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Aznavour, el pequeño gran cantante

Siempre evocó historias de amor con su mejor aliento poético, aunque la voz ya la tuviera quebrada, débil en sus últimos conciertos.

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Siempre evocó historias de amor con su mejor aliento poético, aunque la voz ya la tuviera quebrada, débil en sus últimos conciertos.
Charles Aznavour | Cordon Press

Breve de estatura, sí, pero qué genial y sensible compositor y cantante. El que nos emocionaba evocando a su propia familia en "La mamma", o el dulce y melancólico intérprete que nos trasladaba a un viaje veneciano. Y tantas y tantas melodías durante su larga carrera. Porque venía diciendo, anunciado este último mes de agosto en Marbella, que él no dejaría de cantar nunca por propia voluntad. Y ya nonagenario sabía que era uno de los pocos supervivientes que no se dejaba engatusar por ritmos de última hora. Siempre evocó historias de amor con su mejor aliento poético, aunque la voz ya la tuviera quebrada, débil en sus últimos conciertos. Nadie parecía percatarse de ello, escuchándolo. Prevalecía su espíritu, la de un ser que adoraba el escenario, el público.

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Lo entrevisté en diferentes encuentros. Tuvo una vida dura y difícil desde la infancia hasta bien entrada su juventud, pues provenía de una familia armenia, de un país castigado por la guerra, aunque él ya había nacido en el exilio de los suyos, en París, el 22 de mayo de 1924, en los alrededores del Barrio Latino. Lo abucheaban en sus comienzos, por su aspecto demacrado, frágil. Sería al cumplir 30 años, en 1954, cuando le cambió la suerte actuando en el mítico "Moulin Rouge". Luego, Bruno Coquatrix lo llevó al Olympia, y allí dio a conocer su primer éxito: "Sur ma vie", a la que siguieron "Hier encore", "Bon anniversaire"… Al escucharlo, un gran escritor dijo sobre él: "Antes de Aznavour no estaba bien vista la desesperación".

Era el verano de 1997 cuando lo conocí: "Soy sólo un chanssonier popular, como mis canciones". Apenas sonreía. Parecía cargado de tristeza. Con la melancolía que acentuaba muchas de sus composiciones. "Me pregunta usted por mis primero recuerdos. Las noches en la que esperábamos a mi padre, quien regresaba a las cuatro de la madrugada y despertaba a todo el mundo: nos hacía cantar y bailar. Mi madre protestaba pero en el fondo yo creo que le gustaba aquello". Era la bohemia, que reflejó en otra de sus inolvidables canciones. "Mi hermana se ponía ante su piano, la fiesta duraba hasta el alba. Nací entre la música, bañado en un mar de poesía".

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Hallyday y Aznavour

Conversar con Charles Aznavour era una pura delicia. Nada en él era vulgar. Me reveló los encuentros que serían fundamentales en su vida, en su carrera: Edith Piaf, de quien fue chófer algunas temporadas; Gilbert Bécaud, con quien coincidió en casa de la "Môme". "Activos, incapaces de estarnos quietos, una tarde compusimos "Viens". Él siguió adelante, era más rápido componiendo que yo. Hubo quiénes me atacaron acusándome de imitarlo".

El caso es que Aznavour me sorprendió diciéndome esto: "Yo pensaba ser actor al comprobar que rechazaban mis composiciones, nadie quería cantarlas. Tuve que hacerlo yo: "Los comediantes", "Su juventud"… aunque también Juliette Greco me grabó "Odio los domingos" y Edith Piaf me reprochó más tarde, aunque se la ofrecí a ella primero, que no la estrenara ella antes. Lo hizo después, tras decirme que yo era un pequeño idiota. Cosas mías cantaron también Maurice Chevalier, Fernandel, Eddy Mitchell, Eddie Constantine, Tino Rossi, Charles Trenet, del que también aprendí mucho...".

Conocía la música popular española. Me habló elogiosamente de Miguel de Molina, de Luis Mariano, Raphael, Julio Iglesias… Muchos fueron los dúos que realizó en su larga carrera. En París estrenó un espectáculo que luego recorrió los Estados Unidos, junto a Frank Sinatra, Sammy Davies junior y Liza Minnelli. Rodó medio centenar de películas. Y hasta, me contó, compuso una comedia musical basada en el "Ulises", de James Joyce.

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En agosto de 2017

Tuvo amores diversos, pero se los callaba. Me confió: "De Edith Piaf estuve enamorado… ocho días. Pero fui el único de los que la conocimos en la intimidad que no se acostó con ella". La última de sus mujeres, Ulla, era sueca. Tuvieron varios hijos. Vivían en Suiza, huyendo del agobiante Fisco francés.

¿Varían los temas de sus canciones, Charles?. La respuesta: "Nunca. Sería como cambiar uno mismo". Y al final: ¿Qué tiene como virtud la canción francesa, la que usted ha cultivado siempre?. "Se basa en el texto. La música es sólo un soporte".

Con la desaparición de Charles Aznavour, la orfandad de esa canción romántica que cultivó siempre, es más que evidente.

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