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Mario Guada: "Las próximas generaciones sufrirán el verdadero genocidio cultural al que estamos sometiendo a este país"

Es musicólogo, crítico de la revista musical más leída de España, Codalario, y también cantante.

Katy Mikhailova
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Mario Guada: "Las próximas generaciones sufrirán el verdadero genocidio cultural al que estamos sometiendo a este país"
Mario Guada, musicólogo. | Katy Mikhailova

Nos recibe Mario Guada. Un joven musicólogo, crítico de la revista musical más leída de España, Codalario, y también cantante. "La música ha sido siempre mi verdadera pasión, desde niño. Poder vivirla desde diferentes ámbitos como la interpretación, la musicología, la gestión o la crítica es para mí algo realmente fascinante y por lo que me siento muy afortunado". Ha formado parte de conjuntos vocales y ha actuado en varios países y en algunos de los festivales más relevantes de España, pero quizá hoy su objetivo principal es llevar a lo más alto la revista en la que trabaja, cuyo éxito principal reside en contar con un equipo humano muy preparado.

Y es que esta revista se fundó hace varios años, aunque ha sido quizá a partir de 2013 cuando ha alcanzado una proyección a nivel nacional más que notable, especialmente gracias a otras actividades paralelas que se han desarrollado desde entonces, como han sido los Premios Codalario de la Música y la edición en papel del Anuario Codalario.

Perfeccionista, atento, educado y paciente, Mario Guada se preocupa por la música clásica en España y nos cuenta qué va a ser de este género en unas cuantas décadas.

PREGUNTA. Quizá sea una pregunta algo básica, pero, siendo honesto, ¿eres mejor crítico o artista?

RESPUESTA: ¡De básica nada, es tremendamente difícil! Los que me conocen bien saben que soy una persona realmente autocrítica con lo que hago, especialmente cuando hago música. También cuando escribo, pues intento siempre hacerlo de la mejor manera posible, pero creo que es más difícil ser crítico cuando redactas una crítica que hacerlo cuando interpretas. De este punto de vista no creo que sea mejor ni peor en cada una de ellas, pero quizá he conseguido desarrollar de manera más completa la actividad de crítico que la de intérprete, entre otras cosas porque el nivel de profesionalidad ha sido mayor en este último. En cualquier caso, me queda infinitamente por mejorar en ambos para conseguir alcanzar el nivel que realmente me gustaría.

P. ¿Crees que para ser crítico de música hace falta estudiar Musicología?​

R. La musicología es una disciplina que se lleva impartiendo en este país desde hace relativamente poco, por lo que los críticos de hace décadas poco o nada tenían de musicólogos, al menos en cuanto a formación y titulación, y sin embargo se les debe mucho. Por otro lado considero que en los últimos años ha habido mucho diletante de la crítica musical, personas ajenas al mundo que se acercaban a la disciplina por simple gusto por la música, y que han hecho indudablemente más mal que bien a la misma. No he sido nunca una persona partidaria de la titulitis, pues considero que hay personas con título muchos menos capaces y con menor conocimiento que otras sin este, así como personas con títulos realmente impresionantes y con mayor solvencia en su campo que otras sin él.

P. ¿Te duele España, en el ámbito musical?

R. Por supuesto. Es imposible que no lo haga. Me duele en muchos aspectos: la educación musical en la infancia –con gobiernos que no favorecen en nada las disciplinas artísticas–, en la formación musical superior –se ha adelantado considerablemente, pero creo que se está lejos del nivel medio en relación con otros países–, en la infraestructura, en la consideración de todo aquel relacionado de manera directa con la música, en las tremendas dificultades a las que tiene que enfrentarse un músico profesional –autónomos, IVA cultural, condiciones fiscales…–, en la reducción constante y permanente de las ayudas y subvenciones públicas a agrupaciones y festivales, en el mínimo respecto que se tiene por el patrimonio musical… En fin, en muchísimos aspectos. Solo las próximas generaciones serán verdaderamente conscientes, pues lo sufrirán, del verdadero genocidio cultural al que estamos sometiendo a este país.

P. ¿Qué pasa con los jóvenes? ¿Cuándo se van a sumar al consumo de este tipo de música?

R. Es algo que nos debe preocupar, pues el tipo de público que asiste a la ópera o los conciertos sinfónicos y de repertorio de la corriente posromántica no estará, en unos pocos años, en disposición de seguir acudiendo a los mismos. Creo que el modelo debe cambiar. Llevo años abogando porque el modelo operístico de este país está obsoleto, por ejemplo, y que debe sufrir un cambio estructural potente si quiere subsistir, en ningún caso en la manera en que lo hace actualmente, eso está claro. Lo mismo pasa con las orquestas sinfónicas, por poner otro ejemplo. Es algo que está pasando ya de manera notable: un caso paradigmático es el de las sociedades filarmónicas, instituciones anticuadas que están cayendo en el abismo por no haber sabido adaptarse a los cambios que los nuevos tiempos requieran. Por otro lado, en "mi campo", el número de personas jóvenes que lo consumen es cada vez más. La música antigua ha sabido acaparar el interés de un público joven, con criterio, formación y cada vez más exigente.

P. La oferta de revistas musicales editadas en España y en castellano es muy limitada. Codalario, a pesar de su juventud, parece pegar muy fuerte. ¿Cuál es vuestro secreto?

R. Quizá es limitada en relación a otras disciplinas, y especialmente en relación a las revistas generalistas, pero en realidad hay más títulos de los que pudiera parecer. De hecho, considero que más de los que realmente se consumen. Diría que existe, en cierta manera, una "superpoblación" de revistas musicales y de crítica musical, aunque no lo considero como algo negativo, simplemente creo que es necesario reflexionar sobre ello. ¿El éxito de Codalario? No ha sido otro que contar con un gran equipo humano: tener a disposición a gente formada y apasionada por lo que hace, que escribe con absoluta libertad, pues creo que esto último es realmente la clave.

P. ¿Qué le faltan a esas muchas revistas de música clásica sin lectores?

R. Muchas de esas numerosas revistas que existen en el mercado carecen, en mi opinión, de interés real desde el aspecto crítico, pues sus intereses económicos y su necesidad de subsistir les han llevado a poblar sus páginas de contenidos y textos que se alejan del concepto de la crítica honesta y fundada. En Codalario se ha dado a cada pluma el espacio y la libertad total para escribir de la manera más sincera que a cada cual le es posible, por lo que contiene críticas muy fundamentadas en cuanto al criterio, y especialmente valientes en el sentido de que no han de quedar bien con nadie.

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