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Paco de Lucía trabajó hasta el mismo día de su muerte

Según el último libro dedicado al maestro, la muerte le llegó trabajando. Pese a todo, su trayectoria no fue fácil.

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Según el último libro dedicado al maestro, la muerte le llegó trabajando. Pese a todo, su trayectoria no fue fácil.
Paco de Lucía | Cordon Press/Archivo

Hace pocas semanas que en Madrid se ha inaugurado una estación de Metro que lleva el nombre de Paco de Lucía. Situada en la zona Norte de la capital ha sido decorada de un modo muy especial y diferente. En el techo del vestíbulo figura un gran mural multicolor con el rostro del inolvidable guitarrista. Un honor que en el transporte urbano madrileño no ha tenido ningún otro artista contemporáneo, quien vivía muy cerca, en la colonia Mirasierra, en el número 12 de la calle de Cambrils, residencia que visité en dos o tres ocasiones, cuando el algecireño compartía hogar con su primera esposa, la encantadora Casilda Varela, hija del bilaureado General, con quien tuvo tres hijos.

Hace un año que nos dejó Paco de Lucía. De él nos ha quedado su importantísimo legado discográfico, que encabeza su inmarchitable rumba "Entre dos aguas". Aparece asimismo un disco donde colegas suyos interpretan versiones de algunos de sus éxitos. Y está esa película documental en la que han colaborado activamente sus tres hijos, Casilda (Sissy, periodista)), Lucía (abogada) y Francisco (Curro, cineasta). Se ha exhibido con éxito en muchas salas cinematográficas desde su estreno en septiembre en el Festival de San Sebastián, y luego en un pase en TVE.

Para completar estos homenajes a quien fue sin duda un genio de la guitarra acaba de aparecer el libro biográfico Paco de Lucía. El hijo de la portuguesa, de Juan José Téllez. Paisano suyo, ya le había dedicado anteriormente dos libros. Este último abarca extensamente la vida y obra del artista algecireño. En uno de sus capítulos se detiene en reflejar la inquina o el desdén, según cada caso, que le tenían a Paco de Lucía muy ilustres guitarristas clásicos, como Andrés Segovia y Narciso Yepes. Me consta que éstos subestimaban la obra de aquél, quien carecía de estudios musicales, pues así me lo manifestaron en su día cuando los entrevisté, separadamente. No admitían que un autodidacta de la guitarra como era Paco se embarcara en versiones de autores clásicos, como por ejemplo Manuel de Falla. Fue el caso asimismo del célebre maestro Joaquín Rodrigo, de quien grabó Paco de Lucía una respetuosísima adaptación de su universal "Concierto de Aranjuez". No acabó de gustarle al autor de Sagunto, quien eludió su presencia cuando el disco de marras se presentó en la sede madrileña de la Sociedad General de Autores. Estaba yo presente ese día y Paco me hizo notar su desilusión por la espantada del maestro, quien le había prometido asistir. Y el esfuerzo que había hecho estudiando a fondo las partituras del Concierto parecía venirse abajo en su ánimo aquella tarde, en la calle de Fernando VI, con un Paco de Lucía cabizbajo por el desprecio que él creía firmemente le había hecho Joaquín Rodrigo, quien de sobra conocía el proyecto del guitarrista gaditano, pues presenció el estreno de la grabación en un concierto especial que tuvo lugar en Torrelodones.

Se cuenta en esta última biografía de Paco de Lucía todas sus experiencias revolucionarias con artistas del jazz y el pop con quienes colaboró en discos y actuaciones: John McLaughlin, Chick Corea, Carlos Santana… Pero hace hincapié asimismo en las fuentes primerizas en las que bebió su arte, en las grabaciones de los más grandes de la guitarra: Ramón Montoya, Niño Ricardo, Sabicas (al que conoció tempranamente en Nueva York, y quien le auguró un brillante porvenir aun estando celoso de su revolucionario concepto de interpretar ese instrumento)… Desde luego abundan en el libro muchas citas y anécdotas acerca de la relación de Paco con Camarón de la Isla, envenenada por terceros, cuando Paco de Lucía siempre fue como un hermano para el mítico cantaor, generoso y desinteresado, del que jamás se lucró. Como era de esperar la figura del padre del guitarrista, Antonio Sánchez, patriarca de un clan familiar de artistas flamencos, aparece en muchas páginas: era quien tozudamente le hacía a Paco ensayar una y otra vez, siendo muy chico, las notas de la guitarra, en busca de una perfección que él mismo nunca había logrado.

En el aspecto más íntimo, aparecen fragmentos relacionados con su noviazgo con Casilda Varela, que la familia de ella no aceptó en principio. Luego, el autor pasa de puntillas por la separación del matrimonio, aunque siempre mantuvieron un contacto amistoso, preservando así la relación en favor de sus hijos. Algo más de veinte años duraría aquella pareja, cuyo adiós apenas si fue objeto de la atención de las revistas del corazón por la discreción de ambos. En Cancún, Paco encontró a la segunda mujer de su vida, Gabriela Canseco, licenciada en restauración con una formación académica relacionada también con la arqueología. Tuvieron dos hijos, Antonia, en 1999, y Diego, en 2007. Compraron una casa en Toledo, luego otra en Palma de Mallorca para finalmente instalarse en una playa de Cancún, donde le sorprendería la muerte al guitarrista.

Paco de Lucía era un fumador empedernido. Precisamente unas semanas antes de irse de este mundo había dejado el tabaco, tras la inesperada muerte de su gran amigo, el poeta Félix Grande, que le afectó mucho. El último día de su vida, Paco estuvo tocando la guitarra por la mañana. Por la tarde manejó su ordenador e instaló varios aparatos en su estudio de grabación, pues al día siguiente tenía previsto comenzar la preparación de su disco inmediato dedicado al flamenco. Luego se fue a la playa con su hijo de ocho años a jugar al fútbol. De pronto, comenzó a lamentarse: "Siento un frío muy raro en la boca". Volvió a casa, se duchó, buscó un traje y le pidió a Gabriela que lo acompañara al hospital. Nada más llegar se desmayó sobre una camilla: "¡Un médico, necesito un médico…!" Fatigado, no volvió en sí. Fueron inútiles los ejercicios de reanimación. Su corazón se detuvo para siempre. Era el martes 25 de febrero de 2014. Al tanatorio acudió Joan Manuel Serrat, de gira en México. Había dispuesto en su día ser enterrado en su tierra, Algeciras, lo que tuvo lugar tras un largo viaje. El autor del excelente libro biográfico que nos ocupa, Juan José Téllez, concluye: "Le pregunté a Paco cómo quería ser recordado… Como un eslabón importante en la cadena de la evolución de la música flamenca".

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