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Pérez-Reverte: "Los que nos controlan saben que somos una presa fácil"

El académico ha presentado exposición y nuevo libro: Enviado especial. Una biografía de guerra (Alfaguara, 2026).

El académico ha presentado exposición y nuevo libro: Enviado especial. Una biografía de guerra (Alfaguara, 2026).
Arturo Pérez-Reverte presenta este miércoles su exposición 'Fotografías de guerra' (1974-1985) y el libro 'Enviado especial' (Alfaguara). | EFE

Arturo Pérez-Reverte escribía sus crónicas de guerra en una Olivetti Lettera 32 turquesa que guardaba en un estuche decorado por fuera con una pegatina del diario Pueblo, y en cuyo interior, escrito con boli Bic –o uno similar–, puede leerse la siguiente frase: "Todos los días puede celebrarse el aniversario de alguna bestialidad" (Anónimo). Desde este miércoles al 31 de mayo, cualquier paisano la puede encontrar en la exposición Fotografías de guerra (1974-1985), que alberga el Ateneo de Madrid. El artefacto es un mero detalle: la mandanga de verdad la conforman imágenes durísimas, hoy impublicables, en las que un soldado posa pisando la cabeza de una persona a la que acaba de matar o un niño empuña un fusil. El otrora reportero solitario también fue fotero. Gastaba Nikon y Pentax.

En el lugar y día indicados, el académico ha presentado exposición y nuevo libro: Enviado especial. Una biografía de guerra (Alfaguara, 2026). Sus 611 páginas, editadas y seleccionadas por la columnista y escritora María José Solano, las conforman crónicas in situ y artículos que brotan del confieso que he vivido, que diría aquel poeta comunista que abandonó a su hija hidrocéfala. Porque, según Pérez-Reverte, "la guerra se queda en tu cabeza y ya no te abandona jamás". El volumen funciona como una mochila que contiene el material –muerte, violaciones, ejecuciones, etcétera– que luego empleó en sus novelas. Novelas que, a su vez, "se convirtieron en herramienta eficaz para ordenar el caos".

En la rueda de prensa, a la que acudieron los cámaras Miguel de la Fuente, José Luis Márquez y Paco Custodio, el autor ha declarado que "la mayor parte de estas crónicas y fotos, hoy, no se publicarían": "Ahora, la guerra la pixelan. Ya en Sarajevo, Miguel grabó una emboscada que no sirvió para nada. (…) Lo que hacíamos, ahora no nos dejarían hacerlo. De hecho, mandábamos crónicas y decían: ‘Demasiados muertos. A la hora del telediario, la gente está comiendo’". Pérez-Reverte ha contado que, precisamente, su objetivo era "remover conciencias, conmocionar": "Queríamos cortarle la digestión a la gente. Que se fastidie, que vea lo que es la guerra".

El académico ha lamentado que "la guerra de verdad es políticamente incorrecta, molesta, incómoda", y ha reconocido que incluso los organizadores de la exposición han relegado las imágenes más duras, ya sea poniéndolas "chiquititas" o "en un rincón, por si acaso". Sostiene que "el mundo de los reporteros se ha terminado", que los tiempos han cambiado: "Antes no decíamos: ‘Nos han hecho pupita, que vengan los marines’. Sabías dónde estabas. Te lo comías. No movilizabas al Ministerio de Defensa o al Ejército del Aire para que te rescataran".

Un muerto con un cigarrillo en la boca

En declaraciones a LD, el novelista ha apuntado que "la guerra, aunque parezca asombroso decirlo aquí, puede ser divertida en algún momento": "Es algo tan surrealista y asombrosamente caótico que hay momentos en los cuales tienes que reír. Yo he entrevistado a un oficial de guerrilla africano, con unas gafas Ray-Ban con la etiqueta pegada, y no se la quitaba porque eran nuevas y quería que se viera en la entrevista. Márquez ha grabado a un africano con un chaleco salvavidas inflado en mitad de la selva. Eso lo hemos visto. Cuando has estado días y días o horas u horas bajo una presión muy fuerte, llegas al hotel y desarrollas esa especie de cinismo profesional que tiene el periodista, que no es maldad, es que necesitas sobrevivir psicológicamente. Todo ese tipo de bromas, de guiños, a veces, de humor negro, forman parte de la profesión. Son válvulas de escape imprescindibles. Hablo en presente, pero hace cuarenta años que me fui".

Continuaba Pérez-Reverte recordando que ha "visto a un muerto sentado en una silla con un cigarrillo en la boca", o refiriéndose a la fotografía de la contraportada del catálogo de la exposición, en la que él aparece: "Esto es en la Marcha Verde, con unos amigos míos, haciendo un test, riendo, bromeando. Uno de ellos murió dos meses después, luchando contra los marroquíes. La guerra tiene momentos de todo. Como la vida".

Además, el novelista ha apuntado que "el público es tan culpable como los medios": "El mundo merece lo que tiene. El público receptor de la información recibe lo que quiere recibir. Y tan culpable es el receptor como el emisor. Si Trump manipula, tan culpable es aquel que ha pedido que Trump manipule. Los que nos conocen, los que nos han estudiado, los que nos controlan con estos chismes –dijo mientras señalaba un teléfono móvil–, saben que somos una presa fácil". El 6 de mayo de 1527 fue el Saqueo de Roma. Qué razón tiene la vieja Olivetti.

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