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Se cumplen 50 años de "Je t'aime… moi non plus", la canción más erótica

Cuando los celosos defensores de las buenas costumbres se percataron de los jadeos que expelía la intérprete pusieron el grito en el cielo.

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Hace medio siglo que una melodía francesa armó un considerable escándalo, al menos en una España todavía regida por la censura franquista implacable en asuntos que tuvieran que ver, entre otras cuestiones prohibidas, con el sexo, con la moral por aquellas calendas imperantes. Era el año 1969. Lo sorprendente es que el disco que contenía esa canción "Je t´aime moi non plus", con la voz de Jane Birkin, comenzó a radiarse sin dificultad alguna y, cuando los celosos defensores de las buenas costumbres se percataron de los jadeos que expelía la intérprete pusieron el grito en el cielo y procuraron que los guardianes del orden requisaran en todas las tiendas de discos semejante pieza en microsurco.

Pocas pudieron recoger, pues miles de radioyentes ya habían conseguido adquirir uno o más ejemplares, que por ejemplo, en el rastro madrileño se vendían bajo cuerda a un precio superior al del mercado ordinario. Un gol en toda la escuadra a aquella absurda y estúpida censura. Pero contemos de qué manera se compuso aquel tema, qué peripecias rodearon su grabación y las razones por las que el disco se vendió semanas antes de que lo prohibieran en nuestro país.

Tuve ocasión de entrevistar en un par de ocasiones a Jane Birkin, la primera cuando vino a Madrid a rodar La miel, una película de Pedro Masó, donde por cierto conocí a un debutante Jorge Sanz que tenía nueve años. Y en Bará (Tarragona) dialogué con la actriz y cantante británica, residente en Francia, por segunda vez. Fue cuando me enteré de cómo se gestó la dichosa y supuestamente inmoral "Je t´aime...". Recobro la confesión de la Birkin: "La canción la compuso Serge Gainsbourg para Brigitte Bardot, pero por entonces ella tenía problemas personales con su esposo y dijo a Serge que no consideraba el momento más oportuno para que ella grabase tal canción. Insistió él, consiguiendo que Brigitte la registrara en disco, aunque finalmente no salió a la venta por decisión siempre de ella. Pasó un año y Mireille Darc quiso estrenarla, y en esa situación, sugerí a Serge que por qué no probaba mi voz. Me obligó a ensayarla, en un tono más alto que el de la Bardot".

Digamos que Jane Birkin convivía entonces con Serge Gainsbourg, uno de los autores de canciones etiquetados como malditos, raros, de la música gala. Bromeé con Jane Birkin, recordándole que se había dicho que "Je t´aime..." la ensayaban metidos en la cama. Y sonriendo, la Birkin retrucó: "No, claro que no… La grabamos a la primera en el estudio. Yo estaba muy nerviosa, lo reconozco. Tanto es así que le dije a Serge que la grabásemos de nuevo, pero me dijo muy convencido: Lo has hecho bien, cariño".

Nunca más repitió Jane Birkin un éxito musical como aquel. Ni quizás Gainsbourg tampoco, pese a su notoriedad. Se le acusó de haberse inspirado en "Con su blanca palidez", de los Procol Harum. Vendieron miles y miles de copias en medio mundo. El escándalo no provenía tanto por la letra en sí, sino de los jadeos de la cantante, los suspiros, las ensoñaciones de Jane Birkin, que luego en el cine también mostraría su lado erótico en películas tales como La piscina, junto a Alain Delon y Maurice Ronet, y Blow-up, donde apareció en pelota picada. La letra de "Je t´aime...", rezaba así, traducida a nuestro idioma: "

Te amo (yo tampoco) .
Te quiero, te quiero.
¡Oh, sí, te quiero.
Yo no más
¡oh, mi amor!.
Tú eres la ola,
yo la isla desnuda.
Tú vas, vas y vienes.
Entre mis riñones / tú vas y vienes...

Y paso a contarles qué pasó al distribuirse en España por la firma Fonogram, que, como era habitual, solicitó los oportunos permisos al Ministerio de Información y Turismo para editar el disco. Y el funcionario, muy probablemente, no llegó a escucharlo; es decir, no supo de esos jadeos libidinosos de la cantante. Se limitó a leer el texto, que le pareció bien, inocente, incluso. Y dio el visto bueno, con el sello correspondiente. Lo que ocurrió después es que en pocas semanas se vendieron cien mil ejemplares. Vino pronto la protesta de algunos ciudadanos, como les decía al principio, y el Ministro ordenó acto seguido la orden de prohibir la venta, retirando unos pocos ejemplares que pudieron encontrar. Cuando si todavía quedaban alguno en las tiendas, sus vendedores los guardaban, como si fueran un pequeño tesoro. Lo prohibido siempre se valora. Temieron los directivos de Fonogram ser multados, y recurrieron a una treta: disculpándose ante el Ministerio, le informaron de que iban a editar una antología de música popular española, lo que a los rectores del turismo les pareció de perlas. Y no hubo siquiera advertencia alguna. Lo que sí imaginamos es que al funcionario despistado que autorizó al disco de marras le caería una buena.

Han transcurrido cincuenta años de aquellos. Y si los jóvenes de hoy nos leen y buscan en YouTube el disco en cuestión, se preguntarán si la cosa era para tanto. Pero así sucedía la vida española en aquel histórico 1969.

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