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Pérez Henares: "Claro que hubo una conquista. Y fue uno de los hitos que cambiaron la historia de la humanidad"

El periodista y escritor publica La Española, novela centrada en las primeras expediciones de los descubridores del Nuevo Mundo.

El periodista y escritor publica La Española, novela centrada en las primeras expediciones de los descubridores del Nuevo Mundo.
Las expediciones de Alonso de Ojeda, pintadas por Augusto Ferrer-Dalmau. | Archivo
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Que a Antonio Pérez Henares —Chani, para los amigos— siempre le ha interesado la historia, no es ningún secreto. Ahí está su obra literaria para hablar por él. Que es un gran conocedor del paisaje y los terrenos a los que llegaron por primera vez los marinos que descubrieron América, tampoco. Ahí están sus viajes junto a su amigo, Miguel de la Quadra-Salcedo, para acreditarlo. Podría decirse, por tanto, que sólo era cuestión de tiempo que su mundo literario "desembarcase" inevitablemente en aquel episodio histórico y lo tratase con la rotundidad del escritor que sabe que la historia exige un compromiso con la verdad. "Hoy muchos ignorantes critican la Conquista española de América", comenta. Por eso, su labor no esconde un punto pedagógico. Hace tres años publicó Cabeza de Vaca (Ediciones B), novela centrada en el fascinante periplo que llevó a aquel conquistador español, náufrago y cautivo, a recorrer las tierras americanas durante décadas, a mezclarse con los indios y a conectar a paso lento Florida y California. Ahora regresa a ese mismo escenario pero varias décadas antes, iniciando su relato en el segundo viaje de Colón y retrotrayéndose todavía más atrás, hasta el primero, para contar cómo se fraguaron las pioneras expediciones españolas en el Nuevo Mundo. La Española (Harper Collins) es una novela que mezcla personajes reales e inventados, y por la que desfilan algunos de los hombres que protagonizaron "esas hazañas que cambiaron el mundo para siempre". Chani echa la vista atrás y se sonríe. Vislumbra algo parecido a un cambio y nos lo cuenta: "Creo que está habiendo una contestación al pensamiento único cada vez más fuerte", dice. "No hay más que mirar cuáles son las novedades de novela histórica más vendidas". "Además, creo que es normal; y eso me agrada mucho. Al final, una serie de energúmenos llevan décadas insultando a nuestros antepasados. Y, al menos yo, pero me consta que muchos más también, estamos muy hartos de que insulten a nuestros abuelos". Para entrar más en materia, comenzamos con las preguntas:

Pregunta: Después de Cabeza de Vaca, ¿por qué La Española?

Respuesta: Es curioso. Te habrás dado cuenta de que hay personajes de La Española que aparecerán luego más viejos, o a modo de recuerdo, en Cabeza de Vaca. Uno de esos personajes es el que en Cabeza de Vaca era un viejo marinero y que aquí es un grumetillo. Es una cosa que me ha venido, sí. La realidad es que son novelas que empecé a escribir en mi cabeza hace mucho tiempo. Esta última, quizá, desde el día en que desembarqué con Miguel de la Quadra en Macuro, en lo que es el golfo de Paria, en la desembocadura del Orinoco, en Venezuela. Ese fue el primer lugar donde Colón pisó tierra continental. Ahí, como te digo, esa misma noche, empecé a pensar en algo así. Pero donde definitivamente se fraguó algo palpable, donde escribí cosas y le di vueltas a esta idea hace ya veintitantos años, fue en Fuerte Ozama. En el viejo fuerte español que construyeron sobre el río Ozama, en Santo Domingo, ya abandonada La Isabela. Yo, después de haber estado todo ese día paseando por el casco histórico de Santo Domingo, después de haber visitado el palacio de los Colón, o la casa donde vivió Hernán Cortés, llegué allí y empecé a pensar que aquel escenario, pero en otro tiempo absolutamente alucinante, había estado habitado simultáneamente por una serie de gentes que hoy son historia de la humanidad. A mi juicio, fueron los artífices del cambio de percepción más rotundo, de la transformación más apabullante que ha sufrido el mundo. El hecho trascendental de la historia del mundo es el descubrimiento de América, la llegada al Pacífico y la circunnavegación de globo. No ha habido nada que haya cambiado más la vida de los seres humanos y la percepción de su propio mundo que lo que se inició a partir de ese viaje. Y esas gentes: los Colón, los Pinto, los Niño; y en el segundo viaje Alonso de Ojeda, Ponce de León, Diego Velázquez… Hasta el padre Bartolomé de las Casas fue ya en aquel segundo viaje. Su tío había ido en el primero. Y luego iban a llegar allí Ovando, fray Antonio de Montesinos, Cortés, Pizarro; ya estaba allí Vasco Núñez de Balboa, ya estaba allí Juan de la Cosa… Y toda esa gente, como te digo, compartió la cubierta del mismo barco, la misma fila en la batalla, o la misma taberna. Yo lo que quería, de alguna manera, era hacer una novela coral con ese espíritu.

