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Así se gestó la "vía Nanclares", el torpedo de Antonio Asunción y Manuel Avilés contra ETA

LD conversa con el exdirector de la cárcel de Nanclares de la Oca a propósito de la publicación de su libro De prisiones, putas y pistolas.

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No ocurrió hace tanto: fue en enero de 1993, en los locutorios de Alcalá Meco. Los terroristas Iñaki de Juana Chaos, Esteban Nieto y Joseba Artola Ibarretxe, junto con los abogados etarras Txemi Gorostiza y Arantza Zulueta, planearon y ordenaron el asesinato del director de la cárcel de Nanclares de la Oca, Manuel Avilés (Huétor Tájar, Granada, 1954). Junto al, por entonces, secretario general de Instituciones Penitenciarias, Antonio Asunción, fue el artífice de la llamada "vía Nanclares". El objetivo de esta pasaba por dispersar a los criminales para que dejaran de ser un bloque monolítico. Tras los atentados que se cobraron la muerte del niño Fabio Moreno en Erandio y las terribles amputaciones sufridas por Irene Villa, Avilés olió que en el módulo 4 había presos discrepantes. Grabó sus rajadas, las mandó a Interior y, a las dos de la madrugada del 2 de diciembre de 1991, la SER informó de que "presos de ETA critican a la cúpula de la banda terrorista por sus últimos atentados". Y a Avilés, a quien los etarras, proetarras y demás subespecies execrables tildaban de "tonto útil", le pusieron en la mirilla. Literalmente.

Ahora, el exdirector del Centro Penitenciario de Nanclares de la Oca cuenta esta historia en De prisiones, putas y pistolas (SinFicción, 2021), un relato autobiográfico escrito con una prosa directa y efectivísima y cargado de suspense y de su verdad. El libro, en el que también narra su etapa en el Centro de Fontcalent (Alicante), responde al encargo que Antonio Asunción, en la UCI, hizo a su amigo: "ETA, y está feo que yo lo diga, porque fui el que empezó a organizarlo, se empezó a desmembrar en las cárceles (...). Hay que escribirlo para que se sepa cómo fue".

LD conversa con Avilés a propósito de De prisiones, putas y pistolas:

P: Señor Avilés, cuando era niño, ¿qué quería ser de mayor?

R: Yo vivía en un pueblo de Granada, Huétor Tájar. Era un niño pobre. Un día hubo un incendio en un trigal y vi pasar a los bomberos. Quise ser bombero porque los vi pasar en el camión, con los cascos brillantes y tal, e iban colgados del camión, no dentro. Yo me mareaba muchísimo en los coches (risas) y dije: "Eso de ir colgado fuera mola".

P: ¿Cuándo le picó la cosa de ser funcionario del Cuerpo Especial de Instituciones Penitenciarias?

R: No me picó nunca. Yo estaba estudiando Filosofía y Ciencias de la Educación en Granada. Estaba en cuarto de carrera y un día discutí con mi padre. Mi padre me dijo: "Eres un inútil, que no va a servir nunca para nada". Dije yo: "Joder, este tío es clarividente, ¿no?" (risas). Y le dije: "Ya no me lo vas a decir más". Era por septiembre del año 76, no se me olvidará, y me fui a la casa de mi abuela, cabreado, y le dije a mi abuela: "¿Me dejas un pequeño cuchitril", que ella tenía, "y me pones una cama, que voy a prepararme una cosa?". Mi abuela me dijo: "Cuando quieras, te instalas ahí". Andando por la calle, por Granada, vi un cartel de "Se preparan las oposiciones". Me tropecé con un individuo que me entusiasmó diciéndome: "hombre, esto es lo tuyo, el tratamiento, la reinserción, no sé qué...", y bueno, preparé la oposición, empecé a estudiar en septiembre y aprobé en marzo. Lo hice como método de supervivencia. Nunca pensé que estuviera ahí toda la vida. Al final, me gustó el trabajo que hacía, aprobé la oposición del Cuerpo Especial, y ahí empecé y ahí terminé. No he valido para nada más.

P: ¿Qué ha aprendido durante sus años en la cárcel?

R: Eso es una universidad. Eso es un máster mucho mejor que los de Cifuentes y Casado (risas). Eso es un máster de la vida. Fíjate: dirigí la cárcel de Nanclares, dirigí la de Valencia, luego el psiquiátrico de Alicante, luego la cárcel de Palma de Mallorca y, en medio, estuve en la Secretaría de Estado. No sé si habré conocido a 15.000 delincuentes… en la cárcel; fuera, he conocido a otros tantos.

