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Pardo Bazán, una escritora abierta a su tiempo

Andrés Amorós ha presentado en Es la mañana de Federico La sirena negra, novela tardía de Pardo Bazán, reeditada recientemente.

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Los Libros: 'La sirena negra' Es la Mañana de Federico

El audio empezará a sonar cuando acabe el anuncio

Andrés Amorós ha querido comenzar su intervención en Es la mañana de Federico con la Danza macabra de Saint-Saëns, y la explicación se encontraba en el libro que había traído para comentar. "El capítulo cinco, concretamente, es una danza de la muerte", ha explicado. Se trata de La sirena negra, una novela tardía, publicada en 1908, de Emilia Pardo Bazán, que ilustra de manera notable su capacidad de evolucionar, "superando el realismo", y de "abrirse a las influencias espirituales y literarias que se estaban dando en la Europa de su época". La novela, poco conocida por el gran público, acaba de ser reeditada por Nocturna con motivo del centenario del fallecimiento de la escritora gallega.

El argumento de la novela se centra en un personaje, Gaspar de Montenegro, "mismo apellido que las Comedias bárbaras de Valle-Inclán", que está completamente obsesionado con la muerte. Cree ver una sirena en el mar gallego, que le llama, y fantasea con la idea del fallecimiento. El único sentido que le encuentra a su vida llega con la adopción de un niño y la ilusión por educarle, "al estilo de Amor y pedagogía, de Unamuno, o Prometeo, de Pérez de Ayala". Se trata de una novela "posterior a la gran revolución modernista y simbolista" acaecida en 1902, con la publicación de diferentes obras como La Voluntad, de Azorín, o La sonata de otoño, de Valle-Inclán, pero, en opinión de Amorós, aunque el tema en sí apunta hacia una evolución en la obra de Pardo Bazán, su estilo "continúa siendo realista", lo que hace que no termine de figurar en el canon de las grandes obras revolucionarias del momento.

A grandes rasgos, el crítico ha comparado las diferentes etapas de Pardo Bazán con las de Galdós, encontrando paralelismos en sus escritos. "Podríamos decir que en la década de los 70, sus novelas fueron naturalistas; en la de los ochenta, psicológicas; y a partir de la de los 90, antirrealistas y espirituales, muy influenciadas por la literatura rusa del momento". De hecho, se ha querido centrar en ese antirrealismo, señalando lo curioso que es que una escritora como Pardo Bazán escribiese cosas "como que lo material no importa, lo exterior no significa nada, lo mejor no se ve, o que sólo importa lo interior, el espíritu". A eso, además, habría que añadir su punzante crítica social, cuando señala, entre otras cosas, la hipocresía espiritual y religiosa de los españoles.

En términos generales, pese a todo, Amorós ha señalado la enorme calidad de la obra y su importancia a la hora de comprender el genio de una escritora "muy lista", que estuvo siempre al tanto de las corrientes literarias de su época y "abierta a evolucionar". Ha catalogado el final de la novela como "enormemente dramático" y, aunque no ha desvelado nada, sí que ha querido subrayar que se lee "con un creciente interés", más allá de las nimiedades típicas que han podido quedar atrasadas.

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