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Miguel de la Quadra y Chani Henares, en la isla Colón.

P: Evitemos el presentismo. ¿Cuál era la mentalidad de la época?

R: Esa es la clave. Esa es la pregunta que todos, pero sobre todo alguien que quiere novelar lo que ocurrió, debe hacerse. Vivimos una moda muy actual, muy reciente, que ridiculiza este momento histórico del que estamos hablando. ¿Pero en qué cabeza cabe empezar a juzgar la historia de la humanidad? Es de tener un retraso. Por ponernos a juzgar, pongámonos a juzgar al Homo Habilis. ¿Les pedimos perdón a los Neandertales? ¿Así, de entrada, como especie? Es demencial. A las cosas se las ha llamado siempre por su nombre. Hasta ahora. Pues claro que aquello fue una conquista. Y claro que en todas las épocas, y en todos los lugares, la matanza ha estado normalizada. Pero no puedes juzgar el pasado a través de modas pasajeras, que son exclusivas de este siglo XXI. Lo que hay que intentar es ponerse en la cabeza de la persona de cada época. Tratar de comprender su cuerpo de doctrina. Cuál era la escala de valores de aquellos hombres. Los que fueron allí, ¿qué tenían en la cabeza? Mira, yo, cuando escribí Cabeza de Vaca, descubrí que la palabra que más había repetido en sus escritos era Dios. En su situación, tremenda, tras aquel periplo, imagínate. Pero, ¿qué era lo que le había llevado allí? Pues a lo mejor hoy nos parece incomprensible, pero tenemos que intentarlo. Lo que les llevaba era ensanchar los reinos de Su Majestad. Eso estaba en esa cabeza. De la misma manera que también estaba llevar la verdadera fe a todas aquellas gentes.

P: ¿Podría haberse realizado algo parecido sin una ideología tan fuertemente arraigada? Hoy a muchos nos cuesta comprender las razones concretas por las que aquellos hombres se embarcaron, y es posible que sea porque los propios conceptos de Dios y de patria son bastante más endebles que entonces.

R: Pero no sólo lo hicieron por Dios y por la patria. Otro concepto importantísimo era el honor y la fama. El honor y la gloria. Y la fortuna, por supuesto: la ambición y el oro. Claro que sí. Todo eso. Ese conjunto de cosas es el que llevó allí a tantas personas y las empujó a hacer cosas que hoy parecen inauditas. Porque independientemente de todo, te quedas alucinado de lo que hicieron. Yo tengo la ventaja de que he estado en aquellos sitios. Prácticamente en todos los escenarios que se relatan en La Española. Y parece mentira. Parece imposible que hicieran lo que hicieron. Eran un puñado, eh. Pero, efectivamente, esto es un conjunto de valores, de ideas y de ambiciones. Y no se puede obviar ninguna de esas cosas. Tenían una fortaleza mental, aparte de una resistencia física, que es más que admirable. Una resistencia al dolor… Ojeda, el gran espadachín, logró sobrevivir a una herida de flecha envenenada, que le había atravesado el muslo, mandando que le aplicaran dos placas de hierro al rojo vivo por un lado y por el otro. Era la única manera de sobrevivir. Y sobrevivió. Como él, bastantes más. Solían llevar un anzuelo grande, por ejemplo, y cuando les tocaba alguna de esas flechas en algún lugar no demasiado problemático, se arrancaban la carne directamente, para evitar que se extendiese el veneno. Eran unas gentes… Mira las travesías que aguantaron; los huracanes, que allí son terroríficos de verdad. Yo he sufrido la cola de uno de esos huracanes y te digo que no sabes dónde meterte. En serio. De hecho, narro aquella expedición en la que Colón advirtió que no salieran, pero lo hicieron, y de treinta barcos sólo volvieron cuatro. Ese era el asunto. Esa era la vida de esas gentes.

