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'Cargar la suerte', de Andrés Calamaro: la sangre del duende

Por discurso, por sustancia y por traje, este disco es el tercer ochomil del artista argentino.

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Cargar la suerte, de Andrés Calamaro | Portada

Utilizar con los discos –y las canciones– de Andrés Calamaro (Buenos Aires, 1961) los comparativos "peor" y/o "mejor" siempre me ha causado respeto. Cantaba el argentino en "El tilín del corazón", de El palacio de las flores: "No se dice es mala una canción, / ¡qué temeridad / acusar de maldad a una canción!" Su discografía es heterogénea, riquísima y libertaria: entre, por ejemplo, Nadie sale vivo de aquí –se olvida que el artista tenía ya una carrera en solitario antes de Los Rodríguez– y Romaphonic Sessions hay una distancia no ya temporal, sino sonora, de unos cuantos puntos cardinales. Sin embargo, en este maremágnum creativo sí que hay, sobre todo, dos anclas, firmísimas, cuasi totémicas, dos álbumes que son miembros nobiliarios en el Olimpo del rock en español: Alta suciedad(1997) y Honestidad brutal (1999). Trabajos posteriores como La lengua popular o Bohemio se paladean –auditivamente, quiere decirse– con gusto, superan el notable, pero adquieren el rol de hermanos menores no por demérito propio, sino porque AASS y HHBB son monumentos/monumentales.

Cargar la suerte (Universal Music, 2018) es, en mi opinión, el tercer ochomil de Calamaro. Por discurso, por sustancia y por traje. Producido por Gustavo Borner, Germán Wiedemer y el propio cantante, el disco suena glorioso, refinado y contundente. Participa una cuadrilla increíble de músicos de Los Ángeles. Escuchamos saxos, violines y hasta trompas. El nombre de la obra nace en el coso: cargar la suerte, según José María de Cossío, "es la acción de torear el diestro de perfil, alargando los brazos y teniendo los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a un lado". En la docena de piezas que componen este álbum, encontramos elegancia, violencia, sangre, vértigo y verdad: algo tienen que ver estos conceptos con la tauromaquia.

En Cargar la suerte hay desconsuelo, hay heridas y cicatrices, hay Blood on the Tracks (Bob Dylan) y una honestidad brutal renovada. "Tengo planes musicales / para los cuarteles invernales", canta en la tercera pieza del álbum, "Cuarteles de invierno". En esta cosecha de canciones, el yo poético y musical responde, doliente, mas no cenizo, y con más años y más historia, a una ruptura inesperada, con una despedida en la que no ha habido ni besos ni abrazos, sino "un balazo" ("Mi ranchera"). A este subgrupo pertenecen, amén de las ya citadas, la ranchera encubierta "Verdades afiladas" y la negra "Tránsito lento". Este póker de canciones es implacable: son disparos a la barriga cargados de belleza. Esto es subjetivísimo, pero, quizá, "Mi ranchera" sea la mejor canción de Calamaro en quince años.

Por otro lado, no sólo de desamor vive el artista: en la bonita y juguetona "Diego Armando Canciones", se plantea un cuestionario que obtiene respuesta en la propia formulación de cada pregunta: "Para qué quiero enemigos / si tengo tantos hermanos? (…) ¿Para qué pisar ortigas / si puedo llegar volando?"; "My Mafia" es una pieza para unos amigos –¿quiénes son "Raúl el gordo y el gallego Fran, (…) Osvaldo, Jorge y Adrián"?–; en la agresiva y directa "Las rimas", en la enérgica "Falso LV" y en la también nutrida y guitarrera "Adán rechaza" encontramos crítica social y política, mensajes satíricos contra lo artificial y lo artificioso, referencias religiosas y desencanto –"La verdad sólo es una palabra"–.

Dice Calamaro que "este es un disco definitivo, ni el último ni el primero". En todos sus álbumes, ya sea en mayor o menor grado, siempre hay algo. Porque Calamaro tiene duende. "No es cuestión de facultad –decía Lorca–, sino de verdadero estilo vivo; es decir, de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto". En Cargar la suerte, este duende se manifiesta como el fénix, resurgiendo, magnífico, de un fuego que el artista tiene "dentro del pecho". Quienes pedían "un nuevo Alta suciedad" o "un nuevo Honestidad brutal" aquí lo tienen.

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