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Ferran Brunet: "En España hemos superado el nivel óptimo de descentralización"

El economista y cofundador de Sociedad Civil Catalana presenta un estudio pormenorizado de las negativas consecuencias económicas del procés.

Ferran Brunet es profesor de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Barcelona, docente e investigador en Economía Europea. También es el cofundador de Sociedad Civil Catalana, cuyo fin es poner en valor las relaciones entre Cataluña y el resto de España, salvaguardar el Estado de derecho y trabajar por el respeto y entendimiento entre todos los catalanes. En 2010 publicó Curso de integración europea. Ahora, vuelve a las librerías con Economía del separatismo catalán (Deusto), "un análisis riguroso de las consecuencias económicas del procés y la decadencia de Cataluña". Hablamos con él:

Pregunta: ¿Cuál es el coste del Procés?

Respuesta: - 4’6% del PIB. Ese es el coste acumulado. Eso es lo que ha dejado de crecer el PIB catalán en comparación con lo que han crecido otras comunidades industriales en España. También se puede calcular desde un punto de vista microeconómico: contando cuánto se llevan los independentistas a sus chiringuitos, a sus altos cargos, a sus malversaciones y a sus competencias impropias. Este recuento de tipo microeconómico llega hasta unos 6.300 millones de euros al año. Hay que tener en cuenta que la Generalitat es una administración no neutral. Está volcada en la guerra contra el Estado español y lleva estándolo mucho tiempo. En un momento concreto su guerra se llenó de grandes palabras, como independencia. Hoy esto ya no les sirve de la misma manera. Pero siguen dando el callo contra España, como es evidente.

P: ¿Pero existe algún proceso independentista que no haya costado algo a sus habitantes?

R: Bueno, es un hecho que la política influye en la economía. Las fronteras influyen en la economía. Lo vemos en el caso de la UE. ¿Qué intenta la Unión Europea? Tratar que las fronteras existentes influyan lo mínimo en el comercio. Por eso el mercado común. El proceso de integración consiste en ir rebajando el efecto fronterizo. Y por eso los procesos de secesión son procesos desintegradores. Interponen fronteras donde antes no las había. Esto genera pocos efectos positivos, ciertamente. Para la mayoría de la gente genera sólo efectos negativos, tanto desde un punto de vista de intelección del mundo como desde un punto de vista meramente económico. A más fronteras, menos posibilidades de viajar libremente, o de cambiar de residencia. Por todas estas cosas un premio Nobel de economía ha señalado que el interés de los independentistas no está en la independencia en sí, ya que eso sería la ruina para todos. La independencia es sólo una forma de vender la moto. El interés real es el procés mismo. Mantenerse en los cargos el máximo tiempo posible. En la Generalitat, 4.000 cargos cobran más que el presidente del Gobierno de España. En el portal de transparencia de la Generalitat, si todavía no lo han quitado, se ve la relación nominal de altos cargos y los sueldazos de cada uno de ellos. Es curioso que los únicos puestos vacantes que quedan son los que cobran entre 20.000 euros y 30.000. Todos los demás están ocupados. Pero es que en Cataluña en los últimos tiempos se han enlazado cosas muy graves. La más grave de todas terminó en un golpe de Estado. Y todas esas cosas han ocurrido porque los sucesivos gobiernos de España han contemporizado, permitiendo que ocurran. Claro, eso ha generado un coste acumulado. Al principio había cosas que podían parecer simpáticas: la lengua catalana, etcétera. Luego, todo ha terminado con cosas verdaderamente abominables.

P: Si el interés es lucrarse con el procés, ¿por qué forzar la independencia y "matar" a la gallina de los huevos de oro?

R: El interés siempre está implícito. No se puede revelar. Ellos te dirán que su interés es Cataluña. Te dirán que lo que quieren es ser la Dinamarca del sur. Utopías. Falsas, todas ellas. Lo único obvio, porque se ha mantenido con el paso de los años, es que el interés real de toda esa élite pasa por permanecer en el cargo. Y tú te preguntas: ¿cómo llegaron al máximo? ¿Por qué forzaron la independencia hasta esos límites en 2017? Pues porque jugaban al póker, como ha dicho una exconsejera de la Generalitat —especialista, precisamente, en economía de los juegos—. Jugaban de farol. El Estado español, por su parte, nunca quiso creer en que se podría llegar a esta situación. Entre otras cosas porque los diversos partidos que gobernaban necesitaban los votos de CiU para mantenerse en el poder. Pero el caso es que llegaron a esta situación. A los catalanes hay una cosa que no nos gusta demasiado, que es cuando se dice que en Madrid no conocen lo que ocurre aquí. Yo creo que lo saben perfectamente. Me consta que el Gobierno de España anterior al golpe conocía perfectamente lo que iba a ocurrir. Pero bueno, al menos, que lo hayan hecho tiene una ventaja: todo el pescado está vendido. Se han encontrado con el muro del Estado. Saben que se aplicará nuevamente el 155 cuando lo vuelvan a hacer, que es lo que no paran de pregonar todavía. Y es normal que digan eso, teniendo en cuenta que les ha salido gratis. Están todos en la calle. Desde el punto de vista del Estado de derecho, el tratamiento judicial del golpe ha sido perfecto. Lo que no lo ha sido es el indulto final. Pero todo el tratamiento penal de la sentencia ha sido perfecto. En mi libro calibro la calidad de la democracia española y digo que es altísima. Los indicadores internacionales comparativos así lo demuestran. Pero no es menos cierto que en una parte de su territorio, en el 20% de su población, la implementación del Estado de derecho no es buena.