P: Una pregunta: ¿no fueron ellos mismos los principales responsables de extender, ya en su época, el mito de los indios como buenos salvajes; esa idea maniquea que ahora tanto está siendo utilizada en su contra?

R: Mira: mi novela parte de cuando ese paraíso que habían narrado los que habían realizado el primer viaje se tornó en un infierno. La cosa es que el primer sitio al que llegaron, en La Española, era una zona de indios taínos, que son indios pacíficos. Claro, esos indios los reciben maravillosamente bien. La Santa María encalló allí, así que una treintena de personas se tuvieron que quedar en el Fuerte Navidad. Colón les dio unas instrucciones muy específicas, pero no cumplieron ninguna. Es posible que las puertas del infierno las abrieran ellos. Se desparramaron, se dividieron, se dedicaron a perseguir indias y a acostarse con ellas. Tú imagínate cómo debió ser aquello. Imagínate a unos españoles que tenían un concepto de la sexualidad muy diferente al actual, y que se encontraron de golpe a una serie de mujeres prácticamente desnudas, que además les recibían, o de buena gana, o con sumisión. La mayoría perdió los estribos. Y, efectivamente, eso hay que contarlo. Cuando vuelven los del segundo viaje se encuentran con que del Fuerte Navidad no queda nada. No quedan ni los tizones, prácticamente. Encuentran algunos cadáveres flotando y otros enterrados. Indagan, descubren su desparrame, sus formas abusivas con las mujeres de los indios, van atando cabos. Pero lo curioso es que quienes les mataron no fueron los taínos. Fueron los indios caribes. Es decir, unas tribus distintas, belicosas, que estaban conquistando todo ese terreno. Caonabo, su gran cacique, les atacó. Y a partir de ese momento, el mito del buen salvaje se resquebrajó para los españoles. A partir de ahí, las historias comienzan a ser durísimas. Juan de la Cosa murió en la bahía del Calamar, hoy Cartagena de Indias, en una de las expediciones de Ojeda, acribillado a flechazos. De hecho, en esa batalla murieron todos los hombres de Ojeda menos él y otro más. Muy pronto, pero muy pronto, la cosa fue muy dura para los conquistadores españoles. Imagínate cuando Cortés se topó con el terrorífico Imperio azteca. Un imperio militarizado hasta los topes, antropófago y más que sanguinario. El sacrificio a sus dioses era la contribución de todos los pueblos que tenían esclavizados. ¿Pero de qué demonios estamos hablando? Pues claro que hubo atrocidades. Yo siempre lo digo: esto no va de leyenda negra o de leyenda rosa. Se trata de contar la historia. Y la historia, también la de América antes de la llegada de los españoles, está hecha de conquista y de barbarie. La labor del novelista histórico es acudir a las fuentes y ser fiel a lo que aconteció. Después, si puede, contar una historia bien contada.

P: ¿El buenismo indigenista de hoy no es una reacción a la exaltación, también buenista, que pinta a los conquistadores españoles como héroes y libertadores?

