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Crónica del Primavera Sound 2013 (II): Blur, ¿valió la pena esperar?

Blur llegó y triunfó... pero no del todo. El festival Primavera Sound 2013 termina este sábado con Nick Cave como reclamo.

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Blur llegó y triunfó... pero no del todo. El festival Primavera Sound 2013 termina este sábado con Nick Cave como reclamo.
Blur durante su actuación | Primavera Sound/Eric Pamies

Que el concierto de Blur era lo más esperado del Primavera Sound 2013 lo demostró la gente que entraba sin parar desde primera hora del viernes y que atestó el recinto. Y terminó de confirmarlo el aspecto que presentaba el escenario principal instantes antes de que apareciera Damon Albarn: la enorme explanada estaba abarrotada de festivaleros atraídos por la curiosidad y, sobre todo, la añoranza.

El arranque no defraudó: empezaron con uno de los temazos que la multitud estaba deseando bailar, Boys and Girls, y siguieron con otros como Beetlebum hasta detenerse en varios temas de 13, el disco que marcó una nueva trayectoria del grupo y con el que dejaron claro que no querían que el suyo fuera un concierto reservado exclusivamente a los singles. Sonaron, y se cantaron, Coffee and TV y Tender, pero también la melancólica y mucho menos conocida Trimm Trabb.

Country House devolvió el entusiasmo a la gente y siguieron encadenando un éxito tras otro hasta llegar a los bises: alcanzaron el momento de más conexión con el público con las notas de The Universal. Lo inevitable llegó después: Song 2, reservada para cerrar por todo lo alto el concierto del reencuentro con ellos mismos y con sus fans.

A los recién reconciliados Albarn y Coxon no les faltó nada: ni ganas de meterse al público en el bolsillo concediéndoles las canciones que más deseaban escuchar, ni pasión al interpretarlas ante un público devoto. Pero a pesar de todo, al concierto le faltó algo. Ese algo que hizo que se diluyeran hace diez años y que dejó una sensación agridulce al terminar. Blur cumplió con un concierto irreprochable animado desde el público por quienes gracias a ellos descubrieron la música hace ya más de quince años. Pero no hubo más que ofrecer, aparte de nostalgia. No pareció que el reencuentro fuera el punto de partida para nuevos proyectos, sino más bien la gira de cinco amigos que quieren recordar lo que fueron y, de paso, hacer caja.

En el variadísimo cartel de las horas de espera para el concierto estrella hubo otros que, aun sonando también a otras épocas, tenían la frescura que le faltaba a Blur. Fue el caso del oldie Nick Waterhouse, que encandiló y sacudió las caderas de la audiencia con su cóctel de soul y rock and roll añejo. También cautivaron los largos temas del cantautor americano Matthew E. White, que rindió tributo a Neil Young e hizo que los asistentes a su escondido show corearan a una voz Jesuschrist is your friend.

Capítulo aparte merece el blues-fusión bereber de Tinariwen, que hicieron levantar la ceja sorprendidos a los que pasaban por allí de camino al escenario principal. Lo mismo le ocurrió al rock duro de The Ringo Jets, que llenaron el habitualmente desangelado escenario Adidas gracias a la hora y a su entusiasmo. Un entusiasmo que se echó de menos en el tempranero concierto del cantautor de Filadelfia Kurt Vile, incapaz de trasladar el encantador sonido de sus discos a su directo.

En el capítulo de la nostalgia, hay que hacer también mención a The Jesus and Mary Chain. Aunque no llenaron tanto como Blur, sí reunieron a una considerable cantidad de público fiel y a muchos otros que descubrieron ese día la calidad de este grupo escocés que lleva años sin grabar nada nuevo pero sigue encandilando con lo viejo. Este sábado, lo mejor llegará con Nick Cave y el regreso de Los Planetas.

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