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Jano García y el juego perverso de la democracia: "El pueblo no tiene herramientas para defenderse de la manipulación"

Entrevista con el economista y escritor Jano García que asegura "que la masa circula donde los poderosos quieren que circule".

Entrevista con el economista y escritor Jano García que asegura "que la masa circula donde los poderosos quieren que circule".

José María Marco y Nuria Richart entrevistan a Jano García que presenta su libro El rebaño. Como Occidente ha sucumbido a la tiranía ideológica (La Esfera de los Libros). Un ensayo con prólogo de Antonio Escohotado.

La primera pregunta es obligada, ¿en un mundo lleno de diferentes estímulos, con una sociedad cada vez más compleja, existe la masa? Jano se reafirma, "por supuesto que existe, y no solo existe, sino que en esta sociedad en la que vivimos es la que manda de facto". Pero no hay rebaño encauzado sin pastor. Comenta Jano que "las tendencias, el pensamiento mayoritario hacen que la masa circule donde los poderosos quieren que circule". Y pone el ejemplo "de la alcaldía de Barcelona, cómo pasa de la burguesía catalana a Ada Colau". Reflexiona, "yo entiendo que la gente no forje sus ideas a base de estar leyendo todo el día a Hayek, Friedman o a Gramsci, pero cambia de opinión de forma muy rápida".

Vivir en la "alogocracia"

Hablar de masa implica hablar de manipulación y de desinformación. ¿Cómo saber si formas partes de ese ‘ente masivo’ (para el autor sinónimo de turba o rebaño)? Pues complicado, porque "la masa cree que no está subyugada por ciertas desinformaciones". En el reinado del rebaño, el tuerto es el… (hagan juego).

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El gran problema: la masa vota, para Jano "es el juego perverso de la democracia", que "el pueblo tenga el poder cuando no tiene herramientas para defenderse de la manipulación, para defenderse de ciertos dogmas, pues lo que vemos es el triunfo de la demagogia". Nos confiesa que es precisamente el tema del que tratará su próximo libro: "la cuestión democrática".

Dice Jano que solamente hay que ver una campaña electoral. Le "hace mucha gracia cuando nosotros, en Occidente, nos reíamos de lo que pasaba en Hispanoamérica" sobre la compra de votos. "En España tiene 16 millones de votos cautivos que reciben una nómina pública todos los meses: 10 millones de pensionistas, 3 millones de funcionarios y 3 millones de desempleados". Quién, se pregunta, se va a "atrever" en el "cortoplacismo democrático" a proponer una reforma del sistema de pensiones, "que está quebrado de facto", y que " implica que usted va a cobrar menos". Concluye, "es una especie de bazar de mercadillo en el cual llega el demagogo de turno y cuenta, pues lo que obviamente quieren oír". En definitiva, estamos "subyugados a ese rebaño que es el que quita y pone Gobiernos en última instancia y en definitiva a los que tienen poder".

Jano, de momento, no ha encontrado una solución, "no la sé aún y lo digo sin ningún pudor". Reflexiona, sobre "un sistema mixto, monarquía y democracia, o una epistocracia, que voten los sabios, pero "¿quién determina qué es un sabio?"; o que voten "solo los que paguen impuestos o coticen a la Seguridad Social… pero es que eso tampoco te garantiza nada", comenta.

Se puede empezar, propone, reconociendo las fallas, "la democracia nos la han querido vender como un sistema perfecto. Cuando escuchamos a ciertos políticos o intelectuales decir que todo lo que se apruebe en un sistema democrático vale, pues yo digo que no, rotundamente no. Me da igual que sea aprobado por el 99% de la población, y en esta pandemia hemos visto auténticos ataques a la libertad. Yo creo que hay ciertas cosas que están por encima de lo que aprueba un parlamento".

La mano que mece la cuna

Nos cuenta que "hoy en día estamos sometidos a las redes sociales, que ya no son libres, a ciertos medios de comunicación, en el caso de España un duopolio informativo. Cuando estás constantemente bombardeado por ciertos mensajes, es complicado que la hegemonía cultural pueda cambiar, pero en definitiva, es el verdadero poder". La imposición de una moral para todos. Y concluye, "yo no creo que el problema se vaya a solucionar, como algunos dicen, reformando la Constitución o si tenemos un rey o no lo tenemos".

Hay que dar la batalla en una sociedad del bienestar átona de valores, "vivimos una especie de época nihilista", apunta. "Yo creo que en mi generación hemos nacido con todos los derechos y libertades adquiridos, pero hay una crisis de valores" tradicionales. "Una crisis moral, que es mucho más preocupante, más profunda y mucho más difícil de cambiar. En Occidente nuestro modelo se agota. La globalización ha traído cosas muy positivas pero también nos ha traído que compites contra China. Nosotros nos creemos el centro del mundo y no es verdad".

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