R: Pero es que eso no es así. Algunos de los conquistadores españoles fueron unos verdaderos canallas, y eso nunca se ha ocultado. Yo las fuentes que he tenido, por fortuna, son muchas. Ten en cuenta que aquí siempre hemos sido muy burócratas. Lo apuntamos todo, lo relatamos todo y no dejamos pecado sin confesar. Además, de la gente que fue allí, muchos eran ilustrados. Sabían leer y escribir, y algunos muy bien, además. El propio Cortés escribía maravillosamente. Pero muchos otros también. La pluma y la espada siempre han estado muy ligadas al mundo español. No olvidemos que no muy lejos de entonces surgiría un tal Cervantes. Pero a lo que vamos. Una de las fuentes españolas que tenemos es la obra de Bartolomé de las Casas. Su Brevísima es un verdadero panfleto, una cosa exagerada, maniquea, escrita casi desde la fe del converso. Y es sin embargo de las que más repercusión han tenido. Existen muchas más fuentes, todas ellas muy ricas, que ayudan a hacerse una idea más ajustada si se leen todas y se comparan. Una de las cosas que cuenta Bartolomé está protagonizada por Pánfilo de Narváez, en Cuba. Una cena con indios, de pronto sospechan que les pueden envenenar, se comienzan a volver locos y acaban acuchillando a todos los que pillan por delante. Una atrocidad que presencia De las Casas, pero que no impide. Él se estableció en Cuba, y tuvo muchas encomiendas de indios. En realidad, el verdaderamente valiente fue fray Antonio de Montesinos. Él fue el que soltó su discurso delante de Diego Colón, diciendo que lo que se estaba haciendo con los indios era contrario a la ley de Dios y a la ley de los hombres. El escándalo fue mayúsculo. Le llamó el virrey, le llamaron la atención, pero, al domingo siguiente, fray Antonio continuó diciendo lo mismo. Bartolomé de las Casas siguió su estela sólo después de escucharle, y la contestación que recibió fue que todo lo que decía estaba muy bien, pero que de qué servía, si el primero que tenía encomiendas era él mismo. Entonces fue cuando renunció a todo, cuando vino aquí, cuando se convirtió en el gran protegido de Cisneros y en el defensor universal de los indios. Para mí, sin embargo, la primera muestra de valentía es la de Antonio de Montesinos. Y es la que nos enaltece. ¿Por qué? Porque dio lugar a las leyes de Indias.

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P: Esa era otra pregunta que te quería hacer. ¿Juzgamos la Conquista española de América más severamente que otras? Al final, recordamos las atrocidades individuales de muchos de los que allí estuvieron, pero no el empeño pionero de la Corona por proteger a los pueblos conquistados.

R: Esa es la clave. ¿Qué diferencia la labor de España de la de otras naciones colonizadoras? Pues que la Corona española entendió desde el primer momento que los indios no podían ser esclavos. La reina Isabel fue una adelantada a su tiempo. Ella fue la que ordenó que los indios no podían ser esclavos, porque eran súbditos de la Corona. La idea que los salva es que un súbdito de Castilla no puede ser esclavo. Piensa que la esclavitud, en ese momento, estaba completamente normalizada. El propio Bartolomé de las Casas diferencia y dice que indios no pero negros sí. Fíjate tú. En el Mediterráneo, los propios cristianos corrían el riesgo de ser atacados y esclavizados por los corsarios musulmanes. Es decir, lo que hizo España no fue algo nimio. La diferencia del Imperio español con cualquier otro imperio colonial es que España hizo un imperio a la romana. Lo que quería era replicar España allí, y es lo que hizo. El éxito fue extraordinario, aunque hoy no se recuerde. Pero no se recuerda porque en 1810, por desgracia, estábamos invadidos por Napoleón; y porque, a partir de entonces, sufrimos al peor rey de nuestra historia, a ese traidor a la patria y a la ciudadanía y a la Constitución, que fue Fernando VII. No se recuerda, digo, porque los movimientos emancipadores americanos y los intereses de otras potencias europeas necesitaban tergiversar la realidad si querían meterle mano a una de las regiones más ricas de la época. Es algo que no se sabe hoy, claro. No se conoce que aquello era uno de los lugares más prósperos del mundo, con metrópolis como como Lima o como Veracruz; con 22 universidades; con riqueza y con prosperidad. Y cuando ahora a nosotros nos dicen, desde los países que surgieron del desguace de aquello, que pidamos perdón, hay que responderles que los causantes de todo su declive son, para empezar, quienes los emanciparon. Allí quedó la región más emergente del mundo. Lo que se ha hecho en los últimos doscientos años es lo que habría que juzgar con una enorme dureza. ¿Qué es lo que hacen tipos como López Obrador? Lo que hacen es tratar de exculpar sus cagadas buscando un enemigo exterior que no se puede defender, porque es de hace quinientos años.

P: Es curioso que alguien apellidado López Obrador le exija al actual rey de España que se disculpe por cosas que, en todo caso, perpetraron sus antepasados directos.