P: ¿El Estado de las Autonomías funciona?

R: Mira, España es uno de los países más descentralizados del mundo. Es importante dejarlo claro. España está más descentralizada que Estados Unidos. E incluso más que la República Federal de Alemania. En cuanto al gasto de las Comunidades, me refiero. En ingresos están un poco por debajo. Las Comunidades Autónomas de España tienen menos ingresos que otras regiones federales en el mundo, pero muchos más gastos. Con el Covid, ese grado supremo de descentralización se ha visto claramente. Aquí tenemos diecisiete más dos Comunidades Autónomas que son miniestados. La cuestión es la medida óptima de descentralización. Para mí existe una curva semejante a la de Laffer. Hay un punto óptimo de descentralización. A partir de ahí, más descentralización tiene efectos negativos. Es obvio que en España hace más de un lustro que hemos superado el nivel óptimo de descentralización. Y esto que estoy diciendo se puede considerar un tema tabú. El Estado de las Autonomías fue uno de los grandes resultados de la Transición. Pero eso ya quedó en el pasado. La situación actual es diferente. Y lo que ahora está en juego es la integridad y el futuro de España. Mira, una de las cosas que señala la Comisión Europea como mayores riesgos actuales es la posible desintegración de los mercados nacionales. En España tenemos un gran problema, generado por el procés. El 23% de los consumidores españoles hace boicot a los productos catalanes. Las ventas de Cataluña al resto de España están cayendo en la última década, en términos absolutos. Y que una economía, que es lo que es porque está especializada en vender al resto de España, ataque a su cliente principal, es para que se lo haga mirar.

P: Escribe en el libro que la centralización ayudó a Cataluña, brindándole los beneficios de un mercado común español.

R: La región de Cataluña vende más a la región de Aragón que a toda Francia. Punto. En el libro se comparan precisamente las ventas a otras regiones de España con las ventas a otros países. Se vende más a Cantabria que a toda China. Y así sucesivamente. Naturalmente, lo importante es la realidad. El fruto de una especialización y de una historia. El lugar de la economía catalana en la economía española está claro. Y Cataluña depende de ello.

P: ¿Pero el mercado español no sería sustituible por otro mercado extranjero?

R: El tema es por qué íbamos a querer sustituirlo por otros mercados, en primer lugar. No tiene ningún sentido. Pero, efectivamente, en la tercera parte de mi libro hago la contabilidad de lo que sería la economía catalana si se diese la independencia. Es un análisis muy estándar, basado en lo que ha ocurrido en otros países. Existen una veintena de estudios sobre la hipotética independencia catalana. Y todos coinciden en una serie de conclusiones. Primero: el comercio bilateral se reduciría. ¿En cuánto? Pues depende del tipo de producto y de la clase de independencia que se diese. En su conjunto, el impacto de la reducción del comercio oscilaría entre un escenario del - 9% y un escenario del - 24%. Pero respondiendo a tu pregunta, para compensar la caída del comercio, la caída del PIB, la caída del empleo, el crecimiento del gasto de la nueva Cataluña, la reducción de la recaudación fiscal por la caída de las ventas, del PIB y del empleo, etcétera, serían necesarios, más o menos, 55.000 millones de euros al año. La cifra puede variar en un 10%. Pero estaría por ahí. Entre los 40.000 y los 70.000 millones de euros, cada año. Y eso sólo para mantener el nivel de renta anterior a la independencia. Mi pregunta es: ¿Hay alguien en el mundo que pueda y quiera poner 55.000 millones para tener un puerto en el Mediterráneo? Puede ser. Candidatos haylos. Pero de todas formas, poner esa cantidad al año es algo disparatado. Y esa es la viabilidad de la independencia catalana. Peor que la de Corea del norte. Si por algún casual se produjera la independencia de Cataluña, lo que tendríamos sería un Estado gamberro, por el tipo de políticas; un Estado fallido, por estos - 55.000 millones de euros a recuperar; un Estado vasallo de quien le pusiera el dinerito; y además un Estado imperialista, teniendo en cuenta que los independentistas catalanes aspiran a una serie de territorios que no forman parte de su Autonomía actual. Por decirlo con palabras de Popper, en nuestras sociedades abiertas actuales casi todo es posible, pero no todo es probable. Y la probabilidad de que Cataluña se independice es mínima. Sólo hablando a nivel europeo, se hace difícil de creer que Europa vaya a permitir la desintegración de su cuarto país, en términos cuantitativos, que es España.

