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Javier Santamarta: "El republicanismo español no acaba de entender qué tipo de República quiere"

LD entrevista al politólogo por la publicación de su último libro, Esto no estaba en mi libro de la Primera República (Almuzara, 2023).

LD entrevista al politólogo por la publicación de su último libro, Esto no estaba en mi libro de la Primera República (Almuzara, 2023).
Javier Santamarta, con un ejemplar de 'Eso no estaba en mi libro de Historia de la Primera República'. | C.Jordá

Defiende Javier Santamarta del Pozo (Madrid, 1963) que el español es, sobre todo, un anarka que se siente de su pueblo, de "su terruño", pero que republicano, lo que se dice republicano, pues como que no. El politólogo y colaborador de esRadio lamenta que se haya extendido un manto de amnesia sobre el siglo XIX patrio. Manto que, por ejemplo, hace que tipos lleven la bandera tricolor a un congreso sobre la Primera República, régimen sobre el que acaba de publicar un ensayo divulgativo, riguroso y digerible, que tiene por nombre Esto no estaba en mi libro de la Primera República (Almuzara, 2023) y cuyo lanzamiento justifica esta entrevista:

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Un momento de la entrevista | C.Jordá

P: Antes de nada, ¿cuánto duró, en realidad, la Primera República?

R: Hay que entenderla dentro de un periodo mayor: la república dura casi dos años. Podríamos hablar de que hay dos repúblicas. A lo mejor, lo que llamamos "Segunda República" sería la tercera. Y esos dos años están metidos en un sexenio: no se pueden entender esos dos años republicanos sin el reinado de Amadeo y la regencia, todo lo que se produce tras la revolución de La Gloriosa.

P: ¿La Segunda República fue más cool que la Primera?

R: Realmente, no. La Segunda República ha llegado al mito por la guerra civil, que hace que, incluso, la república quede ideologizada: de ahí nos queda la idea absurda de que, en España, no se puede ser republicano si no eres de izquierdas. Y se celebra no la Primera República el 11 de febrero, pero el 14 de abril, haya fecha redonda o no, hay quien sale con banderas tricolor. Y quienes salen son de izquierdas.

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Santamarta, en un momento de la entrevista | C.Jordá

P: ¿A qué se debe esa bruma o, cuando menos, esa amnesia que envuelve a esa Primera República española?

R: En general, tenemos un problema con el siglo XIX, no lo acabamos de conocer bien. Ahora se le ha echado la bronca al Gobierno diciendo: "¡Nada más se va a estudiar antes de 1812!". Y yo digo: "Pues qué bien". Ahora mismo, conocemos más a los Tercios que el siglo XIX. Conocemos más, yo qué sé, a algún capitán de los Tercios que a Juan Prim. Prim, el héroe de Castillejos, es un personaje tan épico, tan de novela, que acaba teniendo hasta un final trágico… Sí, hay libros sobre él, hay grandes biografías, pero no llegan al gran público. Entonces, se sabe que hubo unas guerras carlistas, que hubo una Primera República…, pero por ruido genérico. De hecho, cuando se ha hecho algún congreso sobre la Primera República, ¡ha aparecido una bandera tricolor! Es cierto que a la Primera República no le dio tiempo a cambiar la bandera, y que la hubieran cambiado, seguramente. Sin embargo, lo que tenían en proyecto era una tricolor roja, blanca y más bien azul. Por cierto, la bandera bicolor era la de los liberales, la de los que luchaban contra los serviles. ¡Era una bandera progre! Y, además, surgió como nacional.

P: Señala que lo que se pretendía consolidar con ese cambio de régimen "era la soberanía nacional", "pero no era un clamor el instaurar un régimen republicano".

R: La gente lo que quería era vivir bien. Ni siquiera los enfrentamientos previos entre liberales y tradicionalistas tuvieron un reflejo en la calle. La gente salía a la calle a dar "vivas al rey" del mismo modo que, después, daba "vivas a la república": si había una estabilidad, si los problemas de caciquismo, clientelismo y miseria se arreglaban… En el fondo, el español es un anarquista. Como decía Ganivet, todos quieren llevar una cédula que diga: "Este señor está habilitado para hacer lo que le dé la gana". El español es de su pueblo, de su terruño, nos damos entre nosotros y, si viene un enemigo externo, nos damos contra él. ¿República o monarquía? Hasta la propia monarquía española es de las más republicanas que se pueden encontrar.

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El escritor, en un momento de la entrevista | C.Jordá

P: ¿Cuán importante fue la "honra" de Isabel II a la hora de decir: "la monarquía está acabada"?

