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La novela argentina sobre la "gauche caviar" que habría que imitar en España, según Jiménez Losantos

Andrés Amorós ha llevado a Es la mañana de Federico la última novela del cronista político argentino Jorge Fernández Díaz: La traición.

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Andrés Amorós ha llevado a Es la mañana de Federico la última novela del cronista político argentino Jorge Fernández Díaz: La traición.
El escritor argentino Jorge Fernández Díaz, en esRadio. | David Alonso Rincón

Ha llegado Andrés Amorós esta semana a Es la mañana de Federico con un gran libro bajo el brazo. Así lo ha presentado al menos, entre los numerosos elogios de Jiménez Losantos a un autor que considera "de lo mejor" que está dando la literatura hispana en los últimos años. Su nombre es Jorge Fernández Díaz, pero no tiene nada que ver con el exministro del Interior. "Se trata de un cronista político argentino de reconocida fama, además de un enorme novelista", que además acaba de publicar la última parte de una "trilogía negra maravillosa".

La traición (Destino), llega justo después de El puñal y de La herida. Es una novela negra, "al más puro estilo anglosajón", con grandes tintes de intriga política. Está ambientada en la Argentina actual y no rehúye la polémica, como se puede ver en el hecho de que no tenga reparos en señalar directamente al papa Francisco. Pero cada cosa a su tiempo. La trama de la historia gira en torno a Remil, "un reverendo hijo de mil putas", como lo define su autor, que recibe un aviso de un salesiano para que investigue un extraño plan revolucionario perpetrado por un grupo al que el Santo Padre ha mostrado simpatía en público. Si la cosa fructifica, por tanto, es presumible que termine estallando un conflicto diplomático que perjudique notablemente el prestigio de la Iglesia Católica.

Andrés Amorós ha rescatado algunas citas para acercar la idea de fondo que mueve la historia: "El talón de Aquiles de Francisco está en la Argentina y es su peligrosa predilección por los marginales, por los impresentables y por esos sospechosos que recibe y alienta", por ejemplo, o: "El revolucionario ‘no cree en Dios, cree en la Iglesia’". Se trata, como ha afirmado Amorós, de "una crítica terrible a la gauche caviar"; esa "izquierda progresista extrema" definida por Fernández Díaz como "el Macartismo al revés". "Un grupo de gente que, por acabar con la antropofagia, se come al caníbal".

En esa línea, el libro analiza el fenómeno de los grandes movimientos revolucionarios históricos: "Todo revolucionario, si gana, instala una dictadura popular: censura, expropia, encarcela, tortura y fusila. Y si pierde, se refugia en organismos de derechos humanos, se vuelve un humanista y un demócrata, y denuncia la persecución, la crueldad, el patriarcado y la falta de libertades civiles". Y también describe una nueva "Santa Alianza", conformada por "pobristas eclesiásticos, progresistas corruptos y por setentistas reciclados y alucinados".

Según ha explicado Amorós, los setentistas eran aquellos que se decían revolucionarios durante los años setenta y a los que ahora, desde el gobierno, se les intenta pintar como grandes demócratas. Fernández Díaz tiene una visión contrapuesta: "En realidad, lo que querían traer era una dictadura, no una democracia". Esa tesis, unida a la convicción de que "del delirio místico al delirio revolucionario hay un paso", hace que el crítico encuentre innumerables similitudes entre dichos grupos argentinos y el movimiento encabezado por Podemos en España. "Se presentan como el médium del espíritu popular... Tienen su relato y su catecismo. Y una misión divina. Una típica secta izquierdista... Fluidos contactos con el clan de Nicaragua, socios en Caracas, buenas migas en La Habana, contratos con el servicio secreto iraní, simpatía de la Iglesia católica", escribe Fernández Díaz en La traición.

En definitiva, Andrés Amorós ha definido la novela como una enorme obra del género, "con un estilo punzante, muy medido y efectivo", pero con el único inconveniente de estar repleta de argentinismos y de moverse en el contexto de la política argentina, "esa tela de araña" difícil de entender para el público no iniciado. Por eso, tal vez, Jiménez Losantos haya concluido con un llamamiento, incitando a quien quiera recoger el guante a escribir lo mismo, pero en clave española.

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