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Yoav Levanon, el genio del piano israelí de sólo 14 años: "Para ser buen pianista hay que ser buena persona"

No es fácil crecer con la etiqueta de “niño prodigio”, pero el último genio de la música israelí vive su fulgurante carrera con total normalidad.

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Yoav Levanon, durante la entrevista. | C.Jordá

Con sólo 14 años Yoav Levanon está construyendo una sólida carrera como pianista jalonada de algunos hitos como haber debutado como solista en el prestigioso Carnegie Hall de Nueva York cuando tenía siete, después de imponerse en una competición internacional. Lejos de ser un éxito aislado a esa actuación han seguido festivales de prestigio, orquestas de primer nivel y éxitos que nos hablan de un artista con una capacidad especial, como plantar el cartel de "no hay billetes" en el Teatro Verdi de Salerno hace unas semanas para un concierto en solitario.

Esta misma semana el jovencísimo Yoav ha debutado en Madrid, en un concierto con los Virtuosos de la Filarmónica de Israel, la prestigiosa orquesta que el gran Zubin Mehta lleva cinco décadas dirigiendo y de la que se retirará en 2019 y que hacía muchos años que no visitaba España.

El concierto, que fue todo un éxito y llenó el aforo y pese a la presencia de los miembros de una orquesta de prestigio el foco fue sobre todo para Yoav, el niño prodigio, que el día después de su éxito se reunió con un grupo de periodistas españoles con un orgulloso embajador de Israel ejerciendo de anfitrión.

Quizá lo más sorprendente de ver a Yoav fuera del escenario sea que transmite exactamente la misma sensación de tranquilidad y control que sentado frente al piano -y que pueden disfrutar en las numeros actuaciones accesibles en YouTube-, algo especialmente chocante cuando, al fin y al cabo, estás frente a un niño. Pero eso sí: un niño que es capaz de decir -y con una sinceridad y una sencillez pasmosas, como algo que en realidad cae por su propio peso-, que "para ser un buen pianista no sólo tienes que ser un buen intérprete, tienes que ser una buena persona y que te guste compartir el arte con los demás".

Curiosamente, el momento en el que Yoav se muestra más orgulloso es cuando nos cuenta que, pese a que su vida está evidentemente enfocada a la música, también hace otras cosas entre las que está "construir drones y uno de ellos vuela a 100 kilómetros por hora, que es realmente rápido".

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Los instrumentos de trabajo de Yoav. | C.Jordá

Junto a Yoav está casi siempre su padre, un hombre de mediana edad que procura llevar parte del peso de la conversación para descargar a su hijo en la medida de lo posible. Shai Levanon, que así se llama, nos habla de cómo siendo aún un bebé mostraba una inclinación especial por la música. Para Shai, que ve su papel como el de "un portero" que debe ayudar a seleccionar qué compromisos acepta y cuales no, el talento de su hijo es, sobre todo, "una gran responsabilidad". En cualquier caso, viéndolos juntos se diría no es el típico padre que empuja a su hijo por un camino por el que éste no quiere avanzar, sino que es más bien al contrario: "Nunca he sentido esto -asegura Yoav refiriéndose a su carrera musical- como algo a lo que me han llevado mis padres, soy yo el que lo he elegido y ellos me apoyan".

"Hay que ensayar lo que necesitas"

Centrándonos más en aspectos musicales, Yoav nos explica que en su repertorio trata de unir piezas de distintos estilos y diferentes compositores -"hay muchos que me gustan, cada uno me aporta una cosa diferente"- y dice que admira y aprende de muchos pianistas actuales y de otras épocas: "Prefiero no citar a ninguno porque seguro que se me olvidaría algún nombre y no me gusta", dice con una sonrisa.

Aún es mayor su sonrisa ante "la pregunta que más me hacen", que es cuánto tiempo dedica a ensayar: "No ensayo un tiempo específico, no miro el reloj, hay que ensayar lo que necesitas cada día". Su padre explica un poco más: "Él trabaja por objetivos, quiere conseguir algo con una pieza y ensaya hasta que lo logra", nos cuenta.

Yoav nos cuenta también que le gusta mucho Madrid y que le encantó el recital que había dado la noche antes y el ambiente en la sala -"el público era increíble"- si bien admite que para él todas las audiencias que ha encontrado han sido buenas: "Lo único que les pido es que estén en silencio", asegura de nuevo con una amplia sonrisa.

Probablemente Yoav será uno de los pianistas más importantes del mundo en sólo unos años, sin embargo, él lo ve todo con la misma perspectiva tranquila con la que toca maravillosa y suavemente las teclas del piano: "Supongo que dentro de un tiempo seré músico, pero lo que es seguro es que me estaré dedicando a algo que me apasione".

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