P: Habla de un tipo, Cortés Escobedo, que entró en prisión a los 16 años y que, tiempo después, lideró un motín en Fontcalent en el que un argelino fue asesinado "clavándole el palo de una escoba previamente afilado".

R: No se me olvidará nunca: Antonio Cortés Escobedo, uno de los presos más peligrosos de España. Creo que ya está muerto. Lideró el gran motín de Fontcalent, que a mí no me cogió, ya estaba en Nanclares. Al argelino lo ensartaron con el palo de una escoba.

P: "Reinserta –escribe a propósito de este individuo– tú a este tío si eres capaz". En algunos casos, ¿la reinserción son los padres?

R: Soy decidido partidario de la reinserción, pero, a la vez, tengo los pies en el suelo y afirmo que no todo el mundo es reinsertable. Después de haber conocido a 15.000 presos, después de haber hecho Criminología, he llegado a una conclusión. He visto reinsertarse a violadores, a asesinos, pero nunca he visto reinsertarse a un pederasta, y nunca he visto reinsertarse a un estafador. He conocido a mil estafadores, y tienen una pulsión interior a engañar. A mí me han dicho: "Mira, es que el día que no engaño a alguien, no estoy contento. Me falta algo". Me he topado con estafadores que ponían cara de cordero degollado, que durante el primer día todo era perfecto, y al segundo ya estaban estafando. En el tema de los pederastas, exactamente igual: en las Juntas de Tratamiento, se decía: "Este está reinsertado, le hemos hecho un programa, una terapia de grupo, no sé qué...". Si era un pederasta, no tenía arreglo. Tampoco he visto reinsertarse nunca a un gran narcotraficante. Como me dijo una vez una gran narco, la famosa Paca de Palma de Mallorca (Francisca Cortés Picazo): "La droga engancha mucho, pero el dinero engancha todavía más". Un traficante de medio pelo me ha llegado a decir: "Pero, vamos a ver: ¿usted qué quiere, que trabaje de pintor de brocha gorda para ganar 700 euros al mes? Eso me lo gasto yo en una tarde en colonia para mis putas".

P: También escribe: "Aquí –en la cárcel– se vuelve uno paranoico a la fuerza (…). Si algo malo puede pasar, pasa".

R: Tú, cuando eres director de una cárcel, siempre te tienes que poner en el peor de los casos. Puedes estar de vacaciones, puedes estar con tu novia, que, por cierto, lo dejamos por culpa de los etarras… Esta mujer, a la que tengo en una magnífica consideración, me dijo: "No puedo soportar esto". El caso, que estás con tu novia de vacaciones, viendo la Expo de Sevilla, y, en mitad de la Expo, te suena el busca, que no había ni móviles: "Urgente, llama a la cárcel". Y resulta que en la cárcel tienes una pelea con un apuñalado. Siempre estás de vigilancia y guardia permanente, las 24 horas del día, los siete días de la semana y los 365 del año. Eso, claro, es jodido.

P: Y de repente, un día, le llama Antonio Asunción.

R: Me empieza a dar jabón en la oreja y me engaña (risas). Luego, nos hemos reído Antonio Asunción y yo de eso mil veces. Me dijo: "Nada, tú vas a Nanclares, dinamizas eso un poco, que está muy muerto, y luego te vuelves a Alicante". No tenía la menor intención de salir de Alicante, estaba estudiando cuarto de Derecho, por entretenerme, había terminado Criminología. Antonio me empieza a dar jabón y me di cuenta de que me había metido un lío. Yo le decía: "No sé nada del País Vasco. No sé ni dónde está Nanclares, ¿qué pinto allí?". "Nada, nada, tú das el perfil". Y cuando te empiezan a dar jabón, sabes que te la van a colocar doblada. Esto funciona así (risas).

P: Si yo le digo "Colectivo de Presos Vascos", usted me dice…

R: Un colectivo cohesionado a la fuerza, un colectivo con un control social absoluto, un colectivo de cotillas, de gente que piensa que todavía puede sacar algo, o pensaban, en la época, y un colectivo que no ve salida a corto/medio plazo por ningún sitio. Y presionado desde su organización.

P: He alucinado con lo que cuenta sobre los abogados de la banda terrorista ETA.

