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U2, la inocencia y la experiencia

La banda irlandesa se auto homenajea su trayectoria en su última gira.

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U2 en concierto; octubre 2014 | Cordon Press

Desde una pequeña sala de ensayo en un colegio de Dublín, allá por 1976, hasta el más sofisticado escenario en los recintos de conciertos más variopintos del mundo. Estos últimos días, sin ir más lejos, arrasando en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Cuando hablamos de U2 y de su historia (a estas alturas, más bien leyenda), no hay lugar del globo que escape a su estela musical. Una experiencia que han intentado transmitir en todos sus espectáculos en directo, y que actualizan en su Innocence + Experience Tour.

Bono, cantante de U2, hace unos días en la Expo de Milán 2015

Y es que, tras casi cuarenta años compartiendo vivencias musicales, la trayectoria de la banda bien se merece un repaso y homenaje a cada una de las partes que forman una de las más exitosas formaciones de nuestro tiempo. De este modo, y jugando con la obra poética de William Blake y sus Cantos de Inocencia y Cantos de Experiencia, los cuatro músicos hacen referencia a las diferentes estaciones de una línea ferroviaria para la que millones han sacado billete en las últimas décadas… y siguen sumando viajeros, eso está más allá de toda discusión. El viaje bien puede comenzar como los conciertos de esta última gira, con las notas de su The Miracle (of Joey Ramone), primer corte del irregular Songs of Innocence, trabajo discutido tanto por su distribución digital como por la calidad del material que contiene. Un disco con fisuras, pero también con aciertos del calibre de este tema con el que, de forma casi invariable, han abierto esta mirada al pasado y presente del mito U2.

Hechas las presentaciones, la grandiosidad del aparato escénico de los irlandeses se deja apreciar en todo su esplendor, dirigiendo su mirada a los orígenes de la banda en temas como The Electric Co., o su primer atisbo de éxito, I WIll Follow. Ambos aparecían en un lejano y meritorio álbum de debut titulado Boy, que daba fe de su potencial allá por 1980, pero que estaba lejos de augurar el tremendo eco que Bono y los suyos tendrían en la cultura popular. Mención testimonial habrá también para October y, ya con más fuerza, para War: en el primero de los casos, acudimos al evocador tema que titula el disco, y en segundo lugar, nos refugiamos en la (cada vez más acústica en directo) Sunday Bloody Sunday, una de las que más repercusión tuvo en aquella primera mitad de la década de los ochenta.

Todo ello irá salpicado por composiciones de su último disco, en las que podemos apreciar que (como siempre en su carrera), no estamos ante una banda que se refugie en sus discos infalibles, y que respeta siempre el material nuevo que promociona con cada gira. Canciones como Volcano, Song for Someone o Iris (Hold me Close) desfilarán por los dos escenarios diseñados en su último montaje. Aunque siempre serán especiales determinados momentos del pasado: no se concibe un show de U2 sin momentos para su The Unforgettable Fire, representado con decisión por el legendario Pride (In The Name of Love). La explosión siempre vendrá dosificada a lo largo del concierto, con los instantes que pertenecen al disco que les disparó al estrellato mundial, The Joshua Tree (1987): ¿quién no ha imaginado el éxtasis de cantar en directo temas como With or Without You, Where The Streets Have no Name y casi todo el tracklist de tan mítico disco?

Aunque si hablamos de directo y de mito en este conjunto, no podemos dejar pasar la plenitud en las tablas que brindaban en Rattle & Hum, con el que se reafirmaron como la banda más seguida del momento, y que tantas similitudes guarda con determinados instantes de su actual gira: gran parte de la introspección y de la grandiosidad de U2 colisionan en este trabajo redondo, en temas como When Love Comes to Town o el sugerente Desire, por no hablar de la inspiradísima Angel of Harlem.

Pero, emociones aparte, también guardan un lugar muy especial para sus reinvenciones, sobre todo las acaecidas en la década de los noventa. Comenzando por con Atchung Baby, bien representado en este último show por la icónica One, o la inspirada Mysterious Ways, aquel disco sirvió para confirmarles en lo alto, además de para presagiar el cambio en su carrera, algo más que palpable en trabajos como Zooropa y el infravalorado Pop.

Y, por supuesto, está la resurrección del mito, plasmada en All that You Can’t Leave Behind y en How to Dismantle an Atomic Bomb: dos trabajos cargados de nuevos himnos de estadio como Vertigo, Elevation o Beautiful Day. Títulos que actualizaban el mito la pasada década, y que unidos a sus últimos trabajos y a sus faraónicas puestas en escena, devuelven a U2 al primer plano de la actualidad. Y no importa demasiado la condición mesiánica de Bono, ni el divismo impuesto a la banda desde hace tantos años. La transcendencia musical de esta formación justifica casi todas las actitudes externas al arte, y si no, que le pregunten a tantas bandas que siguen sus pasos con reverencia, a veces excesiva.

Uno saldrá de su espectáculo como se despierta de un sueño de sonidos y colores, un sueño que responde a un anuncio en el tablón del instituto para formar una banda, puesto en 1976 por un tal Larry Mullen Jr., al que contestaron otros chavales que respondían a los nombres de Adam Clayton, David Howell Evans y Paul David Hewson. Un sueño tan grande que apenas cabe en sus dos horas y media de ejecución… y es que los sueños de U2 son XXL.

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