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The Smiths, el grupo que dio sentido al calificativo indie

La banda de Morrisey y Marr arrasó con el tema "Meat is Murder", su único número uno.

Han pasado años desde que el calificativo indie significaba mucho más: hacía referencia a un modo de crear (rabiosamente personal), a una capacidad de apostar por proyectos diferentes (tanto a nivel sellos discográficos como en lo que toca a salas y prensa), e incluso al seguimiento que los fans hacían de los artistas (con fanzines fotocopiados, octavillas y otros artilugios anteriores a la red). Si hubo un grupo que en los años ochenta dio sentido a esa palabra, esos fueron The Smiths.

Su origen hay que buscarlo en la oposición al estallido de bandas británicas que habían hecho de la banalidad y lo intrascendente su lema: productos de música pop facturada con calidad desigual, según la banda de la que hablemos, pero con el elemento común de la superficialidad en sus letras y esquemas musicales. Y, cuando todos suenen del mismo modo, ha de aparecer por fuerza un elemento que se desmarque del grupo, que aspire a algo diferente y que no admita otra manera que la suya. Dicho elemento tomó forma en 1982, cuando el núcleo duro de la banda tomó forma, al conocerse Johnny Marr y Morrisey.

El primero, un músico con experiencia y que manejaba con maestría las guitarras, dotando a la banda de un sonido característico que sería imitado por buena parte del panorama pop-rock británico en diferentes épocas (y, ya puestos, ahora mismo también). En cuanto a Morrisey… como suele decirse, es un caso aparte. Sus influencias literarias constituirán un fiel reflejo de su personalidad artística, y tan pronto se pierde en evocadores versos inspirados en autores como H. B. Yeats o John Keats, como le posee la genial ironía de un Oscar Wilde. Sus textos le convertirán en uno de los mejores letristas de su generación, y le definen en sus extremos: un ejemplo sería contrastar letras de temas como "There is a Light That Never Goes Out" con arrebatos como el de "Bigmouth Strikes Again", por poner dos ejemplos.

El caso es que, con estas armas, y la participación del batería Mike Joyce y el bajista Andy Rourke (completados más tarde con el guitarra Craig Cannon), The Smiths intentaron sacudir el mundo musical un poco. Desde sus inicios, gobernados por sencillos como "Hand in Glove" o "This Charming Man", y por un primer disco de 1984 (de título homónimo a la banda), llamaron la atención a varios niveles. En primer lugar, estaba la perfecta unión de música y letra que tenían Marr y Morrisey: un estilo hecho de literatura, descaro, profundidad musical y cavernosas referencias al lado indómito de la vida en clave de pop, por así decirlo. Una propuesta respaldada por la teatralidad escénica de Morrisey, que activó las alarmas de seguidores y medios especializados, tanto que lograban meterse en el número os de las listas británicas.

La personalidad del frontman sacudía por igual a la política de Margaret Thatcher, la sexualidad o el consumo de carne; y es que el título elegido para su segundo álbum fue, precisamente, "Meat is Murder" ("la carne es asesinato"). El disco, editado en 1985, logró algo que nunca volvería a producirse para la banda: alcanzar el número 1 de las listas en su país. Cierto es que, con el tiempo, algún recopilatorio repitió posición, pero ni singles ni otros discos de los Smiths llegaron tan alto, quedándose en varias ocasiones con el segundo puesto, detrás de bandas con una propuesta a años luz de la de los Manchester.

El disco, con referencias cinéfilas en su imagen (punto repetido religiosamente en casi cada una de sus publicaciones), estaba producido por la propia banda, cuyos dos líderes firmaban la totalidad de sus temas. Entre los más destacados, la hipnótica balada "That Joke Isn’t Funny Anymore" o el esfuerzo de Marr en "The Headmaster Ritual", con la que arrancaba el disco. Por otro lado, el tema que titulaba el álbum, así como "Barbarism Begins At Home", ejercían de dardos sociales lanzados con astucia. Un esfuerzo final que, lejos de catapultarles a lo más alto fuera de su país, les dejó en ese plano quizá secundario, pero auténtico, del indie. Un término que, hoy en día, puede resultar bastante más amplio, pero que a mediados de los ochenta, definía a un paquete muy específico de artistas.

Tras este disco, llegaría el considerado mejor trabajo de la banda, The Queen Is Dead, uno de los mejores de la década, y con temas como los ya citados "There is a Light That Never Goes Out" o "Bigmouth Strikes Again", a los que añadimos "The Boy With The Thorn is His Side" o "Vicar In a Tutu", por no citar el álbum entero. Disco que les convirtió en leyenda y fue el antecesor del cierre de la banda, con Strangeways, Here We Come, cuando la relación de Marr y Morrisey tocaba ya a su fin (y en esas seguimos, décadas después). Tanto uno como otro siguieron caminos musicales distintos y exitosos, pero nunca consiguieron el aroma de aquellos trabajos, aunque sus méritos tras la banda no son discutibles…. ¿alguna vez ocurre lo contrario?

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