R: Vamos a ver, Jesús: mil veces lo dijo la radio, la televisión. Busca en las hemerotecas: "Los abogados son controladores", "Los abogados son tal". Lo dijeron todos los ministros de Interior. Yo lo demostré. Y si buscas una portada de El País de mayo de 1992, salen dos señores letrados y dicen una frase lapidaria: "Ni por el forro de los cojones te vamos a permitir que rompas la organización". Eso lo vi yo en primera fila y en primera persona, lo mismo que vi en primera fila y en primera persona cómo llegaban a veces los abogados y los presos no querían salir. Decían que estaban malos, que les dolía la cabeza o el estómago. Uno que está en la cárcel, como he estado yo 40 años, sabe que el preso espera como agua de mayo a su abogado. Para que le dé noticias del tribunal, de cómo va la defensa, de si sabe algo del juicio, de cuánto pide el fiscal. Cuando un abogado llega y el preso no quiere salir, dices tú: "Aquí hay algo raro".

P: Asesinan al niño Fabio Moreno en Erandio, mutilan a Irene Villa en Madrid… y, de repente, surgen las fisuras. Y usted las encuentra.

R: Yo estaba el día entero en la cárcel. He sido un director que ha pisado la plaza. No estaba todo el día en el despacho, escondido, emboscado, con el traje y la corbata. No ha habido un sólo día en el que no me paseara para ver cómo estaba el patio. ¿Qué pasaba? Yo, que por esa época tenía 35 años, veía que mucha prensa decía que los etarras brindaban con champán y pedían langostinos para celebrar los atentados. Y yo, reconozco que era un poco provocador, entraba al módulo de los etarras y me ponía allí con todo mi papo. De pie, mirándolos. Mirando el módulo, que era como un descansillo amplio, y allí estaban las mesas para comer. Y los veía huidizos, no me miraban a la cara, estaban silenciosos. Dije: "Por lo menos, no veo ningún acto de celebración". Los etarras no hablaban con el director. Era uno de los elementos de control social que te he dicho. Se reunían en el patio, en el gimnasio y tal, y uno hablaba en su nombre. Es decir, si tenían que protestar porque el recadero no les traía los encargos, o habían pedido jamón york y no había, o las duchas no funcionaban, lo que fuese, venía el portavoz, que se llamaba Olabarri. Yo le decía: "La gente dice que pedís champán y langostinos para celebrar que maten a niños. Hay que ser hijo de puta para celebrar eso, ¿eh?". "Nosotros no pedimos champán y no estamos de acuerdo". "Hombre, pues si no estáis de acuerdo, no estaría de más que el resto de España lo supiera". "No, nosotros lo decimos donde lo tenemos que decir". "Vamos a ver: que el mundo es mucho más grande que Euskadi. Hay una señora en Huelva o un señor en Orense que se cree que pedís champán, luego habrá que decirlo". "No, no, nosotros no podemos decir eso. Lo decimos en nuestros órganos y en nuestros sitios". Entonces, les digo que son unos cagones y unos mierdas. Si yo estoy en una organización y no me gusta que se hagan determinadas cosas, lo digo. Ahí empezó el fermento. Y lo aposté con Antonio, una comida en Zalacaín, a que íbamos a sacar algo importante. Hay que recordar que en el año 90, ETA mataba todos los días. De hecho, a mí uno me amenazó, cuando me dediqué exclusivamente a ETA, fuera de la dirección, y me dijo: "Ojalá una mañana me despierte con una buena noticia". Eso quería decir que a mí me habían dado. Los atentados, siempre, ocurrían por la mañana, cuando la gente iba a trabajar. Entonces, cuando grabé eso, se lo di a Antonio. Yo estaba acojonao: "Oye, a ver qué haces con esto". Salió en todas las radios del mundo y en todas las televisiones. Luego, eso te genera problemas, incluso en el seno de tu organización. ¿Por qué? Porque al tío que está aplastao en el sillón y disfrutando del aire acondicionado le parece mal que saques los pies del tiesto y que te signifiques en ese terreno. A mí, eso me ha traído odios de alguna gente. De la gente más miedosa y más inútil. Ojo, y me he sentido perfectamente pagado. Mi sueldo como director de Nanclares de la Oca, en el año 91, era de 300.000 pesetas. Ni más ni menos, ni menos ni más. Era un muy buen sueldo en la época, pero yo es que me jugué el pescuezo.

P: ¿Cómo se siente uno cuando se entera de que han planeado y ordenado su asesinato?

