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Padre Acuña, exorcista: "Hay una guerra espiritual que se despliega entre nosotros y, en esta guerra, no hay neutrales"

"Si no hablamos con nuestros niños de Dios, el demonio se encarga de hablarles de él mismo", cuenta en esta entrevista a LD.

"Si no hablamos con nuestros niños de Dios, el demonio se encarga de hablarles de él mismo", cuenta en esta entrevista a LD.
El Padre Obispo Manuel Adolfo Acuña. | Imagen cedida por el autor

Sostiene el Padre Manuel Adolfo Acuña (República Argentina, 1962) que el diablo no es "una entelequia, una idea, un concepto al estilo griego del ‘mal’ que utilizaron los antiguos". Este obispo luterano afirma que el maligno existe y que los cristianos que no creen en los demonios rezan en vano el Padrenuestro, "oración esta enseñada por el mismo Jesús a los suyos –a nosotros– y que contiene un exorcismo: 'Líbranos del mal'". Tiene lógica la cosa, para qué negarlo.

Titular nacional de la Iglesia Carismática Luterana Independiente y arzobispo de la Asociación de Iglesias Luteranas Independientes Hispanoparlantes, Acuña ha practicado más de 1.200 exorcismos y participó en la Mesa Ecuménica del Ateneo Pontificio Regina Apstolorum en Roma durante la Cumbre de Exorcistas. En su último libro, Combate contra el mal (Luciérnaga, 2021), cuenta que ha expulsado, de algunos "agobiados", los espíritus inmundos de, entre otros, Judas, el apóstol que traicionó a Cristo, y de Lilith, la mujer que precedió a Eva y heroína de algunas feministas. LD conversa con el Padre Obispo sobre su ensayo y, especialmente, sobre su ministerio. Nos cuenta que "la devaluación de lo espiritual" responde a un principio satánico y que "la banalización del mal es una victoria del demonio", aunque señala una esperanza: "Los malos no son más que los buenos".

P: Padre Obispo Acuña, ¿usted cree en Dios?

R: Siempre he dicho que si no tuviera a Dios, mi vida no tendría sentido. Lo sostuve antes y lo sostengo ahora a mis cincuenta y ocho años de edad. La afirmación con la que más me identifico respecto a mi relación con Dios es la de San Agustín: Dios es lo más íntimo de mi intimidad y lo más elevado de mi elevación.

P: Se lo pregunto porque, al menos, en España, da la impresión de que hay un ejército de curas que no lo hace.

R: No puedo ni me corresponde evaluar la fe del clero local, lo que siempre insisto, y lo hago en relación a mi propia vida de fe y mi ministerio, es en que hay que "saltar de nivel" y no solamente creer en Dios, sino creerle a Dios; esto es, al Dios que me habla, que me aconseja, que me acompaña y cuyas promesas presentes en toda la Biblia y especialmente en las Palabras de Jesucristo son para mí, para cada uno de nosotros. Esto hace de la intimidad con Dios algo bien personal, pero también "transferible", contagioso quiero decir. Y contagiar la fe es algo que entiendo forma parte de la misión de todo ministro religioso.

P: ¿Por qué se hizo sacerdote?