R: La frase de La Gloriosa es: "¡Viva España con honra!". Es el momento de las emancipaciones americanas, de la batalla de Ayacucho, por la cual se pierde América… A lo mejor es verdad que a Isabel II, por ser mujer, la echaron más a los perros que por ser un tío, pero en su reinado había una sensación de vaivén y de que si bien, a lo mejor, no había que cambiar a una república, sí había que cambiar de dinastía, porque la dinastía había quedado deshonrada. Prim, en el Parlamento, dice: "Los Borbones, JAMÁS, JAMÁS, JAMÁS". Está escrito en mayúsculas: debió de dar unas voces tremendas para que los tipógrafos del Congreso lo citaran así. Se buscaba una monarquía que saliera del Parlamento.

P: ¿Cuántas Españas hubo en esa Primera República?

R: El de las dos Españas es un dilema falso. Hay un permanente proceso de mitosis: los monárquicos pueden ser isabelinos, cristinos, carlistas…, mientras que los republicanos pueden ser federales o unitarios, y, dentro de los federales, pueden ser más o menos radicales… Hay una permanente división, en una eterna mitosis, en la que podemos encontrar muchísimas Españas.

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El escritor, con un ejemplar de su último libro | C.Jordá

P: ¿Lo de Cartagena fue para tanto?

R: Sí y no. Es el epítome de lo que fue aquello. Fue tremendo en el sentido de que el bombardeo de Cartagena lo llegan a sufrir otras ciudades que se dicen mártires, y para qué estaríamos hablando de otras ciudades… En Cartagena murieron cientos de personas, estuvieron sufriendo bajo un fuego tremendo… Pero es que los que se levantan en el cantón murciano se quedan con media fruta, con buques de la Armada que los convierten en propios, el Gobierno los declara piratas para que cualquier nación amiga pueda atacarles… Sin embargo, el cantón murciano entendía que era la esencia de lo que era esa España: se dividían para tener esa capacidad autonómica que tenemos hoy, pero no para ser diferentes, no para convertirse en el Estado de Cartagena independiente en la Sociedad de Naciones. Es más, el cantón murciano llega a decir que quien está en falta con la República es el Gobierno central de Madrid y que, por tanto, Cartagena se constituye en la capital de España. Es como si ahora Puigdemont o uno de estos dijera: "El Estado central es una castaña. La capital de España es Barcelona".

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El libro ha sido editado en el 150 aniversario de la I República | C.Jordá

P: Un régimen republicano que fue un sindiós, pero, si tuviera que quedarse con algo bueno de esa experiencia, sería con…

R: Con que ya nada pudo ser igual. Cuando se hace una restauración y vuelven los Borbones en la figura del príncipe Alfonso, el que va a ser Alfonso XII, ya en su manifiesto, que es verdad que se lo redacta Cánovas, habla de la necesidad de una legitimidad basada en el Parlamento, en unos preceptos democráticos, que sí, que estarían todavía muy tocados, pero el rey ya había dejado de ser soberano, ya no podía hacer lo que le diera la gana. Se acabó el modelo de Fernando VII o el de su madre. De hecho, a su madre no la dejaron volver.

P: También escribe que "El Jueves y Mongolia serían hojas parroquiales en 1873". Cuénteme más, por favor.

R: Nos escandalizamos mucho porque sale una foto del Rey haciendo ciertas cosas… Nos escandalizamos con lo que hemos visto en Mongolia y El Jueves, revistas satíricas que atizan a la monarquía, pero, en el siglo XIX, no es que pusieran a parir a los reyes: es que no quedaba títere con cabeza. Entre ellos, por supuesto, los militares. Hay zoofilia, orgías con monjas, el general Serrano aparece con priapismo… Además, hubo una profusión de ello. Las imágenes eran devastadoras.

P: En su opinión, ¿hay más republicanos en 2023 que hace 150 años?

R: Seguramente, sí. Por el problema de no entender qué significa la monarquía. La monarquía se entiende como algo atrasado, anacrónico. Cuando el republicanismo actual ve al Rey como una tara, tampoco se da cuenta, al menos, el republicanismo español, de que no acaba de entender qué tipo de República quiere: ¿república federal o república unitaria? El todo, ¿qué lo constituye: España, o los diferentes estados federales? Mucha gente dice: "Es que quiero elegir al Jefe del Estado". ¿Como en Alemania? "Sí". Pues es que, en Alemania, la gente no elige al Jefe del Estado. Hay modelos muy diferentes. Entonces, ahora mismo hay más republicanos que hace 150 años, pero no queda claro qué tipo de republicanismo existe en España.

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P: Y, para finalizar: su libro acaba con un "Vale". ¿Guiño a El Quijote?

R: Sí. Es una pequeña licencia anacrónica. El libro es riguroso en el contenido, pero puede ser divertido, tiene expresiones coloquiales, a veces, me pongo a contar anécdotas mías…, y he querido hacer un pequeño guiño a esos clásicos que me han parecido los más modernos del mundo mundial. Y ese pequeño "vale" lo he dejado como guiño clásico, y que Dios me perdone la soberbia (risas).

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