R: Yo me lo esperaba. Es más, creo que en esa época era un poco inconsciente en el sentido de que no le daba demasiada importancia. Decía: "Bueno, esto entra dentro del guión. Han planeado mi muerte, vamos a intentar que no me den". Claro, me ponen un pedazo de escolta, que parecía un ministro, me ponen que no vaya a ningún sitio, Rafael Vera y Antonio Asunción me llamaban: "¡Oye, no salgas sin escolta, no salgas!", el del CESID, el coronel Ugarte, "¡que te matan, fijo que te matan!", venía a la casa de mi novia y me ponían un Nissan Patrol de la Guardia Civil en la puerta… Yo tengo hijos. Gemelos. Y mis gemelos eran pequeñitos cuando pasó lo del niño en Erandio. Al ver que a un gemelo lo habían matado, me sentí más concernido. Entonces, uff… todo influye. Pero yo no me considero destacado: solamente he pretendido, en los cuarenta años justos de trabajo, irme con la conciencia de que todo lo que me ha pagado el contribuyente me lo he ganado. No siendo un parásito, un tío de estos que está vegetando y trampeando para cobrar sin dar golpe.

P: ¿España es un país ingrato con un Estado aún más ingrato?

R: De toda la vida. Desde siempre. El que sirve al Estado sirve a un ingrato. He visto medallas de oro y medallas pensionadas a tíos que tienen el culo cuadrao de no haberse movido del sillón.

P: ¿Antonio Asunción es un paradigma de esta ingratitud?

R: Por ejemplo. Yo, con Antonio Asunción, como hicimos amistad, quedaba con él, prácticamente todos los meses. A comer. Pagaba él, que era el milloneti (risas). Yo, después de cuarenta años en puestos directivos y tal, no tengo absolutamente nada. He criado a mis hijos, tengo un piso y pare usted de contar. Podría hacer una declaración de bienes y dirían: "Tú lo que das es lástima, hijo" (risas). Pero, ¿y lo tranquilo que se vive así? El delito no trae cuenta. Si tú te lo llevas crudo o te llevas sobres o lo que sea, luego estás siempre acojonao: estás esperando a ver si alguno canta, si otro lo dice, si aquel se chiva… Yo, por ejemplo, escribo artículos (en esDiario) y le pego a todo lo que se mueve. No milito, ni he militado ni militaré en ningún partido político. Me considero un hombre de izquierdas pero, desde luego, no voto a Podemos y al PSOE, ya, ni loco. Y como estoy tranquilo… ahora, por ejemplo, ¿me viene algún problema jurídico? Bueno, pues ya lo afrontaré. Pero tengo la conciencia tranquila de que jamás ha entrado en mi cuenta corriente una sola peseta o un solo euro que no sea fruto de mi nómina. Y eso te da una paz y una tranquilidad terrible.

P: ¿ETA ha muerto o ha mutado?

R: ETA está liquidada absolutamente. Estoy convencido. Publiqué un ensayo que se llama Criminalidad organizada. Los movimientos terroristas, que lo prolongaron Asunción y Belloch, y en el año 2004, dije: "ETA está acabada". "¿Tú estás loco?". "No, que yo los conozco bien". Era el argumento que empleaba con ellos. Yo me he entrevistado con 600 etarras. Así de tapete, ¿eh? Sin rejas, cristales ni nada. Y decía: "Si yo cojo mi DNI y me voy a Madrid, a Helsinki y no me para nadie, y la UE es una comunidad política, social y económica, ¿vosotros os creéis que en este armazón jurídico y social cabe un grupo que pegue tiros?". Lo de Nanclares fue un pico de realidad.

P: Cuando se entera de que los jóvenes no saben quién fue Miguel Ángel Blanco, ¿qué piensa?

R: Como dice Federico Jiménez Losantos, los planes de formación son una mierda. La gente no lee, no estudia. Los chavales jóvenes no leen. Le preguntas a alguno "¿qué lees?", y te dicen: "Yo no leo, me apaño con lo que leo en el colegio". ¡Y en el colegio no dan nada! La ignorancia está bastante extendida. Y como me dijo Antonio, pobrecillo, se murió al poco tiempo: "Escríbelo, que esta es la Historia de España. Aunque igual no lo lee nadie: los secretos, donde mejor guardados están, es en los libros".

P: Para finalizar, señor Avilés: se dice que los nacionalistas se han adueñado del relato. ¿Cree que libros como el suyo contribuirán a lo contrario, a que no se termine prostituyendo la verdad, o esa batalla está perdida?

R: No sé siquiera si yo estoy en esa batalla: yo soy un jubilado. No pinto nada. Soy una persona que tenía la inquietud de decir lo que pasó en un ámbito que sólo Antonio y yo conocíamos. Porque éramos los que estábamos en la primera fila. Estoy en una postura ciceroniana: "No tengo esperanza en nada ni tampoco miedo". He escrito lo que recuerdo como verdad. Tampoco me voy a adueñar de la verdad. Pero yo, honestamente, he escrito lo que recuerdo y lo que creo que es la verdad de lo que pasó.

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