P: A nivel impositivo, ¿Madrid hace competencia desleal, como la acusan algunos?

R: Mira, el subtítulo de mi libro es El procés ens roba. Esa es la evidencia. No es España quien roba. Hay que tener presente que la Comunidad de Madrid aporta dos veces lo que aporta la Comunidad Autónoma de Cataluña. Madrid sí que podría decir eso de "España nos roba". Tiene el doble de razones para decirlo, al menos. Además, la contribución de Cataluña es la normal en las zonas que son más ricas que el conjunto, si miramos las contribuciones de las diversas regiones de otros países descentralizados. La Constitución y los Estatutos dan un margen de autogobierno y de autonomía fiscal. Por eso no tiene ningún sentido que sean los separatistas los que vayan en contra de la soberanía fiscal. Ellos tienen un margen y lo usan. Cataluña lo ha usado a alza. Tienen 14 impuestos propios adicionales, más uno que todavía está en el Tribunal Constitucional. Otros, como el País Vasco, tienen cero impuestos autonómicos. Y Madrid tiene cuatro. Bien, con sus 14 impuestos adicionales, Cataluña recauda 600 millones. Es decir, el chocolate del loro. Seguro que la administración tributaria para estos 14 impuestos autonómicos vale más que los 600 millones que recauda. Entre otras cosas por los sobresueldos que cobran. Y tú me preguntarás: ¿Pero por qué lo hacen? ¿Por qué este infierno fiscal? Pues porque aquí mandan ellos. Por la no neutralidad de la administración de Cataluña. Es una cosa gravísima. La neutralidad de la administración pública es una de las características de un Estado de derecho. Y en Cataluña, el exceso impositivo no sólo se fundamenta en unas ganas exacerbadas de cobrar, sino en unas ganas exacerbadas de seguir mandando. Algo que, a la larga, tiene unos efectos muy negativos sobre la economía. Una de las razones de la huida de empresas es precisamente este infierno fiscal.

P: ¿Cómo una democracia tan sana como la española permite que una de sus administraciones regionales no sea neutral?

R: Pues no lo sé. Tenemos un problema, porque de verdad que no lo sé. De lo que estoy seguro es de que un día dejará de permitirlo. Es una cuestión de tiempo. El diagnóstico está clarísimo. Ya hay análisis profundísimos sobre los problemas de España. Lo que no está tan clara es la solución que cada cual le quiera dar. Pero, obviamente, terminará estándolo también.

P: ¿Cómo ve la situación actual?

R: Mira, después del ‘putch’, del golpe de Estado fallido, sólo se podía esperar que los independentistas aterrizaran. Que pasaran página y pusieran sobre la mesa otras cuestiones. Cuestiones reales. Tangibles. El fracaso escolar o la decadencia económica. Esto no ha sido tan rápido como pensábamos. Pero es la tendencia. Se ve cada vez más, desde cualquier punto de vista. Desde el número de participantes el 11 de septiembre, cada vez con menos gente, hasta el número de banderas separatistas y de lazos amarillos en las terrazas. Lo que a mí me señalan amigos especialistas de Quebec es que cuando se ha producido una fragmentación tan radical, es muy difícil recomponerla. Se trata de un proceso muy lento. En Quebec mismo están muy lejos de haberse recobrado, y eso que no llegaron a los extremos que se vivieron aquí. En ese sentido, todo lo que sea intentar pasar página es positivo.

P: ¿Cuál es la responsabilidad de los diversos Gobiernos centrales?

