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'Mack the knife', la canción criminal con la historia más accidentada

Pocas canciones tienen una historia tan larga y rocambolesca. De una ópera del XVIII a Weimar y de ahí a Louis Armstrong y... Tijuana in Blue.

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La ópera del mendigo, del inglés John Gay, dio al mundo en 1728 al popular personaje de un salteador de caminos llamado capitán MacHeath, basado en un criminal real llamado Jack Sheppard que había sido ejecutado cuatro años antes. Dos siglos después, el compositor Kurt Weill y el dramaturgo Bertolt Brecht decidieron actualizarlo, pero eliminaron los rasgos caballerosos del personaje y lo hicieron más cruel, además de darle a la obra el consabido matiz político anticapitalista propio de Brecht, claro. Pero pocos días antes del estreno de su musical, La ópera de los tres centavos, se toparon con un problema. El actor elegido para encarnar a MacHeath, Harald Paulsen, les exigía que escribieran otra canción para presentar a su personaje. Además, era un tipo con demasiado encanto como para resultar convincente como el sujeto despreciable en que habían convertido a MacHeath.

Para salir del lío, Brecht optó por escribir un Moritat, un tipo de canción medieval que relata un crimen, y que en este caso explicaba al público que se encontraba ante un auténtico hijo de puta con todas las letras. Para seguir la tradición de este tipo de baladas, la interpretaba no el propio MacHeath sino un cantante callejero. El poeta escribió la letra en una sola noche, se la dio a Weill por la mañana y éste trajo la música al día siguiente. Constaba de una única melodía, con dieciséis compases, que se repetía una y otra vez y que según dijo había sido inspirada por el sonido del tráfico en Berlín.

Vaya dientes que tiene el tiburón
y los muestra, de un blanco perla.
Pero MacHeath también lleva una navaja
y esa la mantiene escondida.

Si el musical fue un gran éxito, quizá el mayor del género durante la República de Weimar, la canción lo fue aún más. Rara era la noche en que no sonaba en los cabarets y hasta el propio Bretch grabó una versión:

Sin embargo, con la llegada de los nazis al poder Weill y Brecht huyeron y como tantas otras cosas de la época de Weimar, la canción quedó relegada al olvido. Lo asombroso es que fuera rescatada dos décadas después en Estados Unidos, sobre todo porque el musical no había tenido eco alguno en el mundo anglosajón, quedando relegado a doce míseras representaciones en Londres en 1933.

Para que sucediera el milagro, tuvieron que producirse varias improbables coincidencias. La primera, que en la Nueva York a la que había huido Kurt Weill con su mujer, y estrella tanto del musical de 1928 como de su adaptación cinematográfica de 1930, Lotte Lenya, también pululara Marc Blitzstein. Antiguo estudiante de Schoenberg en Berlín, conocido de Bretch y admirador de Weill, saltó a la fama por su musical anticapitalista The cradle will rock, sobre cuya puesta en escena hizo una película Tim Robbins hace unos años. Blitzstein escribió por gusto la adaptación al inglés de una de las canciones de La ópera de los tres centavos y en 1950 adaptó otra para tocarla en el funeral de Weill. Ya puestos, se dio cuenta de que no podía parar y terminó de adaptar la obra completa, que se estrenaría cuatro años más tarde en el off-Broadway con Lotte Lenya de nuevo en el papel protagonista, para el que estaba, todo hay que reconocerlo, un poco mayor.

En la acera un domingo por la mañana
hay un cuerpo al que le sangra la vida.
Alguien huye a hurtadillas doblando la esquina,
¿Podría ser Mack the Knife?

Entre el público del estreno estaba el productor discográfico George Avakian. A finales de los años 40, Avakian había escrito en una revista editada por George Davies, que un año después de la muerte de Weill se casó con su viuda. Como siguieron siendo amigos, Davies le invitó al estreno. El productor, para entonces directivo de Columbia Records, se dio cuenta de que en aquel Moritat al que Blitzstein había renombrado ya como Mack the knife había una canción de jazz que pugnaba por salir a la luz. Entusiasmado, se la ofreció a numerosos artistas de la época, entre ellos Dave Brubeck, pero nadie quería hacerla. Fue el trombonista de jazz Turk Murphy quien le sugirió enseñársela a Louis Armstrong, quien se mostró entusiasmado. Avakian había pensado que nadie querría cantarla porque la letra era un poco dura, pero al popular trompetista le recordaba "a algunos tipos que había conocido en Nueva Orleans" y quiso cantarla también.

Aunque al final la versión de Armstrong no fue la primera que se grabó, pues al enterarse de sus planes MGM sacó una versión instrumental del pianista Dick Hyman antes, lo cierto es que fue la que se usó como base a partir de entonces. Fue Bobby Darin quien la llevó al número uno en 1959 y la cantarían estrellas como Bing Crosby, Ella Fitzgerald o Frank Sinatra, que la empleó frecuentemente en sus últimos años de carrera para cerrar sus conciertos.

Desde un barco remolcador, río abajo,
dejan caer una bolsa de cemento,
Ese cemento está ahí para hacer peso.
Apuesto a que el viejo Macky está en la ciudad.

En España la historia tendría un recorrido extra. Porque fue en Mack the knife en quien se fijó Ivá para dar nombre a su famoso delincuente Makinavaja, a través de una versión muy dulcificada de José Guardiola; en uno de los tebeos un personaje canta una canción punk que es básicamente una traducción de la canción al español. Y además de las adaptaciones a cine y televisión, con su canción de Suburbano, también Tijuana in blue le dedicó una canción.

No es exactamente Mack the knife, la verdad. Pero tiene su aquel.

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