R: Sentí el llamado de Dios a muy temprana edad: tenía diez años. Mi familia fue muy humilde. Faltó un papá en mi casa cuando yo tenía tres años y junto con mi madre, mi abuela materna y una hermana un año y medio menor que yo, nos trasladamos de mi Provincia natal, Corrientes en el Norte Argentino, a la Capital Federal: Buenos Aires. Me vi obligado por la circunstancia económica a comenzar a trabajar bien temprano. Ya a los diez años estaba sumergido en el mundo del trabajo. Mi encuentro con Nuestro Señor Jesucristo fue en el tiempo de mi Primera Comunión, con ocho años de edad, y en la Catequesis que recibí me presentaron a un Dios Padre que es Providente, que te cuida y acompaña y que siempre está a tu lado. Jesucristo es el que nos señala y enseña ese Amor del Padre. Cuando recibí mi Primera Comunión, la catequista nos regaló a cada uno de los niños y niñas una cruz de madera con un grabado que dice "COMPROMISO". Eso fue en el mes de octubre del año 1970. Todavía tengo conmigo esa cruz. Tomé muy en serio ese compromiso y me quedé en la abadía de San Benito, donde hice la catequesis, como monaguillo. Cabe aclarar que en aquellos tiempos había Escuela de Monaguillos, así que seguí aprendiendo todo lo que podía y en los tiempos libres entre el trabajo y el colegio, mi lugar estaba en la Iglesia. Un buen día, durante una confesión, un sacerdote me dijo: "Manolito, ¿no pensaste que algún día podrías ser uno de nosotros?". ¡Había abierto para mí la puerta más grande de mi vida: la Vocación! Posteriormente, la búsqueda de coherencia entre fe y vida me fue llevando hasta mi encuentro con la Reforma de Lutero y acá estoy hoy, sirviendo a Dios y al prójimo desde este modo de vivir el mensaje del Evangelio. Muchas veces en la vida, en momentos difíciles, he vuelto a la abadía para sentarme a contemplar aquel confesionario, que siempre, siempre, refresca mi compromiso.

P: Usted cree en Dios y también en el diablo. En Combate contra el mal escribe que éste "no es una entelequia, una idea, un concepto al estilo griego del 'mal' que utilizaron los antiguos para referirse a este".

R: El exagerado racionalismo ha hecho creer incluso a algunos sacerdotes que el diablo es un símbolo de todo el mal existente. No es así. Decía muy acertadamente el padre Gabrielle Amorth, el más grandioso exorcista y a quien tuve el honor de conocer en el año 2013 y con el que pude sostener una entrevista personal, que el diablo ganó la batalla de hacernos creer que él no existe. Así se hace más fácil su trabajo, pues pasa desapercibido. Sin el diablo se pierde el concepto de tentación, y hasta el sentido de la Encarnación de Cristo, pues la Biblia dice que Él se encarnó para desbaratar las obras del diablo. Hay una guerra espiritual que se despliega no solamente en los Cielos, sino también entre nosotros. Y en esta guerra no hay neutrales. Cristo dice: "El que conmigo no junta, desparrama". El Padrenuestro en su original dice: "Y líbranos del Malo", no habla del mal como concepto, sino del ángel caído que busca nuestra perdición y el botín de nuestras almas. Esta expresión también es un exorcismo dentro de la oración que el propio Jesucristo enseñó. ¿Para qué rezar el Padrenuestro si no se cree en la existencia del Malo?

P: ¿Cómo se hizo exorcista?

R: Por obediencia. Luego de un exorcismo que llevé a cabo en una niña de quince años de edad en mi parroquia mientras me estaba preparando para celebrar la Santa Misa e informado mi obispo, se me encargó este ministerio que se encuentra dentro del ministerio de sanidad de la Iglesia.

P: ¿Qué síntomas tiene el poseído que no tiene un enfermo mental?

R: Destaco que el poseso sabe que algo le está sucediendo, por ejemplo: tiene un fuerte desamor por lo que antes le llenaba el corazón; un desamor que afecta a sus seres queridos también y además percibe que tiene pensamientos e inclinaciones negativas, de odio específicamente que no le son propias. En algunos casos, una voz que le habla al oído indicando hacerse daño o dañar a otros, bajo amenaza de que si no hace caso, algo malo le pasará a él. Cuando esta voz viene de fuera, es muy probable que estemos ante una opresión demoníaca, mientras que si viene de dentro, es más probable que haga falta el especialista médico.

P: Se le atribuye a Pasteur la siguiente frase: "Un poco de ciencia aleja de Dios, pero mucha ciencia devuelve a Él". ¿En qué medida puede ayudar la ciencia a los exorcistas?

