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Crónica del Primavera Sound 2013 (III): Nick Cave, incontestable

Otra ausencia emborronó el último día del festival Primavera Sound en el parque del Fórum de Barcelona. Cave y Los Planetas lo arreglaron.

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Otra ausencia emborronó el último día del festival Primavera Sound en el parque del Fórum de Barcelona. Cave y Los Planetas lo arreglaron.
Nick Cave | Primavera Sound/Dani Canto

El tercer y último día del festival Primavera Sound arrancó con la mala noticia de que se caía uno de los principales nombres del cartel: los tornados en Oklahoma, según explicó la organización, habían impedido a Band of Horses volar a Barcelona. Su ausencia, que se sumaba a la de Rodríguez, hacía que se concentraran aún más las expectativas en los que serían los grandes conciertos de la noche.

El primer momento brillante de la jornada llegó por la tarde, con el pop optimista de Adam Green y Binki Saphiro. El público que llegaba terminó de despertarse gracias al entusiasmo y las ganas del dúo, que combinó sus canciones más dulces con otras más bailables. El punto culminante llegó con Green lanzándose sobre los espectadores de las primeras filas mientras sonaba Dance with me. También dejaron un excelente sabor de boca The Sea and Cake y Deerhunter, sustituto de emergencia de Band of Horses. Era su segundo concierto en el Fórum tras el del jueves –y esta noche vuelve a tocar en Barcelona- pero no se notó. Su rock sonó con más energía que en los discos y enganchó hasta a los espectadores despistados que no se habían enterado del cambio en la programación. Después, Thee Oh Sees en el escenario de al lado, sirvieron con fuerza su cóctel de rock sucio, pop y psicodelia.

Aunque la oferta del festival era muy buena a esa hora, con los escoceses Camera Obscura, por ejemplo, presentando su último disco, la inmensa mayoría del público se acercó a ver cómo suena Nick Cave en su regreso con los Bad Seeds casi treinta años después de que empezaran. Los más preveían un concierto lento y oscuro, como los temas de su nuevo álbum, Push the Sky away. Hubo algo de eso, pero también mucho más, condensado en cincuenta minutos vibrantes que se pasaron en un suspiro. El público que abarrotaba el escenario principal vio al Cave más intenso en la interpretación de una de las mejores canciones de su último disco, Jubilee Street, mejorada en el escenario con la fuerza de un Warren Ellis –violín, flauta, teclados y guitarra tenor- que sigue siendo la pieza clave del grupo. Pero también se vio al Cave que disfruta haciendo el rock sucio de su primera época. Hubo temas nuevos, pero también rescató From Her to Eternity e hizo sonar The Mercy Seat como si la hubiera grabado ayer. No hubo tregua en un recital intensísimo, en el que no sobró nada aunque se echaran de menos algunos temas. En cuanto al propio Cave, demostró con creces que a sus 56 años cumplidos no ha perdido un ápice de su presencia en el escenario. Encendió al público en cada canción.

Tras Cave, y escondido en la ruta que unía los dos escenarios principales, el cantautor americano Phosphorescent presentó Muchacho, su último trabajo. En este disco va más allá del rock de allí deudor de Springsteen, una apuesta que ya trajo hace dos años a Barcelona y con la que triunfó entonces y ahora.

Casi a la misma hora, Los Planetas congregaron a la muchedumbre patria para tocar las canciones de Una semana en el motor de un autobús. Estaba anunciado y cumplieron: el disco que los encumbró en los noventa sonó íntegro, de principio a fin, y sirvió para que sus fans, y los que no lo son tanto, redescubrieran un álbum que sigue sonando redondo. Pero el concierto, aunque emocionante, no dejó de ser lo que era: un recital para nostálgicos muy similar al espectáculo que había dado Blur el día anterior. Unas canciones que siguen siendo himnos quince años después ante un público que ya dejó de ser el mismo.

El broche final del festival fue la actuación de My Bloody Valentine de madrugada. Los irlandeses, con apenas tres discos y diez EP en tres décadas, marcaron en su época dorada una hoja de ruta repetida todavía hoy por muchos a base de ruido, distorsión y voces apenas perceptibles sobre la montaña de sonido. En su concierto de anoche, no faltó ninguno de estos elementos.

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