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Loquillo en Madrid: qué manera de estremecer la nación

El artista concluyó su gira “Salud y Rock&Roll” en el Palacio de los Deportes de Madrid ante 15.000 personas.

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Loquillo e Igor Paskual, este viernes, en el Palacio de los Deportes de Madrid | EFE

José María Sanz Beltrán/Loquillo/El Loco (Barcelona, 1960) tiene algo de código civil personificado y rocker, de líder no sé si espiritual, pero sí carismático. Si, en la noche de este viernes, en el WiZink Center de Madrid, el artista catalán –y español: el concepto "España" estuvo muy presente en su proclama– hubiera llamado a las barricadas, a tomar las calles, a los 15.000 fieles que le arroparon, el 15-M hubiera quedado en una cosa como de monaguillos del padre Ángel.

El Loco tiene, como diría Sabina, el público más argentino de España. Sus admiradores se congregan en un bloque verdadero, pasional y rugiente. En la noche de este viernes, al terminar el concierto, muchos se abrazaban como si hubieran asistido a la boda de un familiar querido –el adjetivo es importante–. Ah, y un detalle no menos relevante –y por el que suspira Robe Iniesta–: fueron minoría aquellos que sacaron el telefonito para grabar medio concierto. Dirigir la vista hacia el escenario y ver un mar de manos en lugar de un océano de dispositivos móviles, hoy, es gloria bendita.

Casi 150 conciertos después, el Loco concluía en Madrid la gira "Salud y Rock&Roll". En los músicos había picorsito. Uno de sus guitarristas, Igor Paskual, me hablaba horas antes de que arrancara el show, sobre su "estado de nervios" y sus expectativas: "Va a molar mucho". Desde la apertura de puertas hasta que el baterista, Laurent Castagnet, con tupé mohicano, dio, con ritmo cuasi marcial, el pistoletazo de salida, la multitud coreó "¡Loco, Loco!" como si invocara a un santo. El ambiente era extraordinario y, repito: ole por esa gente.

Loquillo apareció en el escenario como siempre, como diciendo aquí estoy yo, con una sonrisa sutil, balanceando el pie de su micro, paseando por el escenario como un león macho alfa que campa por sus dominios. "Salud y rock and roll tengamos todos / en los momentos duros a granel, / guitarras predispuestas en los ojos, / la sangre apasionada a flor de piel", arrancaba. La calidad del sonido rebajó la euforia del respetable –la acústica del Palacio de los Deportes no es la ideal, precisamente–; todo quedó arreglado a partir de "Territorios libres" –aunque, en "Viento del Este", el solo de acordeón de Lucas Albaladejo se empezó a escuchar a la mitad–.

El Loco se declaró, como Unamuno, "contra esto y aquello", animó a la tropa a bailar como locos y a "estremecer la nación" y se preguntó dónde están, donde fueron la Europa que ganamos y la España que perdimos. Rugió un "¡¡¡MADRID!!!" que se oyó en Arkansas tras interpretar "El hombre de negro" y homenajeó a Johnny Hallyday: "Ha sido una semana dolorosa para nosotros al perder a una referencia europea". Acto seguido, cantó una de sus mejores canciones: "Cruzando el paraíso".

Justo después, y en cuestión de segundos, se montó un combo acústico: Alfonso Alcalá cambió el bajo por el contrabajo, Mario Cobo se puso al pedal steel, y tocaron una hermosa "Brillar y brillar". "El rompeolas" sonó palpitante y mística. El Loco, cigarro en mano y feliz, contemplaba cómo –repito el dato– 15.000 personas se desgañitaban clamando: "No hables de futuro, es una ilusión / cuando el rock and roll conquistó mi corazón".

En "Memoria de jóvenes airados", Josu García fabricó un solo de guitarra espectacular, el Loco bajó junto a su masa en "Carne para Linda", y miles de mujeres con comprensión lectora se dejaron el alma cantando "La mataré". "Lo mejor que me puede pasar en la puta vida", decía un Loco –al menos, aparentemente– emocionado.

La banda se tomó un descanso de cinco/seis minutos y, cuando este concluyó, volvieron con "Rock and roll actitud", "En el final de los días" y una versión de "Mi calle", de Lone Star. Hubo una trilogía rockabilly divertidísima con "Piratas", "Quiero un camión" y "Esto no es Hawaii". La mascletá ya estaba en marcha: "Feo, fuerte y formal", "Rock and roll star", "Qué hace una chica como tú en un sitio como este" y, cuando la celebración parecía que iba a terminar con "Cadillac solitario", el Loco, al final de la pieza, dijo: "Dejé mi ciudad, mi Barcelona natal, y cambié sus calles por las calles de Madrid". Y concluyó, valga la redundancia, con "En las calles de Madrid". Mientras se despedían, con el público a sus pies, sonaba "Heroes" de David Bowie.

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