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Ser agradecido es de bien nacido

Con su nueva novela Las gratitudes (anagrama,2021), Delphine de Vigan prosigue su viaje literario iniciado con Las lealtades.

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Con su nueva novela Las gratitudes (anagrama,2021), Delphine de Vigan prosigue su viaje literario iniciado con Las lealtades.
Detalle de la portada 'Las gratitudes', de Delphine de Vigan | Anagrama
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Con su nueva novela Las gratitudes (anagrama,2021), Delphine de Vigan prosigue su viaje literario iniciado con Las lealtades (Anagrama 2019) sobre los sentimientos, los lazos invisibles que nos unen con los demás. Se trata ahora de la gratitud, el reconocimiento de nuestras deudas morales. Una nueva novela que, como dice la autora, forma un díptico con Las lealtades aunque pueden ser leídos separadamente. El libro se publicó en Francia en 2019, poco antes de que estallase la pandemia que aún estamos viviendo por lo que parece premonitorio sobre lo que sufren nuestros mayores en la instituciones que los acogen.

Si en Las lealtades la escritora partía de una reflexión sobre lo que significa la lealtad, ahora nos interroga sobre la gratitud:

¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces al día dais las las gracias? Gracias por la sal, por la puerta, por la información? Unas gracias de cortesía, de conveniencia , automáticas. Casi huecas.

Unas gracias profesionales: Gracias por su respuesta, por su atención, por su colaboración.

¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. La expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda. ¿A quién?

La señora Seld, Michka, ingresa en una residencia donde se va apagando poco a poco, a medida que avanza su afasia, a medida que olvida las palabras. Es el personaje principal. En torno a ella dos jóvenes, Marie y Jerôme que van alternando su presencia en la habitación de Michka y dan su nombre a los diez capítulos del libro que transcurre en un breve espacio de tiempo. Marie es su vecina. Michka la cuidaba cuando era niña y su madre no estaba. Jerôme es logopeda, el que le ayuda a recuperar las palabras. Esta forma de contarlo que ha escogido la escritora me ha hecho pensar en una pieza de teatro donde se respeta la regla de las tres unidades que nos enseñaban cuando éramos niños: unidad de tiempo, de lugar y de acción, en la que los diálogos cobran una especial importancia.

Envejecer es aprender a perder. Perder la memoria, perder los referentes, perder las palabras.

Perder el equilibrio, la vista, la noción del tiempo, perder el sueño, perder el oído, perder la chaveta.

Perder lo que te han dado, lo que has ganado, lo que te merecías, aquello por lo que luchaste, lo que pensabas que nunca perderías.

Michka siente que su proceso de pérdida de las palabras se acelera. Las necesita más que nunca. Le queda poco tiempo par saldar su deuda con aquella pareja que la salvó de morir en un campo de exterminio al final de la Segunda Guerra Mundial. Ellos la acogieron y ocultaron en su casa. Nunca pudo agradecérselo. Marie y Jerôme, unidos por su gratitud hacia ella, se implican para conseguir que se cumpla el último deseo de Michka.

Delphine de Vigan, en una entrevista con motivo de la publicación del libro en España, se pregunta si hemos aprendido algo con la pandemia, que ha puesto en evidencia lo que ya sabíamos sobre nuestros mayores. Los que han muerto sin poder despedirse de los suyos, sin nadie que les cogiese la mano. ¿Sabremos darles las gracias a los que tanto han hecho por nosotros? Ella ha escrito un libro luminoso sobre el fin la vida y la necesidad del otro. Lo abre con estos versos:

"Reímos, brindamos. Desfilan en nosotros los heridos,
Los lastimados; les debemos memoria y vida. Pues vivir
Es saber que todo instante de vida es un rayo de sol
En un mar de tinieblas, es saber ser agradecido".
François Cheng. Enfin le royaume

En Cultura

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