R: Hoy podemos hablar, gracias a Dios, de que la ciencia y la fe ya no riñen como antes. El ser humano es una totalidad. Ya en el plano de la salud se habla de psico-neuro-socio-bio-inmunología. Cada vez más profesionales de la salud mental se inclinan a entender que la dimensión espiritual es una dimensión ineludible de la vida humana. Descartarla es propio de un "fundamentalismo" científico, poco apropiado al avance de la ciencia.

P: ¿Va en el sueldo de exorcista que le llamen a uno, como poco, brujo, endemoniado o farsante?

R: El exorcista despierta sentimientos encontrados. Para algunos resulta un santo y para otros un verdadero farsante como usted dice. No hay medias tintas. Destaco que la mayoría de las personas que critican al exorcista y la práctica del exorcismo lo hace por desconocimiento y, sobre todo, por miedo, pocos lo hacen con fundamentos. El otro día en televisión, un psicólogo consultado sobre el exorcismo, luego de una entrevista que me brindara el medio, dijo que como no había pruebas científicas que "avalaran" el exorcismo, él no lo aconsejaba y relacionó el exorcismo nada más ni nada menos que con la regresión a vidas pasadas y el despertar peligroso de esos recuerdos. ¡Ni a mí se me hubiera ocurrido semejante desatino! Claro está que la periodista le preguntó si creía en vidas pasadas y el profesional dijo que sí. En resumidas cuentas: no aconsejaba el exorcismo por no ser científicamente probado, mientras hacía un público acto de fe en las vidas pasadas, tampoco probadas científicamente, y relacionaba una con otra, que nada tienen que ver. Cuando el miedo va ligado a la ignorancia, resulta peligroso. En la República Argentina, en el año 2015, publiqué un libro titulado: Ritual de Exorcismos, una compilación de oraciones eficaces de diversas fuentes, que fue presentado en la Sociedad Argentina de Escritores por dos psiquiatras de gran renombre en mi país. No me afecta la crítica sin fundamento.

P: Afirma que "hay casos que no requieren exorcismo, pero sí Oración de Liberación". ¿En qué se diferencian exorcismo y Oración de Liberación?

R: La Oración de Liberación puede ser practicada por una persona o grupo Carismático en favor de alguien que siente una opresión o presencia maligna. No contiene imprecaciones, esto es, mandatos directos contra el diablo. Son oraciones dirigidas a Dios que los cristianos, en virtud del sacerdocio común de todos los creyentes, pueden practicar sin necesidad de la presencia de un sacerdote exorcista. Existen incluso Oraciones de Autoliberación, muy eficaces. El exorcismo consiste en el despliegue de todo un ritual que debe ser autorizado por el obispo en las Iglesias Históricas de Occidente y que sí contiene imprecaciones.

P: Explica que el diablo también es uno y trino, que está formado por Lucifer, Satanás y Belcebú. ¿Es importante esta diferenciación para un exorcista?

R: El diablo no es trino en el sentido teológico en que comprendemos la Santa Trinidad: Un solo Dios y Tres Personas Divinas. ¡No, por favor! La trinidad satánica que expreso en mi libro está conformada por tres ángeles caídos cada cual con una misión oscura. Pensemos que si le diéramos a Lucifer toda la autoridad para hacer el mal que supuestamente algunos creen, prácticamente estaríamos hablando de un "dios", más que de un ángel. Cada demonio posee una distinción en su labor y el conjunto de la labor de los demonios es lo que definimos como diablo. Es importante para el exorcista saber con quién está librando el Combate en nombre de Dios. De aquí el nombre de los demonios y su función, aunque algunas veces ese nombre sea el de su acción más evidente, es decir, algún demonio llevará específicamente el nombre de ira, otro el de envidia, otro el de lujuria y así.

P: Cuenta que también hay tres tipos de culto demoníaco: el satanismo ateo, el luciferismo y el satanismo deísta. ¿En qué se parecen y en qué se diferencian?

