita de tute y en la quiniela del domingo, como dijo Pedro Laín en A qué llamamos España".

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