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Santiago Trancón

Amando de Miguel, grande entre los mejores

Es hora de recordar su agudeza, su pasión por España, su empeño por conocer e interpretar el modo de ser, de pensar y de actuar de los españoles.

Es hora de recordar su agudeza, su pasión por España, su empeño por conocer e interpretar el modo de ser, de pensar y de actuar de los españoles.
Amando de Miguel, en esRadio | LD

Le llamo grande por su dimensión intelectual y humana, y entre los mejores porque destacó por su lucidez y compromiso insobornable con la verdad, y eso desde que empezó, muy joven, a intervenir en el debate público, lo que le llevó a conocer la cárcel y el arresto domiciliario en Barcelona, donde le conocí cuando yo estudiaba en la Universidad Central.

Volvimos a encontrarnos en 1981, cuando él daba clases en la Universidad Autónoma de Barcelona y a unos cuantos escritores y profesores (entre los que estaba Federico Jiménez Losantos), se nos ocurrió denunciar el proyecto de imposición lingüística de Pujol, cuyo objetivo era usar la lengua como el elemento fundamental de la "construcción nacional", eufemismo con el que el nacional-pujolismo llamaba entonces al proyecto separatista.

Con el texto recién redactado del que luego se conocería como el Manifiesto de los 2.300, allá nos fuimos a verle a su Facultad, en Pedralbes, y a pedir su firma, Carlos Sahagún y yo, algo escépticos sobre su apoyo. Para nuestra sorpresa, su disposición a firmar fue inmediata. Recuerdo bien su tono jovial, su grata sonrisa y su aire "progre" (de los de antes), con su barba (como yo) de la que él nunca se despojó, símbolo quizás de fidelidad a sí mismo y a sus convicciones. Unos días antes había aparecido en titulares de prensa diciendo que "se sentía como un chicano en Cataluña", a propósito del revuelo que levantó la publicación del libro censurado de F. Jiménez Losantos Lo que queda de España.

Participamos luego los dos en la defensa del Manifiesto en el programa de TVE La clave, de J.Luis Balbín, donde yo acudí al no poder hacerlo Federico, retirado en su pueblo con una pierna escayolada después del tiro, cobarde e impune, con que los terroristas pretendieron inútilmente acallar su voz. Tras las amenazas que tanto Amando, que figuró como el primer firmante del Manifiesto, como el resto de los primeros 20 firmantes que aparecimos señalados, optamos por salir de Cataluña, no por miedo, sino al comprobar nuestra impotencia y la imposibilidad de organizar un movimiento de resistencia con las más de 23.000 firmas de adhesión que al cabo de un par de meses llegaron a nuestras manos.

En nuestro traslado forzado y forzoso coincidimos en Madrid poco después, y desde entonces nuestra amistad incondicional se mantuvo hasta hoy. Hemos coincidido en otras muchas aventuras intelectuales, intercambiándonos constantemente nuestras publicaciones y libros, antes y después de publicados. Compartíamos muchas cosas, incluso algunas rarezas y excentricidades, como el estar sospechosamente seguros de proceder de la misma rama judeo-leonesa (o zamorana), algo que, al parecer de algunos amigos judíos comunes, se evidenciaba en cierto "aire de familia" (a Amando en Nueva York más de una vez le confundieron con un rabino).

Es hora de recordar su sonrisa, su agudeza, su pasión por España, su empeño por conocer e interpretar el modo de ser, de pensar y de actuar de los españoles y, algo que también compartíamos, su amor a las palabras, su afán por combatir la perversión del lenguaje y desentrañar el mundo secreto que cada palabra oculta y a la vez revela. Del testimonio de esta labor intelectual ahí están sus 120 libros publicados, y alguno más sin publicar. No sé qué haya podido influir en nuestra trayectoria vital, dedicada a la enseñanza, la reflexión política, el ensayo y la literatura, el hecho de que el primer libro que leímos en nuestra infancia fuera el mismo, Robinson Crusoe (Antonio Colinas me contó un día que también había sido su primer libro de lectura).

Presentía su final al no recibir, desde hace mes y medio, los cuatro artículos semanales que, a pesar de su enfermedad y de haber perdido casi por completo la vista, seguía enviándome puntualmente, intercambiándonos comentarios. Fue admirable su dedicación a la escritura y doloroso para él comprobar que los viejos fantasmas separatistas, que denunciamos hace más de cuarenta años, renovaban su intento por destruir todo lo que nos une y hace iguales a todos los españoles.

P.D. Querido Amando, te escribo desde Australia, donde sé que tienes una hermana. Lejos en la distancia, pero muy cerca en el corazón.

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