R: En el orden en que usted lo presenta, el satanismo ateo es aquel que no cree en la existencia ontológica de El Satán, sino que éste es una representación de todas las pasiones humanas que, por cierto, hay que satisfacer. Este concepto es sostenido por la Iglesia de Satán fundada por Szandor La Vey y está expresado en la Biblia Satánica por él escrita. El satanismo deísta sí cree en la existencia de El Satán pero, además, lo entiende como un dios que requiere sacrificios. Incluso el suicidio con la promesa de "reinar junto al señor de la Oscuridad" ¡Es el más peligroso de los movimientos satánicos! El Satán es la ira incontrolable contra Dios y el hombre. Es mentira que hoy no hay sacrificios de sangre en el satanismo. Son exigidos por el movimiento deísta. El luciferismo es el que cuenta con mayor "marketing" en el mundo y en los medios: nos muestra a Lucifer prácticamente como una víctima de Dios y hasta resulta simpático y amable con el ser humano. Por cierto, crecen las llamadas Iglesias Luciferinas en el mundo, pues Lucifer, la soberbia, busca ser adorado en el lugar de Dios. En general, el movimiento satánico, cualquiera sea su vertiente, busca ser interpretado como un movimiento cultural y algunos más atrevidos, buscan igualdad en la práctica con otros cultos, apelando a la libertad de cultos. Sucede que el satanismo no es religión. Pues "re-ligare" es volver a unir. En el caso de la religión, volver a unir al ser humano con el sentido de la vida. ¿Con cuál sentido de la vida une la práctica satánica? El Caos es propio del satanismo.

P: Una de las historias que más me ha sorprendido es la de Lilith, recuperada y reivindicada por algunas feministas. La Lilith que aparece en Combate contra el mal es un bicho de mucho cuidado…

R: Lilith hoy disfruta del mismo marketing que Lucifer. Por algo dicen que en la dimensión espiritual, ella intimó con él, y con Asmodeo, luego de haber estado con Adán. Flaco favor le hace al movimiento feminista la figura de Lilith. Ella no le hace falta a sus justos reclamos. Creo que el satanismo busca imponerla para desvirtuar incluso a la mujer, pues Lilith no es ejemplo de nada bueno. Lilith se mueve con odio contra el Creador y contra el ser humano, por eso es demonio, y no creo que el odio sea generador de nada bueno. Lilith, cegada por su odio, se vuelve opresora, pues esclaviza, y así resulta ser lo que ella misma critica. Al movimiento feminista no le hace falta odiar a Dios y al varón.

P: Habla de un padre que, desde Perú, acompañó a su hija hasta Argentina para que usted la exorcizara. Estaba poseída por Judas Iscariote. En primer lugar, ¿cómo su fama llegó hasta el Perú?

R: He recibido visitas de familias de Perú, Paraguay y Estados Unidos pero no hablaría de fama. Nuestro Señor Jesucristo dice en el Evangelio que cuando el buen obrero termina su trabajo pregunta qué mas hay que hacer. Yo trato de hacer mi trabajo, y soy consciente que Dios es el Exorcista. ¡Toda la Gloria es para Dios! Si el exorcista cree que es él quien hace los exorcismos, ha sido invadido por el pecado de Lucifer: la soberbia. Ser exorcista impone todo un estilo de vida. Aceptado el ministerio por obediencia a Dios y a la Iglesia, ha de llevarse una vida lo más irreprochable posible para que el diablo, que conoce los pecados personales, no pueda avergonzarlo durante el exorcismo. Los exorcistas somos soldados en la trinchera de Dios, llevando adelante el Combate contra el Mal. ¡Y Dios es un General que no toca retirada!

P: Y en segundo: ¿Judas Iscariote es un lacayo del demonio? Se lo pregunto porque no son pocos los teólogos e historiadores que defienden que Judas, en realidad, no traicionó a Jesús, sino que se limitó a cumplir su misión.