R: Si tú ves el porcentaje de población mestiza o indígena de lo que es la América hispana, oscila entre el 80 y el 90 por ciento en casi todas las regiones. En todas menos en dos, concretamente. ¿Sabes cuál es ese porcentaje en Estados Unidos? Un 1’5. ¿Dónde demonios está el genocidio? Pues está bien claro. El genocidio está donde no ha quedado un indio vivo. El objetivo de las otras naciones era el exterminio. Jamás se mezclaron con los indios porque los consideraban de verdad seres inmundos. En Estados Unidos, el mejor indio era el indio muerto. De la América hispana, como decía antes, sólo dos países tienen porcentajes inferiores de mestizaje. ¿Sabes cuáles? Te recomiendo leer al presidente Sarmiento, de Argentina. Y que indagues en las campañas de exterminio contra los indios patagónicos que realizaron a finales del XIX y principios del XX tanto los argentinos como los chilenos. Sarmiento dejó dicho en un discurso que había que exterminarlos a todos, incluidos mujeres y niños, porque eran indios piojosos. Perón, con aviones de combate, acabó con lo último que quedaba de una de las últimas tribus. Más de mil, mataron. Y lo hicieron bien entrado el siglo XX. ¿Sabes lo que pagaban en Tierra del Fuego por cada indio Ona muerto? Una libra. No valían nada. Y, sin embargo, la inmensa aportación española, que es el mestizaje, se olvida. Llaman genocidas a los españoles quienes más indios han asesinado. Llaman racistas a los españoles, cuando el matrimonio mestizo se legalizó en Estados Unidos 450 años después que en territorio español. Es una cosa alucinante. La propaganda de las naciones enemigas al Imperio español fue muy efectiva. Con apoyos internos, desde luego. Hay libros de Bartolomé de las Casas mucho más valiosos que el panfleto por el que se le recuerda. El problema derivado es que ahora una parte no pequeña de la sociedad española, que además se considera culta y progre y top intelectual, considera que el descubrimiento no fue un descubrimiento, sino un genocidio. Y claro, acaban reivindicando incluso la cultura azteca, cuando no ha habido una cultura más atroz en la historia de la humanidad. Como siempre, parece que los únicos que se creen la leyenda negra son los propios españoles.

P: Muchos hispanoamericanos también tienen esa idea de la Conquista.

R: Sí, es cierto. Lo que se enseña en los colegios de América es una cosa brutal. ¿Por qué? Porque tienen que vender eso. Y sin embargo están destruyendo sus propias raíces. Porque eso lo están diciendo en medio de ciudades que son España por todos los lados. Y con una lengua común. ¿Sabes quiénes son los más acérrimos detractores de la Conquista española? Curiosamente, los que no parecen tener ni una gota de sangre india. Es bastante duro combatir contra la ignorancia y, sobre todo, contra el sectarismo. Porque aquí se parte de un prejuicio primero. Es un doctrinario. Atacan hasta la palabra descubrimiento. ¡Pero si no hay un descubrimiento más claro que ese! ¿Sabían adónde iban? No, señor. Es más, iban buscando otra cosa. ¿Sabían los indios que había otro mundo al otro lado del mar? No tenían ni idea. De hecho, creyeron que los españoles eran enviados de los dioses… Fíjate. Claro que fue un descubrimiento. Y fue una exploración. Y una conquista. Pues claro. Pero las cosas, en su justo término. ¿Qué nación imperial tuvo una Justicia que actuó con dureza contra los abusos a los indios? Eso también hay que decirlo. Uno de los mayores canallas que han pasado por allí fue Nuño Beltrán de Guzmán, fundador de Guadalajara. Se dedicaba a herrar indios utilizando la trampa de considerarlos a todos como disidentes de la Corona. Para él, todos eran indios alzados. Y a los indios alzados sí se los podía esclavizar. Bien, cuando llegó Antonio de Mendoza, el primer virrey de la Nueva España, Nuño de Guzmán fue apresado, cargado de cadenas y mandado a España. ¿Sabes dónde murió? En Torrejón de Velasco, preso. En la América española hubo juicios y castigos. E historias tristes, plagadas de falsos acusadores, de envidias y recelos. Porque otra cosa es matemática, y es nuestro cainismo. Colón sufrió no sé cuántas rebeliones nada más desembarcar y fundar La Isabela. Imagínate. ¿Quién le cortó la cabeza al descubridor del Pacífico? Pedrarias. De lo que se trata es de contar toda la historia, sin ocultar nada. Uno de los pasajes más tristes, para mí, de la Conquista de América, fue la traición y ejecución de Anacaona, princesa india bellísima que había recibido a los españoles maravillosamente bien. La ahorcaron. Y hay que decirlo. Porque lo que no se puede tampoco es negar lo que sucedió. Eso sí que sería escribir una leyenda súper rosa. Es decir, mentir.

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