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Pablo de Lora, sobre la 'ley Trans': "Van a surgir conflictos endiabladamente rocambolescos"

El profesor, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, presentó El laberinto del género en En casa de Herrero.

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El profesor, catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, presentó El laberinto del género en En casa de Herrero.
El catedrático de Filosofía del Derecho Pablo de Lora. | Archivo

Hace unas semanas, en el programa En casa de Herrero, de esRadio, Luis Herrero entrevistó a Pablo de Lora debido a la publicación de su último libro: El laberinto del género. Sexo, identidad y feminismo (Alianza Editorial). De Lora es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid. A finales de 2019 participó en un seminario que pretendía "abordar los problemas filosóficos, políticos y jurídicos de la identidad sexual y de género". Había sido invitado por las universidades de Barcelona y Pompeu Fabra debido a la repercusión de su libro anterior, Lo sexual es político (y jurídico), que había generado mucho revuelo entre ciertos grupos de la comunidad LGTB. Los días previos al evento, un estudiante trans de la Pompeu Fabra solicitó formalmente a la Unidad de Igualdad del centro la desconvocatoria de De Lora del seminario y que se le incluyera a él como ponente en su lugar. Los organizadores se negaron a hacerlo. Pese a todo, una vez comenzado el acto, un grupo de personas —entre las que se incluía una de las ponentes, profesora de la Universidad de Barcelona— le interrumpió al poco de comenzar su intervención, comenzó a repartir pasquines insultantes contra él y tomó el estrado con la pretensión de que, "como representantes genuinos de la comunidad trans, se les diera voz". Según cuenta De Lora en el libro que ha llegado este año a las librerías, al cabo de un tiempo de intenso alboroto y pese a que los presentes accedieron a tener un debate civilizado con los asaltantes, escuchando primero lo que tenían que decir, el seminario tornó "en un ridículo auto de fe" y su "libertad académica" quedó "truncada". El laberinto del género, por tanto, es una extensión de lo que entonces quiso y no pudo expresar, "el fruto de haber reflexionado durante algo más de un año sobre un conjunto de rompecabezas filosóficos, políticos y jurídicos a los que nos convoca el contemporáneo fenómeno de la ‘identidad de género’".

Antes de darle paso, Herrero también presentó otro libro relacionado con el tema. Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras hijas (Deusto), de la periodista de The Wall Street Journal Abigail Shrier. Se trata de una investigación que pretende poner el foco sobre una realidad que se manifiesta en Estados Unidos pero de la que es difícil hablar debido a la corrección política. Su tesis viene a denunciar cómo la transexualidad, más allá de la condición real que experimentan algunas personas, se ha convertido en una moda entre las adolescentes. "Hasta hace apenas unos años, el trastorno de identidad de género era muy infrecuente. Se daba en menos del 0,01% de la población, aparecía durante los primeros años de infancia y afectaba de manera casi exclusiva a los hombres. Pero hoy en día, en las universidades, los institutos e incluso las escuelas primarias, grupos enteros de amigas afirman ser ‘transgénero’. Son niñas que nunca han experimentado incomodidad alguna con su sexo biológico hasta que alguien da una conferencia en su escuela sobre su experiencia trans, descubren la comunidad de influencers trans o alguien les dice que serán más populares si se declaran transexuales". "Shrier denuncia que educadores y terapeutas ‘afirmadores de género’ están empujando a chicas que aún no han llegado a la edad adulta a adoptar cambios irreversibles que las afectarán de por vida, como dobles mastectomías y bloqueadores de la pubertad que pueden causar infertilidad permanente", dice en su contraportada. Desde su publicación, varios movimientos han tratado de cancelarlo, sin éxito.

