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"Querida mamá": las cartas más íntimas de personajes célebres de la historia

La antología Cartas a la madre recoge las misivas que Napoleón, Isabel II, Lorca, Machado, Mozart o Kafka escribieron a sus progenitoras.

Resulta curioso enfrentarse al papel de "hijos" de algunos de los escritores, músicos o políticos más famosos, una faceta íntima que difiere de la imagen pública que proyectan. Si nos dejan asomarnos a esa versión, podemos conocer al personaje desde otra perspectiva. Son hombres y mujeres que han pasado a la historia por sus obras o hechos, pero además han sido vástagos abnegados y entregados. Nicolas Bersihand (París, 1976), editor y escritor francés, ha recopilado más cien misivas en Cartas a la madre (Plan B) que nos revelan una biografía interesante a la vez que bella de artistas de todas las épocas. Se desprende un vínculo único. Son mensajes de duelo, de amor, de perdón o de homenaje de María Antonieta, Eugenia de Montijo, Louisa May Alcott, Wolfgang Amadeus Mozart, Federico García Lorca, Edgar Allan Poe, Napoleón, Isabel II o Kafka.

"Empecé este libro sin prejuicios y sin una dirección clara y, al final, el libro se convirtió en un canto de amor a la madre. Me rendí a las cartas que encontré", asegura el escritor francés a Libertad Digital.

Muchas de estas cartas son pura literatura, como la de Machado.

"Nuestro ánimo, al fin, se adapta a todo, y las ocupaciones y los deberes que impone la misma desgracia son otros tantos cauces del dolor, que lo alivian y mitigan. De esto sabes tú más que yo pues tu vida ha sido de continuo sufrimiento por los seres queridos. Además, la felicidad es simplemente una cuestión de egoísmo o de inconciencia".

Algunas de estas misivas rezuman un amor y una preocupación por esta figura que supera cualquier desgracia que se esté padeciendo en primera persona. Es lo que ocurre con Miguel Hernández que, desde la cárcel y con principio de tifus, le dice a su madre:

"No sufras, come, cuídate, ya vendrán tiempos mejores. (…) No quiero que se te ocurra venir hasta que llegue el buen tiempo".

Nicolas Bersihand habla con pasión de estas cartas, que casi puede recitar de memoria. Fundó en Francia la única editorial dedicada al género epistolar, DesLettres, hoy desaparecida. Su interés por la correspondencia nació tras ver una película centrada en las misivas enviadas entre Freud y Jung, padres del psicoanálisis. "Siento una atracción misteriosa por las cartas. En la correspondencia está todo, toda la memoria de la humanidad. Todos los grandes acontecimientos políticos – crisis, bodas, muertes-, todo ha dado lugar a cartas. Es el género absoluto de la intimidad y en el mundo editorial está bastante abandonado. Creo, además, que la correspondencia es el origen de la literatura", asegura el escritor francés.

De algunos personajes sorprende la manera de expresarse, teniendo en cuenta su biografía. Es lo que ocurre con el marqués de Sade:

"Una madre es una amiga que la naturaleza solo nos da una vez".

"El día que encontré la carta del marqués de Sade no me lo creía y tuve que volver a la edición original para asegurarme. Es una de las cartas más elogiosas hacia las madres y es muy contradictoria respecto al resto de su obra, que es de una crueldad, violencia y machismo permanente", explica Bersihand. "Hay personajes terribles que tienen su lado bueno", añade.

Las más especiales

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Eugenia de Montijo

"Hay cartas muy especiales", asegura Bersihand, que destaca varias: "Me fascina la carta que escribió María Antonieta cuando, tras años de estar casada, por fin se queda embarazada y se lo cuenta a su madre. También la de Dostoyevski, que aunque tenía una personalidad radical, escribe a su madre que la echa de menos ‘brutalmente’, que se muere de ganas de verla. Otras dan lugar a confesiones desgarradoras, como la de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia. Pierde a su hijo en el ejército y siente que se le acaba la vida. Deja de escribir cartas y pasado el tiempo por fin lo hace a su madre. Le dice que nada puede remplazar al hijo que era toda su vida. Nadie mejor que su madre para entender ese sentimiento".

A muchos nos habrá ocurrido que, al alcanzar la madurez, echamos la vista atrás y somos conscientes de los desagravios cometidos hacia nuestra madre, más producto de la inconsciencia de la edad que del ánimo de ofender. El compositor Robert Schumann escribió:

"Querida madre, ¡cuántas veces te he ofendido y he malinterpretado tus sabias intenciones! Perdona a tu hijo, que espera expiar las faltas de su exaltada juventud con buenas acciones y una vida virtuosa".

Este libro propone al lector entrar de lleno en las intimidades y sentimientos de muchos personajes. Encontrará una entrega incondicional, en la mayoría de los casos. Para muestra, Gustave Flaubert:

"Pienso que nunca querré a otra como a ti, no tendrás rival, no temas".

Son vínculos tas férreos que han influido de manera decisiva en la carrera de los personajes, como le ocurrió a Proust que, tras la muerte de su madre, cayó en una depresión. En busca del tiempo perdido es una obra fruto del duelo. La poeta Gabriela Mistral describe el dolor de una manera hermosa:

"Me siento como las plantas de agua cuando se les corta el pobre péndulo y van y vienen".

Parecido sentimiento muestra Mozart, tras perder a su figura materna:

"Cuando vi que su vida corría peligro, solo le pedí a Dios dos cosas: una muerte feliz para mi madre, y fuerza y valor para mí".

De paso, vemos cómo han cambiado los hábitos, como ocurre a través de la novelista del siglo XIX George Sand, que escribe a su madre para decirle que ha destetado a su hijo:

"Quizás sea un poco pronto; pero prefiere la sopa, el agua y el vino a todo lo demás"

Una madre va más allá de los lazos de sangre y hay un capítulo sobre madres sustitutas: nodrizas, madrastras y hasta suegras. "En esta galería, me dolió mucho no encontrar cartas hacia la figura de la abuela. Son muchas las que han ejercido de madres de sus nietos, como le ocurrió a mi pareja. Me hubiese encantado encontrar una carta de George Sand a su abuela. Ella y su carrera le deben mucho", confiesa el escritor.

Por supuesto no todas las relaciones maternofiliares son idílicas. El poeta Lord Byron pregunta a su hermana si de verdad debe llamar "madre" a "esa mujer":

"Ella entra en un arrebato de frenesí, me reprende como si fuera el más despreciable de los desgraciados, desentierra las cenizas de mi padre, lo maltrata, dice que seré un verdadero Byrrone, que es el peor epíteto que puede inventar".

Algunas desvelan un vínculo enfermizo, como la que envía Freud a Wilhem Fleiss en el que nombra el famoso complejo de Edipo:

"He descubierto, también en mi propio caso, el fenómeno de estar enamorado de mi madre y celoso de mi padre".

"Hay un apartado reducido de cartas negativas, es solo anecdótico porque entendí que el sentido general del libro no iba por ahí. Hay cartas muy duras contra la madre. No descarto hacer un próximo libro con correspondencia conflictiva familiar", desvela Bersihand.

Esta antología posee correspondencia de muchos siglos y lugares diferentes. "Consolación a Helvia", de Séneca, es la carta a la madre más antigua que se conserva. Si algo se echa en falta en esta recopilación de Bersihand es una breve biografía del personaje que sitúe al lector en su contexto.

Nicolas Bersihand. Cartas a la madre. Plan B. Páginas: 140. PVP: 19,90 €

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