R: Es curioso ese "revisionismo teológico", que acompaña al revisionismo histórico de estos tiempos. Lo cierto, es que estos revisionismos ponen en duda a los próceres de las naciones, a sus buenas intenciones, y fomentan un relativismo de la verdad y buscan escribir un nuevo relato histórico vacío de ideales, pues todo parece fruto del acontecer y no de decisiones valientes, en el caso de los próceres y sus ideales, o de elecciones conscientes entre el bien y el mal. La elección de Judas fue consciente. El mismo Señor Jesús dice que al traidor "más le valía no haber nacido". Judas es un condenado. He tenido la experiencia en este exorcismo al que usted se refiere de encontrarme con él. No me cabe ninguna duda de que su propia elección lo llevó al Infierno. No hay casualidades en el destino final de nuestra alma.

P: ¿Qué es lo más imposible que ha visto practicando un exorcismo?

R: Levitar, esto es, vi a un niño de seis años levantarse del piso sin asistencia de nada que lo hiciera posible, violentando toda ley de la naturaleza. En este exorcismo apartamos a un espíritu del desierto de la vida de este niño.

P: Por curiosidad, ¿qué hay en su museo de trofeos de exorcismos?

R: En el Museo, que espero poder traer a España en algún momento, hay objetos de los más variados, todos ellos encontrados en los exorcismos que me ha tocado practicar. No solamente exorcismos de personas, sino también de hogares, pues las casas infestadas no son otra cosa que lugares posesos, ya que la casa y los lugares de trabajo conservan memoria: la memoria de quienes han vivido o viven en ella. Así, hay casas que sanan y casas que enferman. De aquí se desprende que no solamente hay exorcismo de personas, sino también de lugares y objetos, estos últimos maleficados. A estos objetos encontrados en dichos lugares y desactivados de todo mal yo los llamo trofeos. Entre ellos, destaco: un pacto satánico de puño y letra de quien lo había firmado; un altar satánico sobre el que se sentaba la bruja para sus invocaciones, consagrado con su propia sangre en oración al demonio, con ello el propio puñal de consagración y el cuchillo ritual con el que derramaba la sangre animal; también un clavo salido de la boca de un poseso e imágenes rituales de san la muerte en los diversos colores de la magia y muchos otros objetos que incluyen ropas de los practicantes de umbanda, todos entregados luego de su conversión al cristianismo y su abandono de las prácticas oscuras.

P: Para terminar, Padre: en Combate contra el mal, señala que "es alarmante" ver cómo se venden tablas ouija en jugueterías. El otro día vi una en un escaparate de una tienda de decoración. ¿La banalización del Mal es una victoria del demonio? ¿Cree que el Bien está retrocediendo posiciones?

R: Algunos se enojaron conmigo cuando en los albores del siglo XXI me preguntaron si éste sería un siglo de despertar espiritual. La mayoría de los consultados decían que sí. Yo sostuve que no. Y no creo haberme equivocado. Asistimos a un tiempo donde se devalúa todo lo espiritual y ello responde a un propósito satánico. La devaluación de lo espiritual lleva a que ya no hablemos más con nuestros niños de Dios, y si no hablamos con ellos de Dios, el demonio se encarga de hablarles de él mismo. El diablo se toma muy en serio su trabajo, pues el demonio no juega a ser demonio. Lo es. ¡Y no creer no salva de las consecuencias! Sí, la banalización del mal es una victoria del demonio, pero no creo que el Bien esté retrocediendo. Los malos no son más que los buenos. Puede que estén mejor organizados y con mayores recursos y medios, pero la última palabra es del creyente, pues lleva la fuerza de Dios. Esta Palabra es Sí y Amén a la Vida, a lo Bueno, a lo Saludable y a lo Bello que Dios regala a todos sin distinción pues es un Padre/Madre que se apasiona por nuestra Felicidad. Que Dios los bendiga a todos y cada uno, que Sus Ángeles acampen en sus hogares y que San Miguel Arcángel, el exorcista invisible que expulsó a Lucifer del Cielo, los proteja de día y de noche. Amén y Amén.

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