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Se le paró el reloj para siempre a Lucho Gatica

El rey del bolero ha muerto a los 90 años dejando para la historia de la canción romántica un perenne recuerdo.

Se le paró el reloj para siempre a Lucho Gatica
Los seis mejores boleros de Lucho Gatica

El bolero siempre estará asociado a Lucho Gatica que ha muerto a los 90 años dejando para la historia de la canción romántica un perenne recuerdo. Sólo con citarles el título de "El reloj", de un vasto repertorio, su nombre nunca caerá en el olvido. Suele en el mundo musical adjudicar al mejor de sus intérpretes de cada género la consideración simbólica de ser el rey. Sin corona, sin manto de armiño, sin reinado específico, pero tópico comúnmente aceptado. Y este chileno universal ha paseado orgullosamente tal acepción: "el rey del bolero". Para siempre.

Aunque hemos de precisar, si somos rigurosos con su trayectoria artística, que su época de oro fue la de los años 50 y parte de los 60. Luego, Lucho Gatica ya no fue el mismo, su voz perdió fuerza y calidad poco a poco, consecuencia seguramente de una operación de garganta, lo que él quiso disimular en adelante porque su vocación y sus deseos de continuar cantando le impedían darse por vencido y retirarse. Y así, todavía en 2014 publicaba un disco, que pretendía ser antológico, como un testamento: Historia de un amor. Y ahí, la edad le traicionaba. En algunas de sus últimas apariciones televisivas venía utilizando el playback, algo habitual en esos medios, sólo que él utilizaba los de grabaciones muy antiguas.

Conocí a Lucho Gatica. El chileno viajó a España en bastantes ocasiones y en algunas de ellas aproveché para entrevistarlo. En su postrera visita almorcé con él, mostrándose como siempre: afectuoso, simpático. Cuidaba mucho su físico y disimulaba bien su edad, con una tez algo aceitunada, tersa aún. Su peinado de siempre. Porque Lucho mantuvo siempre un mismo estilo en todo. Era el clásico romántico en su manera de ser y de cantar.

Había nacido en Rancagua, Chile, en una familia de siete hermanos cuyo primogénito, Arturo, era intérprete folclórico. A Luis Enrique Gatica Silva, que así se llamaba, sus padres le instaron a que estudiara algo práctico, convirtiéndose en técnico de laboratorio dental, profesión que jamás ejercería. Cantaba desde los diez años en una emisora de radio local y llegó a "hacer la segunda voz" en algunas grabaciones de su citado hermano. En esos años lo anunciaban como Luis Gatica. Su compatriota, el locutor Iván Silva, lo bautizó artísticamente como Lucho. Al fin y al cabo con su mismo nombre tal y como familiarmente se utiliza en su tierra.

Sería luego otro locutor chileno, el formidable y recordado Raúl Matas (que en España dejó en algunas temporadas muestras de su gran talento ante los micrófonos) quien convirtió a Lucho Gatica en la figura de su programa "Las estrellas se reúnen". Eso sucedía en 1950. En Radio Minería, la más potente de las ondas chilenas, su voz conquistó a la audiencia, gracias a la dulzura de sus interpretaciones, la belleza de su voz cristalina. Sus versiones de "Nosotros" y "Contigo en la distancia" serían muy difundidas.

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En 1953 viajó a Europa, grabó en Londres "Bésame mucho" con la orquesta de Roberto Ínglez. Y cuando regresó a Chile al año siguiente le programaron una gira por Brasil, Perú, Uruguay, Argentina, Venezuela y México. Y a partir de entonces, Lucho Gatica ya fue la voz indiscutible del mejor bolero. Y es por entonces, en 1956 cuando Roberto Cantoral estrenó un bolero de su caletre acompañado por Los Tres Caballeros, titulado "El reloj". Con buena aceptación. Pero la versión que seguidamente hizo Lucho Gatica fue considerada como la mejor, cual si la hubiera dado a conocer el primero. A ella siguió, del mismo autor, "La barca". Dos títulos que consagraron a Lucho Gatica y que nunca borró de su repertorio.

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Lucho Gatica se convirtió en un fenómeno artístico y social. Las mujeres lo asediaban. No era muy alto, tampoco un bello galán, salvo con unos ojos bonitos de cierto corte asiático. Pero más que con su mirada, obviamente conquistaba con su hermosa voz. Mario Vargas Llosa rememoraba en "La tía Julia y el escribidor" aquel fervor femenino hacia el intérprete chileno. Al que en sus círculos íntimos llamaban Pitico. Estudiosos de la fonética se interesaron por su manera de cantar, uno de los cuáles llegó a formular lo siguiente: "El engolamiento de la voz de Gatica no se produce al azar, sino a través de la pronunciación de las vocales. Su manera de utilizar la 'a', que en el sistema vocálico del español es abierta y clara, en la garganta de Lucho Gatica es una vocal diptongada y oscura cuyos gemidos prefiguran un momento de la estación preorgásmica".

Curioso lenguaje doctoral el antedicho, muy en concreto el referido a la frase final. Sin comentarios.

Largo historial de romances

Lucho Gatica vino por vez primera a España en 1959. Su representante, Pepe Vaquero, el mismo de Carmen Sevilla, presentó a ambos y trató de utilizarlos para una campaña publicitaria que les fuera conveniente a los dos. Resultó que el chileno se prendó de los encantos de la sevillana, quien ya roneaba con Augusto Algueró. Lo que imposibilitó que Lucho pudiera conquistarla. Un año más tarde, él matrimoniaba con la actriz y cantante mexicana Mapita Cortés. Montaron juntos un buen espectáculo musical en una cadena de televisión en los Estados Unidos y ella se retiró para cuidar del marido, los hijos que fueron llegando y el hogar. Formaron una deliciosa pareja, pero las infidelidades del cantante terminaron con el divorcio. Lucho se casó un par de veces más, aparte de mantener un montón de romances.

Llegada la década de los 70, cuando había vendido la ingente cantidad de veintidós millones de discos, se negó a retirarse a pesar de que, poco a poco, el deterioro de su voz iba minando su categoría de cantante. Continuó viviendo de las rentas, como suele decirse. Rentas de la fama de su nombre, a pesar de que continuaran contratándolo a buen precio. Su cuesta abajo era advertida en sus actuaciones en directo. Nos quedamos con el recuerdo, por ejemplo, del disco aparecido en 2002 50 canciones inmortales. Vivía por esa época en Los Ángeles, California. Allí estaba lo mejor del bolero en la voz de su mejor intérprete.

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