Preguntado por el fenómeno de la moda trans entre las adolescentes, De Lora confirmó la teoría. "Shrier describe un fenómeno sostenido por algunos estudios y que tiene difícil explicación", explicó. "Personalmente, me parece que factores como las redes sociales, los influencers y los youtubers son una explicación causal en la que vale la pena profundizar". Y aseguró que él sí que cree que muchas adolescentes "han podido sufrir ese tipo de perniciosas influencias". Después, entrando a valorar el contenido de su propio libro, comenzó centrándose en la diferenciación cada vez más problemática que existe entre identidad sexual y de género. "¿Son conceptos perfectamente delimitables?", le preguntó Herrero". "Yo creo que sí", respondió él. "Y además creo que el feminismo clásico lo tenía muy claro". "El sexo es un rasgo biológico que no depende de la voluntad. Es un accidente natural. El género es una construcción social. Por género debemos entender todas las actitudes, los estereotipos, los roles y las expectativas que se esperan de quienes ocupan uno u otro sexo", explicó. "Esto estaba bastante claro hasta que hace aproximadamente dos décadas aparecieron unas autoras, con una señora llamada Judith Butler a la cabeza —en un libro que se llama El género en disputa—, que lo enmarañaron todo". "Básicamente pasaron a considerar que también el sexo es un constructo social".

Esa diferencia de criterio sería una de las claves que alimentan las encendidas disputas entre las feministas clásicas y las más cercanas al movimiento queer. De Lora considera que, "a día de hoy, es difícil que lleguen a un entendimiento". En su opinión, "además, la posición de las más cercanas al ámbito de Podemos va ganando, por decirlo así. Todo apunta a que esa expresión legislativa del feminismo más contemporáneo se va a aprobar". Lo que conjetura después es que "en cuanto empiece a aplicarse esa ley van a surgir conflictos tan endiabladamente rocambolescos que va a haber una cierta retracción y posiblemente algún tipo de transacción" entre ambas posturas. Algunas de esas incongruencias afectarían directamente, de hecho, a la igualdad jurídica de las personas. "Las feministas más clásicas tienen razón al apuntar que si prospera la ley trans muchas políticas públicas que se apoyan en la discriminación positiva se verán torpedeadas". Los hombres, por otro lado, "veremos con cierto estupor que por el mero hecho de que alguien se considere mujer obtendrá beneficios que nosotros en ningún caso podríamos adquirir simplemente por estar conformes con nuestro sexo". Y eso, "efectivamente, es una afrenta a la igualdad difícilmente digerible".

Aunque hay otros muchos factores en contra de la ley propuesta por el Ministerio de Igualdad. "Parte del sector del colectivo trans reclama, y yo creo que con buenas razones, que la identidad de género de personas que no necesariamente sufren esa condición va en su detrimento", explicó De Lora. Por otro lado, "en lugar de a endocrinólogos y psiquiatras", esa ley antepone "a organizaciones expertas en materia de derechos humanos de esos colectivos", algo que De Lora considera "regresivo". Los profesionales más capacitados para tratar a las personas que pueden experimentar esa condición se verían seriamente apartados. "Detrás de la ley hay una filosofía, por llamarla de alguna manera, que incide en la idea de acompañar y despatologizar. Es decir, de llevar hasta las últimas consecuencias las voluntades de los individuos en asuntos que son especialmente relevantes, porque tienen que ver con tratamientos muy invasivos con su cuerpo". Además, su actual redacción prevé que a partir de los 16 años ya no se necesite el consentimiento paterno para cambiar de sexo. "A mí me parece muy problemático. Y más todavía que puedan acceder a tratamientos farmacológicos". A ese respecto, advirtió que "en Suecia ya se ha decidido que ese tipo de tratamientos no se puedan administrar a menores de 18", algo que a él le parece "la senda correcta".

Por último, preguntado acerca de la posibilidad de que se llegue a hablar serenamente del contenido del libro en el foro público, De Lora se mostró pesimista. "Ahora mismo no se atisban muchos canales ni muchos puentes de diálogo, la verdad", dijo. "Me parece además que el Gobierno, con su anteproyecto, no está dando señales de querer ir a algún tipo de transacción". Pese a todo, confía en que el suyo "sea un libro que estimule la conversación y el debate, a veces con vehemencia, pero siempre dentro de límites civilizados".

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