R: Ha habido grandes diferencias. Sánchez gobierna a merced de los votos de los separatistas. Sin ellos, no gobernaría. Ese no fue el caso de Rajoy. Ni el de Zapatero. A González ni se le hubiese ocurrido. En su época, además, los separatistas no existían tal y como los conocemos hoy. No habían pasado por todas las fases por las que han pasado posteriormente. Tampoco es menos cierto que este procés, por diferentes motivos, está cada vez más desangelado. El constitucionalismo está ganando espacio. Por ejemplo: ahora tenemos la sentencia del 25% de educación mínima en castellano y catalán. Esto es fruto de la ley catalana, que no ha aplicado la Generalitat, pero que sí que han interpretado los tribunales de Justicia. Ojo, a petición de los padres. Se han acumulado las sentencias y al final el Tribunal Supremo ha dictado que a finales de febrero se aplique la sentencia del 25% en castellano. Yo estoy seguro que el futuro será mejor que el presente. Luego, ya veremos en qué medida. Fíjate que en este tema de la lengua se entremezclan los temas del Estado de Derecho con los temas sociales. El fracaso escolar en Cataluña es del 23%. En otras Comunidades ronda el 10%. Pero es que entre los niños castellanohablantes el porcentaje de fracaso es del 30%. Tres veces lo que fracasan los niños en Madrid. Lo llamativo es que entre los catalanohablantes el fracaso es del 17%. Es decir, incluso en el grupo aparentemente más beneficiado por la educación monolingüe, los niños fracasan el doble que en Madrid. Es obvio que en esta cuestión del 25% nos encontramos ante un problema social. La orientación de la Generalitat es claramente antisocial. Cada vez se invierte menos en educación y en sanidad. Tiene una absoluta falta de neutralidad y una orientación antisocial muy llamativa. Así que está en el interés de los catalanes el liberarnos de una vez de estos tíos. ¿El resto de España podría ayudarnos a liberarnos de esta losa, que se deriva de una ley electoral que permite que gobiernen pese a no contar con la mayoría de los votos? El artículo 155 de la Constitución española está ahí para eso. Josep Borrell, cuando fue secretario de Estado de Economía aplicó por primera vez el 155 al caso de Canarias cuando se negaba a aplicar la fiscalidad correspondiente. Existe un problema de coherencia en el conjunto de España. Pero bueno, los catalanes hemos padecido tanto, viendo cómo se desintegraba nuestra región, que ya sólo podemos pensar que el futuro tiene que ser mejor.

P: ¿En Cataluña funciona la democracia?

R: Bueno, la democracia es el mejor sistema de gobierno que se haya inventado, indudablemente. Pero no es perfecta. Se basa en la representación, en el Estado de derecho y en el respeto a la minoría. Obviamente todo esto son cosas que, en esta región, que es Cataluña, y en este gobierno, que tiene todas las competencias estatales menos el ejército y la representación exterior, no funcionan bien. Aquí hay un problema de representación, de vigencia del Estado de derecho y de respeto de las minorías. Aquí a las minorías o se las destruye o se las ignora. Muerte civil. No existes. Todo lo que está ocurriendo en las últimas décadas en todo el mundo, el auge del populismo, que amenaza directamente a las democracias liberales —que son las verdaderas democracias. O las más completas, al menos—, en Cataluña toma una forma nacionalista-separatista-izquierdista especial. En otros lugares el populismo más peligroso viene de la extrema derecha. En cambio, aquí, el mismo tipo de políticas de polarización, de fragmentación y de destrucción del pueblo vienen de la izquierda. Podríamos decir que somos el inverso del mundo. Mostramos una cierta evolución extraña. Aquí, CiU estaba formada por muchos dirigentes que pasaron directamente de estar integrados en el franquismo a estarlo en las nuevas instituciones democráticas. Su discurso cambió también y se fue volviendo gradualmente más soberanista, más secesionista. Es como un mundo al revés. Como si las zonas carlistas se hubieran convertido en zonas revolucionarias. Y el sitio más global, cosmopolita y avanzado, que es Barcelona, es en el que impera todavía el constitucionalismo.

P: Aún así, las urnas siguen apoyando a los independentistas. ¿Qué se puede hacer cuando los votantes de una región siguen premiando a dirigentes que promueven discursos y medidas antidemocráticas? ¿De dónde viene su optimismo?

R: Viene de que al final siempre prevalece la verdad. La economía es aritmética. Si tú haces esto y a medio o largo plazo las inversiones caen, el empleo cae, la gente se larga y todo lo demás, llegará un momento en que habrá una reacción. ¿Es esperable que no haya ninguna reacción? Bueno, también es posible. Pero yo quiero confiar en el buen sentido de la gente. No quiero decir tampoco que la gente sólo se mueva cuando ve afectado su bolsillo. El caso catalán pone de manifiesto que eso no es verdad. Pero, con todo, sigo creyendo que hay que confiar. Es como la cita aquella: "Tú puedes engañar a todos un rato, pero no puedes engañar a todos siempre". Algunos autores han señalado el ciclo del separatismo. Hace ya años que ese ciclo va a la baja. Cada vez hay más consenso entre los catalanes de que quien nos roba realmente es el procés. Quienes nos estamos haciendo daño somos los mismos catalanes. Así que sólo falta que poco a poco ese convencimiento termine reflejándose en las urnas.

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